Cultura
Presentan ''Precipitación'' en Casa Inverso
Con motivo del Segundo Encuentro de Teatro de Pequeño Formato Caín 2013, espectadores son partícipes de una mágica puesta en escena
GUADALAJARA, JALISCO (05/JUN/2013).- La historia de Isabel Rodríguez está ligada con la lluvia, una de las cosas que más disfruta.
Los días más significativos de su vida se relacionan con el respiro que las nubes dan a la tierra, "un regalo para la gente melancólica" y el fenómeno que desata la venta irrefrenable de anticonceptivos.
La lluvia acompañó el nacimiento de Isabel, en 1991, y la muerte de su padre, Raúl Rodríguez, en 1997.
Cuando se acuerda de su papá, Isabel piensa en el agua y la lluvia, en las gotas de agua estampándose en el pavimento.
"Precipitación", obra en proceso de Isabel Rodríguez, se presentó en Casa Inverso a las 20:30 horas como parte de la programación del Segundo Encuentro de Teatro de Pequeño Formato Caín 2013. Al principio de la puesta en escena, mientras un hombre sentado en una silla dirigía una luz hacía las hojas cerradas de una puerta, la veintena de asistentes, recargados contra la pared o sentados en el suelo, reflejaban una sensación de desconcierto.
De la puerta que comunicaba el vestíbulo con la pieza, salió Isabel Rodríguez, quien, sin despegarse del umbral, ofreció una ligera disertación sobre la lluvia. Después invitó a la concurrencia a ingresar a un cuarto caluroso y apenas iluminado por dos débiles focos. Del techo de la sofocante habitación pendían pequeñas bolsas de plástico transparentes, hinchadas de agua. La pared del fondo estaba forrada de ingentes hojas de papel tamaño carta.
Fundida en un personaje-narrador, Isabel recordó que cuando llueve piensa en su padre. Su memoria se retrotrae al momento en que la enseñó a hacer aviones de papel que volaban desde la azotea y se estrellaban en el suelo.
De un pequeño mueble de madera laqueada, Isabel sacó ropa, hojas, pinturas, spray; se convirtió en su madre, en su tía Ana Rosa, "La Negra" -su padre tenía seis hermanas-, en su hermana Jessica. Isabel cantó, bailó, se pintó flacos bigotes; reflexionó sobre las lecturas y los apintes de su padre; exhumó el pasado. La creación de su propia memoria echó mano de fotografías, cartas, ropa vieja. Y los asistentes quedaron sobrecogidos.
Al final de la presentación, Isabel Rodríguez invitó al público a discutir sobre la obra. En la charla, los asistentes le agradecieron a la creadora que compartiera una historia tan íntima. Rodríguez resaltó que lo más difícil del proceso creativo fue tomar distancia en algunos momentos de la historia.
EL INFORMADOR / GONZALO JÁUREGUI
Los días más significativos de su vida se relacionan con el respiro que las nubes dan a la tierra, "un regalo para la gente melancólica" y el fenómeno que desata la venta irrefrenable de anticonceptivos.
La lluvia acompañó el nacimiento de Isabel, en 1991, y la muerte de su padre, Raúl Rodríguez, en 1997.
Cuando se acuerda de su papá, Isabel piensa en el agua y la lluvia, en las gotas de agua estampándose en el pavimento.
"Precipitación", obra en proceso de Isabel Rodríguez, se presentó en Casa Inverso a las 20:30 horas como parte de la programación del Segundo Encuentro de Teatro de Pequeño Formato Caín 2013. Al principio de la puesta en escena, mientras un hombre sentado en una silla dirigía una luz hacía las hojas cerradas de una puerta, la veintena de asistentes, recargados contra la pared o sentados en el suelo, reflejaban una sensación de desconcierto.
De la puerta que comunicaba el vestíbulo con la pieza, salió Isabel Rodríguez, quien, sin despegarse del umbral, ofreció una ligera disertación sobre la lluvia. Después invitó a la concurrencia a ingresar a un cuarto caluroso y apenas iluminado por dos débiles focos. Del techo de la sofocante habitación pendían pequeñas bolsas de plástico transparentes, hinchadas de agua. La pared del fondo estaba forrada de ingentes hojas de papel tamaño carta.
Fundida en un personaje-narrador, Isabel recordó que cuando llueve piensa en su padre. Su memoria se retrotrae al momento en que la enseñó a hacer aviones de papel que volaban desde la azotea y se estrellaban en el suelo.
De un pequeño mueble de madera laqueada, Isabel sacó ropa, hojas, pinturas, spray; se convirtió en su madre, en su tía Ana Rosa, "La Negra" -su padre tenía seis hermanas-, en su hermana Jessica. Isabel cantó, bailó, se pintó flacos bigotes; reflexionó sobre las lecturas y los apintes de su padre; exhumó el pasado. La creación de su propia memoria echó mano de fotografías, cartas, ropa vieja. Y los asistentes quedaron sobrecogidos.
Al final de la presentación, Isabel Rodríguez invitó al público a discutir sobre la obra. En la charla, los asistentes le agradecieron a la creadora que compartiera una historia tan íntima. Rodríguez resaltó que lo más difícil del proceso creativo fue tomar distancia en algunos momentos de la historia.
EL INFORMADOR / GONZALO JÁUREGUI