Cultura
Escultor Arquímedes reta al volumen para transfigurar el vacío
Transfiguración del vacío abarca diversos temas que ha explorado Hugo Arquímedes en su trayectoria como escultor
ESTADO DE MÉXICO.-Transfiguración del vacío abarca diversos temas que ha explorado Hugo Arquímedes en su trayectoria como escultor. La muestra, que exhibe en el
Museo de Arte Moderno del estado de México, en Toluca, une obras en metal en varios formados, además de modelos en cartón.
Son 30 piezas que abarcan series donde hay representaciones de un animal, por ejemplo, o que rinden homenaje a grandes maestros de la escultura como el rumano Constantino Brancusi o el catalán Antoni Gaudí.
Arquímedes ha vivido la mitad de su vida en Ciudad Juárez, donde nació en 1973, y luego en el Distrito Federal, donde promueve su obra que básicamente es escultórica, aunque también crea grabado y pinturas.
A diferencia de los escultores que descubren de la piedra la forma, Arquímedes dice que él parte de la nada, del vacío. “Desde ese vacío digo: ¿cómo trazo, cómo voy a algo? Luego creo una forma que se va volviendo curva, plano, forma y así surge la escultura”, explica.
Suele, dice, partir de una preocupación abstracta, estética: la de generar una forma que signifique algo. En ocasiones, más bien, la preocupación es más específica: hallar la forma de representar un elemento.
El reto es el volumen
Con la escultura Arquímedes tiene 10 años, “encontré que tenía una habilidad que no había explorado. Me aventuré con lo tridimensional y la primera escultura ganó un premio nacional. Así me dediqué a explorar más ese lenguaje”.
Pero el arte, señala el joven artista, ha sido algo inherente a su personalidad: “Desde niño me daban un papel y siempre andaba dibujando. Mi madre no lo vio como una curiosidad, sino que incentivó esa capacidad”.
El reto para él se halla en el volumen: “Lo primero es la preocupación conceptual, qué es lo que quiero hacer y cómo lo voy a resolver. Es como el escritor ante la página en blanco. Es una labor diaria de estar experimentando con el mismo material. No es un chispazo, no es inspiración. El escultor, como cualquier artista, debe estar a diario experimentando, trabajando, buscando una forma que no necesariamente es la final, sino que tal vez te va a generar otra que va a tener sentido, que va a transmitir”.
Del trazo en el papel, la obra pasa al volumen, primero con cartones, luego en metal, una etapa que lleva a cabo con el apoyo de varios maestros en talleres de fundición, explica el artista.
Aunque Arquímedes lleva la mitad de su vida viviendo fuera de Chihuahua, su arte toma mucho de sus orígenes, pues algunas de sus obras tienen nombres rarámuris, como “Rayenare” (que significa Sol). Esta pieza es su mayor escultura, mide 10.5 metros y está en Juárez.
“Algo de lo que redescubrí al regresar al norte fue la luminosidad, y quise hacer un homenaje a esa luz. Está en un lugar público, en el cruce de dos avenidas, y la gente la adoptó, le llaman la estrella de satélite”, refiere el escultor.
Más recientemente, Arquímedes inauguró Flor barroca, en el jardín del arte de San Ángel, en la ciudad de México. Ahora prepara Lotería escultórica, para el Museo de Arte de Querétaro.
Son 30 piezas que abarcan series donde hay representaciones de un animal, por ejemplo, o que rinden homenaje a grandes maestros de la escultura como el rumano Constantino Brancusi o el catalán Antoni Gaudí.
Arquímedes ha vivido la mitad de su vida en Ciudad Juárez, donde nació en 1973, y luego en el Distrito Federal, donde promueve su obra que básicamente es escultórica, aunque también crea grabado y pinturas.
A diferencia de los escultores que descubren de la piedra la forma, Arquímedes dice que él parte de la nada, del vacío. “Desde ese vacío digo: ¿cómo trazo, cómo voy a algo? Luego creo una forma que se va volviendo curva, plano, forma y así surge la escultura”, explica.
Suele, dice, partir de una preocupación abstracta, estética: la de generar una forma que signifique algo. En ocasiones, más bien, la preocupación es más específica: hallar la forma de representar un elemento.
El reto es el volumen
Con la escultura Arquímedes tiene 10 años, “encontré que tenía una habilidad que no había explorado. Me aventuré con lo tridimensional y la primera escultura ganó un premio nacional. Así me dediqué a explorar más ese lenguaje”.
Pero el arte, señala el joven artista, ha sido algo inherente a su personalidad: “Desde niño me daban un papel y siempre andaba dibujando. Mi madre no lo vio como una curiosidad, sino que incentivó esa capacidad”.
El reto para él se halla en el volumen: “Lo primero es la preocupación conceptual, qué es lo que quiero hacer y cómo lo voy a resolver. Es como el escritor ante la página en blanco. Es una labor diaria de estar experimentando con el mismo material. No es un chispazo, no es inspiración. El escultor, como cualquier artista, debe estar a diario experimentando, trabajando, buscando una forma que no necesariamente es la final, sino que tal vez te va a generar otra que va a tener sentido, que va a transmitir”.
Del trazo en el papel, la obra pasa al volumen, primero con cartones, luego en metal, una etapa que lleva a cabo con el apoyo de varios maestros en talleres de fundición, explica el artista.
Aunque Arquímedes lleva la mitad de su vida viviendo fuera de Chihuahua, su arte toma mucho de sus orígenes, pues algunas de sus obras tienen nombres rarámuris, como “Rayenare” (que significa Sol). Esta pieza es su mayor escultura, mide 10.5 metros y está en Juárez.
“Algo de lo que redescubrí al regresar al norte fue la luminosidad, y quise hacer un homenaje a esa luz. Está en un lugar público, en el cruce de dos avenidas, y la gente la adoptó, le llaman la estrella de satélite”, refiere el escultor.
Más recientemente, Arquímedes inauguró Flor barroca, en el jardín del arte de San Ángel, en la ciudad de México. Ahora prepara Lotería escultórica, para el Museo de Arte de Querétaro.