Cultura
Machaidze cautivó con la locura de Lucía de Lammermoor
La soprano Nino Machidze cautivó al público con una soberbia interpretación del papel protagonista de Lucía de Lammermoor
VALENCIA, ESPAÑA.- La soprano Nino Machidze cautivó al público con una soberbia interpretación del papel protagonista de Lucía de Lammermoor, la ópera de Gaetano Donizetti representada hoy en el Palau de les Arts de Valencia (este).
La cantante georgiana, además de dotes dramáticas, exhibió en su debut en Valencia una voz dúctil, llena de matices, segura en los agudos y con agilidad para acometer el exigente papel de Lucía, atrapada entre el odio de dos familias enfrentadas y la traición a su amado Edgardo, unas circunstancias que le conducirán a la locura y la muerte.
En un melodrama romántico, considerado como una de las obras más emblemáticas del belcantismo en la ópera, Nino Machaidze supo combinar la ternura, la pasión, la desdicha y el drama personal de Lucía de Lammemoor, sobre todo en la escena de la locura del tercer acto ("Arde el incienso.."), que alcanzó momentos de lirismo y de gran fuerza dramática, en un aria en la que mantiene un encantador diálogo con la flauta.
Junto a ella estuvo un Francesco Meli igualmente brillante, con voz aterciopelada y belleza en los agudos, que encarnó a un Edgardo osado, tierno y despechado, que finalmente sucumbe destrozado al comprobar la fidelidad que, pese a todas las adversidades, le ha mantenido Lucía hasta el final.
En su segunda ópera en la que interviene en el Palau de les Arts, el tenor italiano puso sentimiento y una voz modulada y bien timbrada, en especial en "la bella alma enamorada" el aria con la que concluye el tercer y último acto.
A destacar también el equilibrio exhibido por todos el elenco vocal, muy homogéneo, con todos los cantantes a gran altura, destacando entre ellos el barítono Vladimir Stoyanov (en el papel del intrigante Enrico, hermano de Lucía) y el bajo Diógenes Randes (el conciliador Raimondo).
Karel Mark Chichon realizó una dirección musical efectiva, llevando ajustada y con precisión a la Orquesta de la Comunitat Valenciana, en una actuación notable que fue muy aplaudida por un público que mostró vehementemente su satisfacción por este primer título belcantista que el Palau de les Arts ha programado desde su inauguración, hace cuatro temporadas.
El Coro de la Generalitat, dirigido por Francesc Perales, resolvió con la eficacia habitual un obra en la que tienen pasajes de gran belleza en cada uno de los actos.
Con una producción del Gran Teatro de Ginebra y del Maggio Musical Fiorentino que data de 1996, Graham Vick firma una puesta en escena que combina aspectos tradicionales con un planteamiento cinematográfico, en el que el uso de paneles móviles permite encuadrar las escenas para resaltar las pasiones o la tragedia de los personajes.
Especial relevancia cobra la presencia casi omnipresente de la luna, testigo de la confrontación de intereses, y una vegetación espartana, con árboles sin hojas para crear una atmósfera desgarradora, al igual que la evolución psicológica que sufren los personajes protagonistas.
La cantante georgiana, además de dotes dramáticas, exhibió en su debut en Valencia una voz dúctil, llena de matices, segura en los agudos y con agilidad para acometer el exigente papel de Lucía, atrapada entre el odio de dos familias enfrentadas y la traición a su amado Edgardo, unas circunstancias que le conducirán a la locura y la muerte.
En un melodrama romántico, considerado como una de las obras más emblemáticas del belcantismo en la ópera, Nino Machaidze supo combinar la ternura, la pasión, la desdicha y el drama personal de Lucía de Lammemoor, sobre todo en la escena de la locura del tercer acto ("Arde el incienso.."), que alcanzó momentos de lirismo y de gran fuerza dramática, en un aria en la que mantiene un encantador diálogo con la flauta.
Junto a ella estuvo un Francesco Meli igualmente brillante, con voz aterciopelada y belleza en los agudos, que encarnó a un Edgardo osado, tierno y despechado, que finalmente sucumbe destrozado al comprobar la fidelidad que, pese a todas las adversidades, le ha mantenido Lucía hasta el final.
En su segunda ópera en la que interviene en el Palau de les Arts, el tenor italiano puso sentimiento y una voz modulada y bien timbrada, en especial en "la bella alma enamorada" el aria con la que concluye el tercer y último acto.
A destacar también el equilibrio exhibido por todos el elenco vocal, muy homogéneo, con todos los cantantes a gran altura, destacando entre ellos el barítono Vladimir Stoyanov (en el papel del intrigante Enrico, hermano de Lucía) y el bajo Diógenes Randes (el conciliador Raimondo).
Karel Mark Chichon realizó una dirección musical efectiva, llevando ajustada y con precisión a la Orquesta de la Comunitat Valenciana, en una actuación notable que fue muy aplaudida por un público que mostró vehementemente su satisfacción por este primer título belcantista que el Palau de les Arts ha programado desde su inauguración, hace cuatro temporadas.
El Coro de la Generalitat, dirigido por Francesc Perales, resolvió con la eficacia habitual un obra en la que tienen pasajes de gran belleza en cada uno de los actos.
Con una producción del Gran Teatro de Ginebra y del Maggio Musical Fiorentino que data de 1996, Graham Vick firma una puesta en escena que combina aspectos tradicionales con un planteamiento cinematográfico, en el que el uso de paneles móviles permite encuadrar las escenas para resaltar las pasiones o la tragedia de los personajes.
Especial relevancia cobra la presencia casi omnipresente de la luna, testigo de la confrontación de intereses, y una vegetación espartana, con árboles sin hojas para crear una atmósfera desgarradora, al igual que la evolución psicológica que sufren los personajes protagonistas.