Cultura
El rostro de las praderas de Estados Unidos
Edward Sheriff Curtis registra la vida salvaje y las tribus en más de 40 mil imágenes, algunas integran una exposición en la Ciudad de México
CIUDAD DE MÉXICO (19/SEP/2011).- Amante de la fauna salvaje y de las culturas indígenas, Edward Sheriff Curtis (1868-1952) dedicó casi tres décadas a registrar con ayuda de su cámara la vida de los pobladores originarios de Norteamérica. Ese trabajo, que implicó tomar más de 40 mil fotografías, recorrer gran parte del territorio estadounidense, de Norte a Sur, y entrar en relación con más de 80 tribus, lo catapultaron como el especialista de la cultura indígena de los Estados Unidos.
Una selección de 60 imágenes de ese trabajo, cuya aportación a la antropología e historia de la nación vecina es invaluable, llega a México en el marco de Fotoseptiembre 2011 para dar cuenta del proyecto de vida que este destacado exponente de la fotografía emprendió con el fin de registrar la agonía de una raza.
Legado sagrado es la muestra conformada por piezas provenientes de la Colección Christopher G. Cardozo y se exhibe en la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México. En el recorrido se puede ver desde paisajes rurales de diversas regiones de ese país norteamericano hasta escenas de la vida cotidiana y retratos de los integrantes de las tribus con las que convivió.
La muerte de cada hombre y el final de las tradiciones
Para Siddhartha García, subdirector de difusión cultural de la Universidad del Claustro de Sor Juana, el trabajo de Curtis adquiere importancia por su calidad estética y por su legado antropológico. “Es un fotógrafo que decidió dedicar la mitad de su vida a fotografiar y dejar un registro antropológico de las etnias originarias de los Estados Unidos, en un momento en que se daba el mestizaje, cuando esas tribus estaban destinadas a desaparecer”.
Por eso, aseguró García, bajo la premisa de que “la muerte de cada hombre o mujer significa el fin de alguna tradición, de algún conocimiento o rito sagrado, que sólo ellos poseen, y que, por lo tanto, la información que pueda ser recopilada para las futuras generaciones debe recogerse ahora o la oportunidad se perderá para siempre”.
Edward Sheriff Curtis se da a la tarea de plasmar en una especie de enciclopedia los rostros y tradiciones de esas tribus aborígenes, cuyo destino era vivir en “reservas”, que eran como campos de concentración, o integrarse como proletarios en la escala más baja de la cultura de los anglosajones.
El talento y la estética
“La muestra adquiere un valor estético porque estamos ofreciendo al público mexicano una serie de fotografías en platinos, plata sobre gelatina, oro y goma bicromatada; todas impresiones vintage”, aseguró Siddhartha García.
A pesar de que la formación fotográfica y etnológica de Edward Sheriff Curtis fue autodidacta, logró reunir 20 volúmenes de su obra The North American Indian y experimentó nuevas técnicas fotográficas, entre ellas el empleó de diversos filtros para lograr otorgar profundidad a sus tomas, y aplicación de sustancias que le permitían ofrecer nitidez, resaltar brillos o imbuir sombras. Además, este fotógrafo, que en 1891 creó en Seattle su propio estudio fotográfico, con la técnica de la difuminación en sus fotografías sobre los indios norteamericanos, supo captar la idea de los pueblos en extinción.
Nacido en 1868, poco tiempo después de finalizar la Guerra Civil de Secesión y cuando los Estados Unidos retomaban, tras exterminarse mutuamente, la llamada Conquista del Oeste y la matanza de los pueblos que durante siglos habían poblado esos territorios, Edward Sheriff Curtis hoy es considerado como el interlocutor de estas tribus aborígenes. Su aportación etnológica y antropológica es tal, que hoy los Estados Unidos lo consideran patrimonio.
En ese sentido, Siddhartha García aseguró que Edward Curtis se convierte en un embajador antropológico.
Si no hubiera sido por su lente y por su trabajo, la vida de estas tribus y de esa parte histórica de los Estados Unidos no se conocería de una manera tan fiel. La lente de Curtis captó un momento, que ahora tiene nuevas lecturas y se valora como un legado.
Una selección de 60 imágenes de ese trabajo, cuya aportación a la antropología e historia de la nación vecina es invaluable, llega a México en el marco de Fotoseptiembre 2011 para dar cuenta del proyecto de vida que este destacado exponente de la fotografía emprendió con el fin de registrar la agonía de una raza.
Legado sagrado es la muestra conformada por piezas provenientes de la Colección Christopher G. Cardozo y se exhibe en la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México. En el recorrido se puede ver desde paisajes rurales de diversas regiones de ese país norteamericano hasta escenas de la vida cotidiana y retratos de los integrantes de las tribus con las que convivió.
La muerte de cada hombre y el final de las tradiciones
Para Siddhartha García, subdirector de difusión cultural de la Universidad del Claustro de Sor Juana, el trabajo de Curtis adquiere importancia por su calidad estética y por su legado antropológico. “Es un fotógrafo que decidió dedicar la mitad de su vida a fotografiar y dejar un registro antropológico de las etnias originarias de los Estados Unidos, en un momento en que se daba el mestizaje, cuando esas tribus estaban destinadas a desaparecer”.
Por eso, aseguró García, bajo la premisa de que “la muerte de cada hombre o mujer significa el fin de alguna tradición, de algún conocimiento o rito sagrado, que sólo ellos poseen, y que, por lo tanto, la información que pueda ser recopilada para las futuras generaciones debe recogerse ahora o la oportunidad se perderá para siempre”.
Edward Sheriff Curtis se da a la tarea de plasmar en una especie de enciclopedia los rostros y tradiciones de esas tribus aborígenes, cuyo destino era vivir en “reservas”, que eran como campos de concentración, o integrarse como proletarios en la escala más baja de la cultura de los anglosajones.
El talento y la estética
“La muestra adquiere un valor estético porque estamos ofreciendo al público mexicano una serie de fotografías en platinos, plata sobre gelatina, oro y goma bicromatada; todas impresiones vintage”, aseguró Siddhartha García.
A pesar de que la formación fotográfica y etnológica de Edward Sheriff Curtis fue autodidacta, logró reunir 20 volúmenes de su obra The North American Indian y experimentó nuevas técnicas fotográficas, entre ellas el empleó de diversos filtros para lograr otorgar profundidad a sus tomas, y aplicación de sustancias que le permitían ofrecer nitidez, resaltar brillos o imbuir sombras. Además, este fotógrafo, que en 1891 creó en Seattle su propio estudio fotográfico, con la técnica de la difuminación en sus fotografías sobre los indios norteamericanos, supo captar la idea de los pueblos en extinción.
Nacido en 1868, poco tiempo después de finalizar la Guerra Civil de Secesión y cuando los Estados Unidos retomaban, tras exterminarse mutuamente, la llamada Conquista del Oeste y la matanza de los pueblos que durante siglos habían poblado esos territorios, Edward Sheriff Curtis hoy es considerado como el interlocutor de estas tribus aborígenes. Su aportación etnológica y antropológica es tal, que hoy los Estados Unidos lo consideran patrimonio.
En ese sentido, Siddhartha García aseguró que Edward Curtis se convierte en un embajador antropológico.
Si no hubiera sido por su lente y por su trabajo, la vida de estas tribus y de esa parte histórica de los Estados Unidos no se conocería de una manera tan fiel. La lente de Curtis captó un momento, que ahora tiene nuevas lecturas y se valora como un legado.