Cultura
Un muro para experimentar
La puesta en escena, que dirige Rafael Carlín, estará en cartelera los sábados y domingos hasta el 3 de abril
GUADALAJARA, JALISCO (21/MAR/2011).- El incienso recibe al espectador en el Teatro Experimental, dice que “somos entes en constante arrepentimiento”. Después en escena, dos hombres se perturban los cuerpos al son de delirios procedentes de unas bocinas, capaces de apagar la luz y volverla a encender. Tres mujeres se afligen, y ella, la que levita y gira sobre su propio eje, dice sin decir, que el cuerpo es un muro de lamentaciones que carga las culpas de un pasado acelerado.
Jessica Estrada es una estilista, de 21 años, que ayer obligó a su novio a ir por primera vez a la puesta en escena que dirige Rafael Carlín. Ella no sabe nada de danza, pero salió contenta, emocionada y con muchas dudas. “Es la primera vez que vengo, y me queda la duda de qué es el Muro de las Lamentaciones. Pero lo que más me gustó fue ver que los bailarines te pueden comunicar muchas cosas sin decir ni una sola palabra”.
Basada en textos de Gustavo Adolfo Bécquer, El muro, danza de fe es una propuesta contemporánea que contó con una beca del Consejo Estatal para las Cultura y las Artes (CECA) para su producción.
Con la participación de cinco ejecutantes, la obra está conformada por cuatro momentos coreográficos: Camino de niebla, Fe de viento y fuego, Templo de piedra y Puerto de luz.
“El muro somos nosotros. Es la agonía de atraparnos en nosotros mismos. Es arrepentirse, es presentar una ofrenda, es también tener fe. Es una pieza que invita a nuevos públicos, es una buena combinación entre bailarines, música e iluminación. Es una propuesta completa para experimentar el mundo de la danza contemporánea” dice el director, quien también es uno de los bailarines que transportan al espectador consigo mismo.
La parte musical estuvo a cargo del compositor Miguel Ruiz.
Y al final, también está la luz que se coge entre las manos mientras los cuerpos transmutan. El viento catalizador que lava las consciencias, los pecados enterrados en las sienes que martillan una y otra vez; el colapso. “Somos un muro que no existe, una danza que experimenta” es la reflexión del montaje de Rafael Carlín.
El muro, danza de fe / sábados y domingos hasta el 3 de abril / Teatro Experiemental de Jalisco / Entrada general 80 pesos
Jessica Estrada es una estilista, de 21 años, que ayer obligó a su novio a ir por primera vez a la puesta en escena que dirige Rafael Carlín. Ella no sabe nada de danza, pero salió contenta, emocionada y con muchas dudas. “Es la primera vez que vengo, y me queda la duda de qué es el Muro de las Lamentaciones. Pero lo que más me gustó fue ver que los bailarines te pueden comunicar muchas cosas sin decir ni una sola palabra”.
Basada en textos de Gustavo Adolfo Bécquer, El muro, danza de fe es una propuesta contemporánea que contó con una beca del Consejo Estatal para las Cultura y las Artes (CECA) para su producción.
Con la participación de cinco ejecutantes, la obra está conformada por cuatro momentos coreográficos: Camino de niebla, Fe de viento y fuego, Templo de piedra y Puerto de luz.
“El muro somos nosotros. Es la agonía de atraparnos en nosotros mismos. Es arrepentirse, es presentar una ofrenda, es también tener fe. Es una pieza que invita a nuevos públicos, es una buena combinación entre bailarines, música e iluminación. Es una propuesta completa para experimentar el mundo de la danza contemporánea” dice el director, quien también es uno de los bailarines que transportan al espectador consigo mismo.
La parte musical estuvo a cargo del compositor Miguel Ruiz.
Y al final, también está la luz que se coge entre las manos mientras los cuerpos transmutan. El viento catalizador que lava las consciencias, los pecados enterrados en las sienes que martillan una y otra vez; el colapso. “Somos un muro que no existe, una danza que experimenta” es la reflexión del montaje de Rafael Carlín.
El muro, danza de fe / sábados y domingos hasta el 3 de abril / Teatro Experiemental de Jalisco / Entrada general 80 pesos