Cultura

Emmanuel Grivet danza en presente

El bailarín y coreógrafo francés está de nuevo en Guadalajara para impartir un taller y presentar dos piezas cortas de danza contemporánea

GUADALAJARA, JALISCO (11/DIC/2012).- Las pautas están dadas, pero lo que sucederá en el escenario del Teatro Experimental este miércoles 12 y jueves 13 de diciembre, nadie puede saberlo con exactitud. Se sabe que la función estará a cargo del bailarín y coreógrafo francés Emmanuel Grivet, y que presentará dos piezas cortas de danza contemporánea: Improbabilidades e Impostura, y Transparence Blanc.  

Pero aun se desconocen los nombres y las caras de las personas que participarán con él en la Pieza para una bailarina invitada y dos espectadores, como se describe a la primera obra; y ni el mismo Grivet está seguro de los sentimientos que experimentará esos días, influido por el entorno, y que por tanto querrá expresar en la segunda pieza.

La improvisación, desde hace más de una década, ha sido un elemento central en la búsqueda de este artista del movimiento, quien se encuentra en Guadalajara para impartir el taller Danza, Contacto e Improvisación –dirigido a artistas escénicos— y presentar al público dos piezas de su autoría.

Su interés, explicó Grivet, está en los proyectos en los que el bailarín permanece receptivo a lo que sucede tanto al exterior como al interior, es decir, que vive en el escenario lo que le ocurre en el presente mismo; y, a la vez, que tenga la capacidad de desarrollar un lenguaje propio y compartirlo con el público.

El encuentro es el tema en Improbabilidades e Impostura, pues los ejecutantes “son cuatro personas que no se conocen y que nunca han vivido algo juntos en un escenario”, contó el francés, quien después de elegir un hombre y una mujer de entre los asistentes de esa noche y explicarles a grandes rasgos la trama, se unirá a la pieza junto con una bailarina tapatía previamente invitada (una de ellas es Karen de Luna).

En la segunda pieza, Transperence Blanc, lo más importante es la expresión de las emociones y “moverse de acuerdo al momento preciso”. Lo que intenta aquí el bailarín, aunque sabe que no es del todo posible, es abandonar en la mayor medida sus filtros sociales y volver a ese sitio donde los sentimientos se pueden expresar directamente. Como hacen, por ejemplo, los niños más pequeños.

La elección de dichas piezas de entre el repertorio de la Emmanuel Grivet Compagnie –fundada en 2001 en la ciudad de Tournefeuille, al sur de Francia— tiene que ver con que el bailarín viajó solo en esta ocasión. Aunque generalmente, dijo, Grivet prefiere trabajar con grupos pequeños, por lo que las coreografías que realiza y dirige con su compañía nunca incluyen a más de seis ejecutantes.

Dice Emmanuel Grivet que él llegó a la danza un poco por azar. Su pasión desde los 17 años había sido el alpinismo, y a él se dedicó por completo hasta la edad de 26. Después ingresó por curiosidad a un taller de expresión corporal, y mientras estaba allí fue seleccionado para hacer una pieza con tres bailarines profesionales. La experiencia le emocionó tanto que se empezó a adentrar en el mundo de la danza contemporánea.

“En la montaña aprendí las cosas fundamentales de la vida”, contó Grivet, “porque ahí no puedes rendirte; tienes que estar atento a los riesgos y los cambios de clima y cooperar con tus compañeros para hacer bien el recorrido”. Aprendió también a conocerse a sí mismo y a sentirse más fuerte para enfrentar la vida de un artista: “que no es lo más fácil del mundo”, expresó: “hay riesgos personales, psicológicos, de relaciones, sociales, económicos”…

Durante muchos años, Grivet siguió un camino de coreógrafo más o menos convencional: montaba obras escritas previamente y las trabajaba con los ejecutantes con meses de anticipación. Pero sucedió que no estaba del todo satisfecho ni con el proceso, ni con la relación entre él y sus bailarines, ni con los resultados, y en 1997 decidió parar.

Cuando fue invitado a un encuentro de improvisación entre músicos y bailarines en la ciudad vecina de Toulouse, Grivet ya no se dedicaba a la danza, pero accedió a ser partícipe y la experiencia lo volvió a atrapar: “aunque no tenía ganas de hacerlo lo disfruté mucho; hubo un conexión con los músicos sin necesidad de decirnos tantas cosas, y sobre todo, resultó una pieza interesante para el público”, contó el francés.

Ese fue el inicio de su búsqueda en la improvisación. Lo que siguió fue inscribirse a una variedad de talleres con los iniciadores del movimiento en Estados Unidos, como Trisha Brown, Mark Tompkins y Julyen Hamilton, e integrar posteriormente todo lo aprendido en un lenguaje propio.

Poco a poco, se fueron uniendo a Grivet otros artistas interesados en generar este diálogo espontáneo entres sus disciplinas: primero fueron algunos músicos, luego otros bailarines, y más tarde, iluminadores y videoastas.

Desde 2004 aproximadamente, Grivet volvió a integrar en ciertos proyectos algo de “escritura” o planeación: “todo depende de la pieza”, explicó. “En alguna secuencia me parece que es mejor tener una construcción precisa para tener exactamente lo que yo quiero, y en otra me gusta que sea más abierto y que se elija de acuerdo al espacio y la energía”. A esa mezcla entre coreografía construida e improvisación, Grivet la llamó Écriture Instantanée.  

Entre los temas que le ha interesado explorar a Emmanuel Grivet en su compañía, destaca el del tiempo, un asunto que se hizo presente en sus piezas coreográficas durante casi 3 años. Su montaje más reciente, llamado Faces, explora el tema de la identidad en la era de la globalización, para lo cual interactúan seis artistas de distintos orígenes. Entre ellos, la bailarina tapatía Olga Gutiérrez, quien ya hace un año invitó al coreógrafo a impartir un taller en Guadalajara, y en mayo de 2012 realizó una residencia con la compañía francesa.

Tournefeuille, la localidad donde se ubica la Emmanuel Grivet Compagnie, es una ciudad de menos de 30 mil habitantes situada en la región francesa Midi-Pyrénées. Y la razón por la que el bailarín y coreógrafo decidió quedarse ahí en lugar de emigrar a París o Toulouse, tiene que ver con el apoyo institucional que ha recibido de parte de la ciudad.

La relación inició en 1998, cuando Grivet buscaba una oficina para su compañía y el gobierno local le ofreció un espacio a cambio de tres presentaciones que él mismo debía proponer. Dos años después firmaron un convenio de colaboración y desde entonces se ha seguido renovando.

Según Grivet, la suya es la primera compañía planteada así en el sur de Francia, y eso –contó— obedece a una decisión política muy clara: “la gente que está en el gobierno está convencida de que lo importante en una ciudad pequeña es el buen vivir, y por eso han apostado a la cultura y a lo social (…) Tengo un respeto profundo para esta gente, que son políticos, pero con una atención a la calidad en las relación humanas, que es algo realmente muy raro”.

La actual presencia de Grivet en Guadalajara es posible gracias a la Alianza Francesa, el Teatro Diana, la Coordinación de Artes Escénicas y Literatura de Cultura UDG, y la plataforma ColHibrí, de la cual también forma parte Olga Gutiérrez.

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