Deportes
Georgie Welcome vive momentos de desesperación
El hondureño está ansioso por jugar y aportar goles para el beneficio rojinegro, pero aún espera su pase internacional
GUADALAJARA, JALISCO (27/JUL/2011).- Considerando que el gol es el alimento del futbol y el sustento en la formación titular de los delanteros, para el hondureño Georgie Welcome su situación está al límite de un estado crítico, ya que como ofensivo del Atlas no ha podido jugar por la falta de su pase internacional y por ende nulificada su aportación al equipo que lo contrató como refuerzo y que perdió en su presentación ante su gente 1-0 en la fecha uno del Apertura 2011.
“Me preocupa… Vengo aquí para jugar… Mi trabajo es el gol si no puedo apoyar me desespero”, fueron las frases cortas, como las que expresa un sentenciado, en un ambiente de mea culpa delante del paredón con el símbolo del equipo que lleva 60 años sin un campeonato.
El espigado jugador, contenía la presión en sus dedos entrelazados con fuerza, al tiempo que contestaba con una calma que distaba del contenido de sus palabras, “los delanteros viven de goles… sé cuál es mi responsabilidad y para qué me contrataron, por eso me preocupa no poder aportar”.
El hondureño vivió desde la tribuna el partido pasado que Atlas perdió por la mínima diferencia, “con desesperación”, consideró que al equipo le faltó un poco la confianza que había mostrado en la pretemporada, “no salieron las cosas pero espero que llegue pronto mi pase (internacional), que pueda apoyar y que todo el plantel nos podamos recuperar en el próximo partido”.
La misma sensación de preocupación reinó en otros miembros del plantel, así lo expresó Gastón Puerari, que si bien no tuvo problemas con su pase y alcanzó a alinear en el primer partido, aunque considera que su mejor nivel no pudo expresarlo en la cancha.
Fin de semana de reflexión y desconcierto, fue el resumen de sus últimas horas para el uruguayo. “Pasé un mal fin de semana, me preguntaba a cada rato por qué (el resultado), pero tuve que quedarme tranquilo pensando en que estamos fuertes, que debemos estar tranquilos pensando en el próximo partido”.
Un juego inesperado, como de quién hace una cascarita “tras un sábado de asado”. Un partido tan negativo que no puede repetirse, “a uno que lo traen de refuerzo siente que debe tener mayor eficiencia y por supuesto que pesa un resultado así”.
Como quien despierta en una pesadilla, así terminó el sueño de pretemporada de Puerari, “fue algo que no esperábamos sólo teníamos el pensamiento y la confianza de que habíamos hecho una buena pretemporada y que todo saldría bien, no imaginamos que el físico me afectaría, no es normal pero suele suceder… me sentí como nunca, como si fuera mi primer partido, muy raro, no sé si fueron los nervios pero no puede volver a pasar”.
Los Rojinegros tendrán actividad abierta al público hoy y mañana el técnico Rubén Omar Romano terminará por definir ese nuevo comienzo de cero con una estrategia que será a puerta cerrada.
Lo mejor del Atlas
En contraste con la voz del jugador hondureño o el malestar del uruguayo, minutos previos a su entrevista, la energía, alegría, vitalidad, gritos y euforia desplegaba la nueva sangre rojinegra: infantiles y juveniles aficionados al futbol que siguieron con entusiasmo el entrenamiento de los Zorros.
Las vacaciones escolares se ven reflejadas en la gradería principal del Club Colomos, para confirmar esa frase que dice que lo que mejor que tiene Atlas cada temporada es su afición.
La derrota del partido ante Puebla era pasado para la afición, y si estaba en la memoria, la amnesia fue la euforia de poder presenciar el entrenamiento de sus ídolos.
Un trote ligero, un poco de esquema técnico y táctico en el que el plantel fue separado en dos escuadras teniendo la media cancha como punto estratégico de una actividad en la que debían mantener el balón de su lado, fue lo más divertido de la sesión para los aficionados quienes vitorearon los goles, lanzaron gritos de emoción en los robos de balón e incluso, aplaudieron la salida de Arturo Paganoni quien no entrenó por lesión y minutos antes de terminar el entrenamiento bajó al vestidor con la rodilla derecha envuelta en bolsas de hielo.
Pacientes, los aficionados, en su mayoría infantiles y juveniles esperaron la salida de sus jugadores divididos entre el estacionamiento y los vestidores por un pasillo y tres altos canceles que se abrían con emoción para quienes buscaban en sus playeras las firmas de los jugadores en quienes han puesto su confianza una temporada más para despertar el sueño de un campeonato entre la nueva generación de aficionados que no saben de pesadillas por resultados pasados.
“Me preocupa… Vengo aquí para jugar… Mi trabajo es el gol si no puedo apoyar me desespero”, fueron las frases cortas, como las que expresa un sentenciado, en un ambiente de mea culpa delante del paredón con el símbolo del equipo que lleva 60 años sin un campeonato.
El espigado jugador, contenía la presión en sus dedos entrelazados con fuerza, al tiempo que contestaba con una calma que distaba del contenido de sus palabras, “los delanteros viven de goles… sé cuál es mi responsabilidad y para qué me contrataron, por eso me preocupa no poder aportar”.
El hondureño vivió desde la tribuna el partido pasado que Atlas perdió por la mínima diferencia, “con desesperación”, consideró que al equipo le faltó un poco la confianza que había mostrado en la pretemporada, “no salieron las cosas pero espero que llegue pronto mi pase (internacional), que pueda apoyar y que todo el plantel nos podamos recuperar en el próximo partido”.
La misma sensación de preocupación reinó en otros miembros del plantel, así lo expresó Gastón Puerari, que si bien no tuvo problemas con su pase y alcanzó a alinear en el primer partido, aunque considera que su mejor nivel no pudo expresarlo en la cancha.
Fin de semana de reflexión y desconcierto, fue el resumen de sus últimas horas para el uruguayo. “Pasé un mal fin de semana, me preguntaba a cada rato por qué (el resultado), pero tuve que quedarme tranquilo pensando en que estamos fuertes, que debemos estar tranquilos pensando en el próximo partido”.
Un juego inesperado, como de quién hace una cascarita “tras un sábado de asado”. Un partido tan negativo que no puede repetirse, “a uno que lo traen de refuerzo siente que debe tener mayor eficiencia y por supuesto que pesa un resultado así”.
Como quien despierta en una pesadilla, así terminó el sueño de pretemporada de Puerari, “fue algo que no esperábamos sólo teníamos el pensamiento y la confianza de que habíamos hecho una buena pretemporada y que todo saldría bien, no imaginamos que el físico me afectaría, no es normal pero suele suceder… me sentí como nunca, como si fuera mi primer partido, muy raro, no sé si fueron los nervios pero no puede volver a pasar”.
Los Rojinegros tendrán actividad abierta al público hoy y mañana el técnico Rubén Omar Romano terminará por definir ese nuevo comienzo de cero con una estrategia que será a puerta cerrada.
Lo mejor del Atlas
En contraste con la voz del jugador hondureño o el malestar del uruguayo, minutos previos a su entrevista, la energía, alegría, vitalidad, gritos y euforia desplegaba la nueva sangre rojinegra: infantiles y juveniles aficionados al futbol que siguieron con entusiasmo el entrenamiento de los Zorros.
Las vacaciones escolares se ven reflejadas en la gradería principal del Club Colomos, para confirmar esa frase que dice que lo que mejor que tiene Atlas cada temporada es su afición.
La derrota del partido ante Puebla era pasado para la afición, y si estaba en la memoria, la amnesia fue la euforia de poder presenciar el entrenamiento de sus ídolos.
Un trote ligero, un poco de esquema técnico y táctico en el que el plantel fue separado en dos escuadras teniendo la media cancha como punto estratégico de una actividad en la que debían mantener el balón de su lado, fue lo más divertido de la sesión para los aficionados quienes vitorearon los goles, lanzaron gritos de emoción en los robos de balón e incluso, aplaudieron la salida de Arturo Paganoni quien no entrenó por lesión y minutos antes de terminar el entrenamiento bajó al vestidor con la rodilla derecha envuelta en bolsas de hielo.
Pacientes, los aficionados, en su mayoría infantiles y juveniles esperaron la salida de sus jugadores divididos entre el estacionamiento y los vestidores por un pasillo y tres altos canceles que se abrían con emoción para quienes buscaban en sus playeras las firmas de los jugadores en quienes han puesto su confianza una temporada más para despertar el sueño de un campeonato entre la nueva generación de aficionados que no saben de pesadillas por resultados pasados.