Cultura

El juego de los dobles

El autor mexicano promueve actualmente “Huesos de San Lorenzo”, una historia demasiado personal

GUADALAJARA, JALISCO (04/FEB/2016).- Los gemelos Rómulo y Remo son los protagonistas de la nueva novela del escritor nacido en Torreón en 1977, en la que explora la dualidad y los conflictos de identidad de sus personajes. Nacidos idénticos, pero con personalidades opuestas, Vicente Alonso utiliza esta historia para reflexionar de manera práctica sobre la figura del doppelgänger en la literatura (“doble” o “sosías”, en español).

Al mismo tiempo, en “Huesos de San Lorenzo” el autor expone las investigaciones en busca de esclarecer varios misterios: un asesinato ocurrido mientras toda la ciudad ponía sus ojos en la final de futbol, la desaparición de la madre de los gemelos (decenios atrás), además de rescatar la historia familiar. A propósito de su publicación en Tusquets, platicamos con Vicente Alonso.

—¿Por qué decidiste incluir la voz narrativa de un psicólogo para esta historia?

—La novela pedía sus formas. La estructura fragmentaria y la multiplicidad de voces nos permiten enfrentar versiones. Una de las voces es la del psicólogo. Lo que me interesa es lo que confiesa en el primer capítulo: reconstruir la realidad con testimonios, muchas veces limitados. Disponemos de pocos elementos para juzgar la realidad, pero se nos olvida: establecemos juicios demasiado tajantes que luego debemos reformular. Me interesaba esa voz de terapeuta con crisis de vocación que pudiera echar luz sobre la vida de los gemelos y sobre la crisis de identidad que tienen los gemelos.

—De la novela me llamó también los juegos de identidad y repetición, sobre todo de los dobles. Incluso mencionas “El doble” de Dostoievski y “La intrusa” de Jorge Luis Borges (además de la pintura y las falsificaciones, etcétera).

—Tengo que confesar algo antes: yo tengo un hermano gemelo. Es un tema que he tenido que reflexionar a lo largo de toda mi vida. Hace unos cinco años me metí de lleno  a la reflexión de esa pregunta que me han hecho siempre: ¿qué se siente tener un gemelo? Me puse hacer un ensayo pero me di cuenta que no era el género que podía responder. Desde el lado lógico es difícil transmitir la experiencia. Es más, no sé si fácil, pero sí completo y vívido a través de la narrativa. Esa es una gran virtud de las novelas. Fue un trabajo que he hecho a lo largo de 30 y tantos años.

Toda mi vida he reflexionado sobre el tema: Plauto, Dostoievski, Borges, que está lleno de dobles, como Mark Twain (“El príncipe y el mendigo”) y García Márquez (“Crónica de una muerte anunciada”). El tema nos rodea. Yo traté de aportar algo: no he encontrado una novela de gemelos que haya sido escrita por alguien que sea un hermano gemelo. Así busco contar la experiencia desde dentro, y transmitirlo al lector. Permitirle que se ponga en los zapatos de alguien que tiene un hermano idéntico.

—¿Además de los autores citados qué otras lecturas frecuentaste?

—De Vargas Llosa “La casa verde” y “Conversación en la catedral”, sobre todo por cuestiones de estructura. Leí mucho de cosas no literarias: tratados históricos, también documentos de psicología. Novelas policiacas también, Chester Himes, que es un autor relativamente olvidado, pero que reflexiona mucho sobre las cuestiones de identidad y procuración de justicia.

—El tema de la desigualdad social también está presente, sobre todo en el otro conflicto familiar con la madre de los gemelos y su propio padre.

—Sí, hay mucho de autobiografía en la novela, pero con ciertos elementos trastocados. Soy hijo de una mujer que fue juez durante muchos años (en la novela el padre de los gemelos es el juez); mi padre era maestro rural. Ambos tenían un fuerte compromiso con causas sociales. De niños solíamos recorrer el desierto de Coahuila, porque ellos hacían mucho servicio y labor social. A partir de allí me identifiqué con ciertas causas. Mucho de eso está tal cual en la novela. También la relación de Rosario con el padre es totalmente autobiográfico: es la historia de mi madre con su familia.

—¿Podemos considerar a éste tu libro más personal?

—Sí, por supuesto. Tomo la anécdota, pero la reconfiguro. No es incluirlo por incluirlo, no es un álbum familiar: es una novela. Uno tiene que ponerle sal y pimienta para que resulte importante. El personaje de Rosario es una reflexión de la identidad: comienza siendo una y termina siendo otra. Me interesa mucho esa exploración: Somos la persona que queremos ser, vamos construyéndonos constantemente y replanteándonos las certezas que creíamos absolutas, pero que no lo son.

—Al estar compuesto por muchos capítulos breves, para dar esa sensación de multiplicidad de voces por lo fragmentario, ¿cuáles fueron los retos en la escritura de la novela?

—Justo la estructura, eso me llevó muchísimo tiempo: todo el tiempo estuve reestructurando y replanteando la escaleta. También buscar que los personajes fueran verosímiles. Quería que el lector navegara fácilmente: como dicen, hay novelas que son difíciles de escribir, pero son fáciles de leer.

—Hay también un guiño a los Santos, el equipo de futbol: el asesinato por el que inculpan a uno de los gemelos sucede durante la final.

—Necesitaba un ambiente caótico en el que pudiera suceder el asesinato…  Y en mi tierra lo que puede imprimir más el ritmo de vida frenético es una final del Santos.

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