Cultura
Alquimia, una danza transmutable
Alquimia, un pretexto para liberar las emociones del alma a través del movimiento corporal lleno de suavidad y fuerza
GUADALAJARA, JALISCO (05/MAR/2011).- Esta semana el Estudio Diana vibró gracias a los movimientos de Martha Hickman y Larisa González, ambas apasionadas bailarinas que contornearon su cuerpo artísticamente para dar paso a Alquimia, una danza construida meticulosamente.
La energía que emana de los seis intérpretes que suben al escenario, durante 60 minutos, transporta al espectador a un mundo mágico y universal.
Alquimia se conforma de dos obras coreográficas que “surgen de una introspección del ser humano y su alma”, una puesta en escena que transpira la más pura esencia de la magia. La primera de éstas lleva por nombre Fragilidad, un estreno bajo la dirección de Hickman.
Dos seres con el cuerpo y alma fragmentados, pero que a su vez contienen una resistencia que se impone; su lucha: una búsqueda constante guiada por movimientos exploratorios.
Los vestidos blancos, portados por la propia Martha Hickman y Lizbeth Herrera, se contornean a lo largo y ancho del escenario, descalzas giran y extienden los brazos bañadas de una tenue luz, a cargo de Luis Manuel Aguilar “Mosco”.
Ya en las sombras de la función, la música –en las tonadas por Henry Torgue y Serge Houppin– marca la fuerza de los movimientos, las siluetas femeninas danzan cerca de 30 minutos.
Infinito, muy infinito
Por su parte, Larisa González apuesta por tres tipos de alquimias, una triada de sentimientos que enlazan al público con sus emociones más extremas, desgarradoras y adorables.
Alquimia blanca: “dedicada a los hilos de plata, a la transportación del alma o del cuerpo físico, algo espiritual”.
Alquimia negra: “la energía del cosmos. La muerte, el infinito y el espacio, pero siempre con el hilito de vida, el círculo de muerte-vida”.
Alquimia roja: “compuesta al amor, como le llamamos a la fórmula infinita: el amor maternal, erótico, fraternal y universal”, explica Larisa González.
Aquí entran en escena Anahí Bañuelos, Lizbeth Herrera, Meztli Robles, Pablo Jasso y las creadoras Hickman y González. El vestuario, majestuoso con cierto halo de misterio es de Ricardo de la Lanza, en tanto que la música alimenta cada paso con Terry Bazio, Peter Gabriel y M. Alpherin.
La energía que emana de los seis intérpretes que suben al escenario, durante 60 minutos, transporta al espectador a un mundo mágico y universal.
Alquimia se conforma de dos obras coreográficas que “surgen de una introspección del ser humano y su alma”, una puesta en escena que transpira la más pura esencia de la magia. La primera de éstas lleva por nombre Fragilidad, un estreno bajo la dirección de Hickman.
Dos seres con el cuerpo y alma fragmentados, pero que a su vez contienen una resistencia que se impone; su lucha: una búsqueda constante guiada por movimientos exploratorios.
Los vestidos blancos, portados por la propia Martha Hickman y Lizbeth Herrera, se contornean a lo largo y ancho del escenario, descalzas giran y extienden los brazos bañadas de una tenue luz, a cargo de Luis Manuel Aguilar “Mosco”.
Ya en las sombras de la función, la música –en las tonadas por Henry Torgue y Serge Houppin– marca la fuerza de los movimientos, las siluetas femeninas danzan cerca de 30 minutos.
Infinito, muy infinito
Por su parte, Larisa González apuesta por tres tipos de alquimias, una triada de sentimientos que enlazan al público con sus emociones más extremas, desgarradoras y adorables.
Alquimia blanca: “dedicada a los hilos de plata, a la transportación del alma o del cuerpo físico, algo espiritual”.
Alquimia negra: “la energía del cosmos. La muerte, el infinito y el espacio, pero siempre con el hilito de vida, el círculo de muerte-vida”.
Alquimia roja: “compuesta al amor, como le llamamos a la fórmula infinita: el amor maternal, erótico, fraternal y universal”, explica Larisa González.
Aquí entran en escena Anahí Bañuelos, Lizbeth Herrera, Meztli Robles, Pablo Jasso y las creadoras Hickman y González. El vestuario, majestuoso con cierto halo de misterio es de Ricardo de la Lanza, en tanto que la música alimenta cada paso con Terry Bazio, Peter Gabriel y M. Alpherin.