Cultura
La mirada de los que se quedan
Héctor Guerrero Skinfill realizó un taller de fotografía en Tapalpa, del cual se realizará la muestra Los ojos de la memoria
GUADALAJARA, JALISCO (25/SEP/2010).- Pocas veces la luz de un flash llega a las casas de quienes se quedaron en sus comunidades esperando cartas, fotografías, remesas, postales y llamadas de los familiares que salieron en busca del sueño americano. En Tapalpa, esto fue posible gracias al taller de fotografía que impartió Héctor Guerrero Skinfill con el objetivo de presentar otra mirada de la migración, como parte de las actividades del Festival de la Luna.
El tapatío trabajó durante tres días con aficionados y profesionales, y el resultado final se concretó en la exposición Los ojos de la memoria, que se inaugura el próximo 21 de octubre en la plaza principal del municipio.
El taller arrancó con la proyecció del documental Los que se quedan, dirigida por Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman, como base para que los participantes hicieran sus fotografías.
Las jornadas de trabajo fueron de más de 12 horas debido al interés de las alrededor de 20 personas que asistieron al taller.
“Es un tema muy difícil de abordar en tres días. Eso me preocupaba, porque aunque hubiéramos tenido nueve meses no llegaríamos a comprenderlo; periodistas y comunicadores llevan años tratando de explicarlo”, señala el fotoperiodista, quien en distintas ocasiones ha abordado la problemática de la migración.
Las piezas que se exhibirán son autoría de algunos participantes como Angélica Chávez, Carlos Córdoba, Karla Peregrina, Liliana Ulloa, Luis Cruz, Héctor Castalleda, Luis Vielma, Guadalupe Flores, Roxana López y Sofía Orozco.
Las fotografías agrupadas bajo el título Los ojos de la memoria son un registro de los mexicanos que se quedan y esperan a los hijos ausentes.
Para el profesor investigador del Departamento de Cultura Regional de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y coordinador del pasado Encuentro Chicano de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, Salvador Acosta Romero, los trabajos fotográficos sobre la migración son “un material muy valioso porque nos dan muchos elementos de un universo fragmentado del fenómeno de la migración y nos permite construir lo que pasa”. Además, pueden convertirse en archivos de investigación para recrear determinadas situaciones.
— ¿Cuáles son las fotografías que representan la visión de los que se quedan?
— Una de ellas es una casa que está apenas en construcción, pero que tiene una puerta eléctrica. Otra foto es de un baño que se terminó conforme llegaba el dinero. Hay una secuencia de imágenes sobre una señora que tiene su casa llena de fotografías que le mandan sus hijos; ves desde la primera, en la que ellos están solos y al pasar los años aparecen con esposa e hijos.
— ¿Qué elementos del documental de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman fueron ejes para el taller?
— El documental fue sólo una vertiente; quisimos tener un hilo conductor porque el tema era muy disperso y abordar la migración en tres días era muy difícil. Así, los participantes fotografiaron a los que se quedan.
— ¿Cómo aporta la fotografía a la descripción de esta problemática?
— Es importante como un testimonio porque es lo que los fotógrafos pretendemos, aunque no modifiquemos nada, como tampoco ocurre con las grandes acciones políticas. Es importante dejar un testimonio y registrar esas cosas que pasan, que se viven, como una memoria histórica. México no se ha dado cuenta que hay un problema muy serio de migración que no se está tratando.
— ¿Qué aspectos de la migración te interesa registrar?
— El tema de la travesía, aunque está muy documentada, pero es el momento en el que arriesgan su vida y es donde México tiene todo que ver y hace muy poco. También me interesa documentar a los que no logran cruzar y se quedan aquí; hay historias de personas que lograron una posición económica mejor o quienes viven en alcantarillas.
— ¿La migración no es un lugar común en la fotografía?
— La migración es un tema demasiado fotografiado, pero me gustaría que se siguiera documentando. Es como la guerra, cada vez que vemos una fotografía de una nueva guerra nos conmueve y nos hace reflexionar el porqué sigue pasando eso. La diferencia es que ahora es más peligroso tomar imágenes de la migración.
El tapatío trabajó durante tres días con aficionados y profesionales, y el resultado final se concretó en la exposición Los ojos de la memoria, que se inaugura el próximo 21 de octubre en la plaza principal del municipio.
El taller arrancó con la proyecció del documental Los que se quedan, dirigida por Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman, como base para que los participantes hicieran sus fotografías.
Las jornadas de trabajo fueron de más de 12 horas debido al interés de las alrededor de 20 personas que asistieron al taller.
“Es un tema muy difícil de abordar en tres días. Eso me preocupaba, porque aunque hubiéramos tenido nueve meses no llegaríamos a comprenderlo; periodistas y comunicadores llevan años tratando de explicarlo”, señala el fotoperiodista, quien en distintas ocasiones ha abordado la problemática de la migración.
Las piezas que se exhibirán son autoría de algunos participantes como Angélica Chávez, Carlos Córdoba, Karla Peregrina, Liliana Ulloa, Luis Cruz, Héctor Castalleda, Luis Vielma, Guadalupe Flores, Roxana López y Sofía Orozco.
Las fotografías agrupadas bajo el título Los ojos de la memoria son un registro de los mexicanos que se quedan y esperan a los hijos ausentes.
Para el profesor investigador del Departamento de Cultura Regional de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y coordinador del pasado Encuentro Chicano de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, Salvador Acosta Romero, los trabajos fotográficos sobre la migración son “un material muy valioso porque nos dan muchos elementos de un universo fragmentado del fenómeno de la migración y nos permite construir lo que pasa”. Además, pueden convertirse en archivos de investigación para recrear determinadas situaciones.
— ¿Cuáles son las fotografías que representan la visión de los que se quedan?
— Una de ellas es una casa que está apenas en construcción, pero que tiene una puerta eléctrica. Otra foto es de un baño que se terminó conforme llegaba el dinero. Hay una secuencia de imágenes sobre una señora que tiene su casa llena de fotografías que le mandan sus hijos; ves desde la primera, en la que ellos están solos y al pasar los años aparecen con esposa e hijos.
— ¿Qué elementos del documental de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman fueron ejes para el taller?
— El documental fue sólo una vertiente; quisimos tener un hilo conductor porque el tema era muy disperso y abordar la migración en tres días era muy difícil. Así, los participantes fotografiaron a los que se quedan.
— ¿Cómo aporta la fotografía a la descripción de esta problemática?
— Es importante como un testimonio porque es lo que los fotógrafos pretendemos, aunque no modifiquemos nada, como tampoco ocurre con las grandes acciones políticas. Es importante dejar un testimonio y registrar esas cosas que pasan, que se viven, como una memoria histórica. México no se ha dado cuenta que hay un problema muy serio de migración que no se está tratando.
— ¿Qué aspectos de la migración te interesa registrar?
— El tema de la travesía, aunque está muy documentada, pero es el momento en el que arriesgan su vida y es donde México tiene todo que ver y hace muy poco. También me interesa documentar a los que no logran cruzar y se quedan aquí; hay historias de personas que lograron una posición económica mejor o quienes viven en alcantarillas.
— ¿La migración no es un lugar común en la fotografía?
— La migración es un tema demasiado fotografiado, pero me gustaría que se siguiera documentando. Es como la guerra, cada vez que vemos una fotografía de una nueva guerra nos conmueve y nos hace reflexionar el porqué sigue pasando eso. La diferencia es que ahora es más peligroso tomar imágenes de la migración.