Cultura

Paolino Di Vece hace mucho con poco

Asegura que ''el contexto dicta la arquitectura que hacemos''

GUADALAJARA, JALISCO (15/OCT/2011).- Con la Capilla del Lago, Paolino Di Vece Roux ganó la medalla de oro en la séptima Bienal de Arquitectura Jalisciense celebrada el pasado 7 de octubre. Sorprendido, el arquitecto señala no haber esperado que “un proyecto tan pequeño y tan sencillo pudiera ganar”.

Con ello se hace patente la máxima del célebre Mies van der Rohe, que sostiene que en arquitectura menos es más y Di Vece lo explica: “Hay proyectos que conmueven porque son más una poesía que un discurso, y creo que en este caso esa conmoción que puede causar el tema de una capilla en el emplazamiento que se hizo, puede ser mucho más potente y conmovedor que el más grande, bien resuelto y diseñado de los proyectos”.

La pequeña iglesia que ganó la máxima presea de la justa arquitectónica fue construida en 2010, en un fraccionamiento en Zamora, Michoacán, localizado en la periferia de dicha ciudad. “Es un coto que hasta cierto punto parece convencional, uno más, pero empieza a ser interesante cuando el cliente cede un poco del beneficio económico y propone invertir los porcentajes y darle más áreas verdes y de esparcimiento, que áreas construibles y vendibles”. Con esta apuesta, el fraccionamiento adquiere “un ambiente y un carácter especial donde predomina lo verde sobre la arquitectura”, y para el arquitecto esto fue fundamental en su diseño.

“Después nos vimos enfrentados al tema de que en Zamora no hay infraestructura para sacar el agua de un fraccionamiento de este tipo”. Este problema a solucionar, de alguna manera dictó el plan maestro del lugar, ya que la respuesta fue hacer plantas de tratamiento para procesar el agua, misma que requiere de almacenaje. De esta manera nacen unos lagos artificiales “que son vasos reguladores; primero reciclas el agua que estás utilizando, la tratas y la viertes en el lago, y además estás captando el agua pluvial”. Lo anterior, inserto en un sistema de riego por canales perimetrales, trajo la solución para el drenaje y generó la planta urbana del centro residencial.

“Con la oportunidad de los tres lagos, ya entrados en el proceso de diseño –describe el arquitecto– les dimos temas diferentes: uno es el acceso, en medio está el de la capilla que toma el papel protagónico, y el tercero es el de la casa club en la parte final”.

La capilla

El lago hace las veces de espejo para la capilla que “está suficientemente lejos de la entrada, como para no invadir su privacidad” y cuenta con un camino de llegada cuyo recorrido “te ayuda a prepararte mentalmente para entrar”. Di Vece explica que “cuando ya recorriste el 70% de la longitud del fraccionamiento, ya tuviste una vista breve de la capilla reflejada sobre el agua”.

Los estacionamientos se encuentran a un mínimo de 200 metros de distancia y el acceso es mediante un puente que forma parte de “la experiencia de cómo la vives”. Así, entre áreas verdes y el estero, cuando se entra al recinto “ya dejaste atrás tu vida cotidiana y estar en este lugar se convierte en algo especial”.

El pequeño edificio se levantó con “los elementos más sencillos de composición que un arquitecto puede utilizar, que son el concreto y el acero”. La capilla está hecha de tubos esbeltos de metal, con 10 centímetros de diámetro anclados en una base de concreto, que soportan un techo de extrema ligereza. Y de su base, surgen los tubos de manera aleatoria para detener una losa que “vuela” y que decididamente prescinde de muros o cualquier tipo de piel.

“Envolverla en cristal habría sido catastrófico, mejor hicimos que este techo volara más y que protegiera lo más posible. Las bancas remetidas lo suficiente y un muro perimetral que no invade. Así no se compromete la idea o el concepto arquitectónico”.

Sumado a lo anterior, el fraccionamiento –cuya proporción es rectangular, con más fondo que frente– reglamentó no construir casas en el sentido longitudinal. “Solamente los tres eventos: el ingreso, la capilla y la casa club para que en ningún momento se invada la privacidad de la capilla. Y las casas serán perimetrales viendo Norte y Sur con un área de transición o colchón de amortiguamiento verde entre éstas y la capilla”.

El lenguaje innovador del centro residencial en su conjunto “es un tema que se puede dar en cualquier parte de México”, señala Di Vece. “La capilla ha sido muy bien recibida y creo que esto se logra cuando en arquitectura las propuestas no son pretenciosas y cuando no están fuera del sentido común”.

Ahondando, el ganador de la medalla de oro con este proyecto, agrega que cuando no hay excesos, “la gente está dispuesta a escuchar y a darse la oportunidad de ver cosas nuevas”.

El contexto como clave


Para Di Vece, nacido en Roma pero radicado en Guadalajara desde su temprana infancia, “el contexto es el que dicta la arquitectura que hacemos”. En el caso de este proyecto ganador “la respuesta fue muy clara y contundente a lo que sucede fuera de la capilla, pero también lo hacemos en nuestra arquitectura residencial”. Está circunscrita a límites previsibles las más de las veces, es decir, “casas que están rodeadas de más casas como la que vas a hacer”, se sujeta a un contexto “anónimo o poco provocativo” y por ello, este arquitecto ha apostado por generar uno interior. “O sea, si no tienes un contexto contundente en el exterior, entonces lo hacemos en el interior”.

Relacionándolo con el patio mexicano colonial donde se da la vida dentro de un hogar, Di Vece lo ha convertido –dadas las dimensiones de los terrenos de construcción actuales– en pequeños espacios techados de manera traslúcida o con mecanismos corredizos en los que planta un árbol o una fuente. “Ésa ha sido para mí la solución contextual de la arquitectura que queremos hacer en esta oficina”, subraya. En tanto que respecto al lenguaje, advierte que lo suyo es “hacer muy poco y decir mucho, entre menos esfuerzo hagas y entre menos elementos utilices, más claro será el mensaje”.

Ana Guerrerosantos

PERFIL
Creador que comparte


Paolino Di Vece (1963) estudió Arquitectura en la Universidad de Houston y su maestría en la Universidad de Siracusa en Florencia, Italia. A la fecha ha ganado tres medallas de plata en la Bienal de Arquitectura Jalisciense y tres menciones honoríficas, a lo que ahora suma una medalla de oro. Actualmente imparte el taller de Composición en la carrera de Arquitectura del TEC de Monterrey, campus Guadalajara.

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