Cultura
Ganan haciendo honor a Goeritz
Los arquitectos Salvador Macías y Margarita Peredo merecieron el primer lugar del concurso Pabellón 2013, del Museo Experimental Eco, de la Ciudad de México
GUADALAJARA, JALISCO (02/MAR/2013).- De entre 40 participantes que enviaron su currícula y cinco seleccionados para competir en el concurso para el Pabellón 2013, que se trata de una intervención espacial en el Museo Experimental Eco de Matías Goeritz de la Ciudad de México, el despacho local de los arquitectos Salvador Macías y Margarita Peredo resultó ganador.
Esto fue dado a conocer el pasado lunes por la institución museística que por cuarto año consecutivo convoca a jóvenes arquitectos a participar en esta transformación efímera de sus instalaciones y que en esta ocasión tuvo como miembros del jurado a los también arquitectos Fernanda Canales, Isaac Broid, Luis Aldrete, y al artista Jerónimo Hagerman.
Así, luego de reunirse a valorar de manera conjunta los discursos, estéticas, programas y aspectos de seguridad y viabilidad “se hizo el fallo por decisión unánime a favor del proyecto del Estudio Macías-Peredo”, se lee en el veredicto del concurso.
Macías, del mencionado estudio de reciente conformación, comenta haber participado con un modesto portafolio que contenía “trabajos de concursos que no habíamos ganado, cosas pequeñas más bien creativas”, por lo que la sorpresa aún desborda en su voz. Provenientes del otrora despacho llamado AD11 que compartieron con Francisco Gutiérrez Peregrina durante nueve años, Salvador y Margarita tuvieron aproximadamente un mes para elaborar su propuesta una vez que se les notificara que habían sido seleccionados para concursar.
“La solicitud es que mandes un pabellón para el cual te bases en un presupuesto máximo de 100 mil pesos (para su implementación, construcción o montaje) y que esto sea dentro de los límites del patio del museo, permitiendo que en todo momento se den los eventos culturales sin entorpecimientos”, explica Margarita. Esto se refiere a conferencias, pláticas, puestas en escena, lecturas de poesía, entre otras actividades propias del Museo Experimental Eco.
“Curiosamente teníamos algunas ideas –añade- porque habíamos hecho un viaje en enero al D.F. y fuimos al Eco un día que había precisamente un evento, una puesta en escena, porque nunca antes lo habíamos visto con actividad, y fue muy interesante porque estaba completamente lleno, había mucha gente”. En palabras de Salvador aquello parecía una verbena, y ella complementa diciendo que había expendios de alimentos y bebidas, lo cual “fue determinante para desechar muchas cosas que habíamos pensado y por otro lado, alentar algunas otras”.
Pero en todo caso, la constante en sus mentes fue “la retícula de barro en el patio, es decir, hacer ahí una nueva diagonal”, comenta Peredo a la vez que señala que ella había hecho años atrás su tesis sobre Matías Goeritz (1915-1990), autor del recinto en cuestión.
La base de Goeritz y un nuevo ángulo
Para Margarita Peredo, el Eco Museo Experimental de Matías Goeritz es una especie de manifiesto de lo que ellos llaman la arquitectura de dedo característica de su autor. “Él no sabía hacer planos, él iba diciéndoles a los albañiles las cosas y lo fue erigiendo como una escultura”. Sumado a lo anterior, “su tema era un poco contra el funcionalismo que era lo que regía en su tiempo en México (mediados del siglo pasado), cajas reticuladas y ortogonales; él decía que nos estábamos olvidando de la principal función de la arquitectura que es la emoción, por eso el Eco está lleno de diagonales y de perspectivas reforzadas, y nosotros intentamos generar una nueva diagonal pero no en el sentido de muros sino en planta, a partir del piso”. Así es como Macías y Peredo vienen con un nuevo ángulo agudo que provoca que el patio del lugar se vea desde otra perspectiva, o como el veredicto lo señala: “Un gesto elegante y original que transforma la experiencia del museo y que se presenta como sutil sin perder una fuerte postura experimental y reflexiva”.
Esta añadidura es revestida entonces por “el mismo material de Goeritz” –relata Peredo- “la retícula de barro” sobre una tarima que lleva visualmente hasta al exterior del museo. “Entonces llegas de la calle, atraviesas el pasillo, volteas al patio, te subes a la rampa y en realidad regresas a la calle; pierdes el límite entre interior y exterior, la rampa llega a ese nivel estableciendo un nuevo horizonte”.
Este gesto, considerado por el jurado como una manera de establecer una relación con el exterior, es probablemente lo que les ganó el primer lugar en el concurso. Dice el dictamen que “es una intervención sencilla que detona muchas consecuencias: entre la plaza y la calle se crea un punto de encuentro, permitiendo que eventos internos y externos participen en una comunicación continua”.
La obra ganadora deberá estar montada y construida antes del 12 de marzo, fecha en la que el Congreso Arquine tendrá como sede el lugar para algunas de sus actividades.
Ana Guerrerosantos
FRASE
"El Museo Eco siempre fue una referencia para nosotros, y esto llega como anillo al dedo porque es un proyecto más de reflexión que de resolver algo complejo, es una oportunidad emocional".
Margarita Peredo, arquitecta.
Esto fue dado a conocer el pasado lunes por la institución museística que por cuarto año consecutivo convoca a jóvenes arquitectos a participar en esta transformación efímera de sus instalaciones y que en esta ocasión tuvo como miembros del jurado a los también arquitectos Fernanda Canales, Isaac Broid, Luis Aldrete, y al artista Jerónimo Hagerman.
Así, luego de reunirse a valorar de manera conjunta los discursos, estéticas, programas y aspectos de seguridad y viabilidad “se hizo el fallo por decisión unánime a favor del proyecto del Estudio Macías-Peredo”, se lee en el veredicto del concurso.
Macías, del mencionado estudio de reciente conformación, comenta haber participado con un modesto portafolio que contenía “trabajos de concursos que no habíamos ganado, cosas pequeñas más bien creativas”, por lo que la sorpresa aún desborda en su voz. Provenientes del otrora despacho llamado AD11 que compartieron con Francisco Gutiérrez Peregrina durante nueve años, Salvador y Margarita tuvieron aproximadamente un mes para elaborar su propuesta una vez que se les notificara que habían sido seleccionados para concursar.
“La solicitud es que mandes un pabellón para el cual te bases en un presupuesto máximo de 100 mil pesos (para su implementación, construcción o montaje) y que esto sea dentro de los límites del patio del museo, permitiendo que en todo momento se den los eventos culturales sin entorpecimientos”, explica Margarita. Esto se refiere a conferencias, pláticas, puestas en escena, lecturas de poesía, entre otras actividades propias del Museo Experimental Eco.
“Curiosamente teníamos algunas ideas –añade- porque habíamos hecho un viaje en enero al D.F. y fuimos al Eco un día que había precisamente un evento, una puesta en escena, porque nunca antes lo habíamos visto con actividad, y fue muy interesante porque estaba completamente lleno, había mucha gente”. En palabras de Salvador aquello parecía una verbena, y ella complementa diciendo que había expendios de alimentos y bebidas, lo cual “fue determinante para desechar muchas cosas que habíamos pensado y por otro lado, alentar algunas otras”.
Pero en todo caso, la constante en sus mentes fue “la retícula de barro en el patio, es decir, hacer ahí una nueva diagonal”, comenta Peredo a la vez que señala que ella había hecho años atrás su tesis sobre Matías Goeritz (1915-1990), autor del recinto en cuestión.
La base de Goeritz y un nuevo ángulo
Para Margarita Peredo, el Eco Museo Experimental de Matías Goeritz es una especie de manifiesto de lo que ellos llaman la arquitectura de dedo característica de su autor. “Él no sabía hacer planos, él iba diciéndoles a los albañiles las cosas y lo fue erigiendo como una escultura”. Sumado a lo anterior, “su tema era un poco contra el funcionalismo que era lo que regía en su tiempo en México (mediados del siglo pasado), cajas reticuladas y ortogonales; él decía que nos estábamos olvidando de la principal función de la arquitectura que es la emoción, por eso el Eco está lleno de diagonales y de perspectivas reforzadas, y nosotros intentamos generar una nueva diagonal pero no en el sentido de muros sino en planta, a partir del piso”. Así es como Macías y Peredo vienen con un nuevo ángulo agudo que provoca que el patio del lugar se vea desde otra perspectiva, o como el veredicto lo señala: “Un gesto elegante y original que transforma la experiencia del museo y que se presenta como sutil sin perder una fuerte postura experimental y reflexiva”.
Esta añadidura es revestida entonces por “el mismo material de Goeritz” –relata Peredo- “la retícula de barro” sobre una tarima que lleva visualmente hasta al exterior del museo. “Entonces llegas de la calle, atraviesas el pasillo, volteas al patio, te subes a la rampa y en realidad regresas a la calle; pierdes el límite entre interior y exterior, la rampa llega a ese nivel estableciendo un nuevo horizonte”.
Este gesto, considerado por el jurado como una manera de establecer una relación con el exterior, es probablemente lo que les ganó el primer lugar en el concurso. Dice el dictamen que “es una intervención sencilla que detona muchas consecuencias: entre la plaza y la calle se crea un punto de encuentro, permitiendo que eventos internos y externos participen en una comunicación continua”.
La obra ganadora deberá estar montada y construida antes del 12 de marzo, fecha en la que el Congreso Arquine tendrá como sede el lugar para algunas de sus actividades.
Ana Guerrerosantos
FRASE
"El Museo Eco siempre fue una referencia para nosotros, y esto llega como anillo al dedo porque es un proyecto más de reflexión que de resolver algo complejo, es una oportunidad emocional".
Margarita Peredo, arquitecta.