Suplementos | Fe y malicia ante el milagro Yo soy la Luz del mundo Jesús le dio la vista a un ciego de nacimiento, con unas sencillas y significativas ceremonias para dejar con sus hechos enseñanza y esperanza Por: EL INFORMADOR 2 de abril de 2011 - 08:13 hs . / El agua fue el tema de la palabra del Señor el domingo pasado, tercero de cuaresma; la luz es el tema en este cuarto domingo. Por la presencia de Cristo en su vida , por su paso en la historia y luego en el Reino, en veinte siglos Él ha sido, es y será luz para las mentes y las voluntades. De nuevo el apóstol y evangelista Juan, siempre muy cercano al Maestro, presente entonces, fue testigo de muchos milagros de Cristo, signo del amor y la compasión del Señor Jesús y testimonio para ser reconocido como el Hijo de Dios, el Mesías esperado. El milagro al que haremos referencia es el sexto de los nueve milagros contenidos en el evangelio de San Juan y llena todo un capítulo, el noveno de su evangelio. Jesús le dio la vista a un ciego de nacimiento, con unas sencillas y significativas ceremonias para dejar con sus hechos enseñanza y esperanza. Hizo un poco de lodo con algo de su saliva, lo puso en los ojos del ciego y le dijio: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”. Él fue, se lavó y volvió con vista. Así ocurre con los sacramentos, mediante signos sensibles por portadores de las gracias de Dios. Fe y malicia ante el milagro La incredulidad se manifestó de inmediato en extrañeza de unos y escándalo para otros. Los vecinos y los que durante largo tiempo lo habían visto pedir limosna, decían: “es el mismo”, y otros: “no es él, sino que se le parece”. Los judíos primero interrogaron al que nació ciego y, no contentos, mandaron llamar a sus padres: “¿Es este su hijo, del que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?”. Sus padres, llenos de miedo, contestaron: “Ya tiene edad, pregúntenle a él”. Los judíos volvieron a llamar al que había sido ciego y lo acosaron: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre era un pecador, y el pecado muy grave, según la hipocresía. Ese hombre no viene de Dios porque no guarda el sábado”. El que era ciego contestó: “Si soy pecador, yo no lo sé. Sólo sé que yo era ciego y ahora veo”. Enfurecidos, los judíos echaron fuera de la sinagoga al afortunado con el milagro, y cuando Cristo lo encontró le preguntó: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Y él contestó: “¿Quién es, Señor, para que yo crea en él”. Jesús le dijo: “Ya lo has visto: el que está hablando contigo, ese es”. El dijo: “Creo, Señor”, y postrándose lo adoró. Cristo primero abrió los ojos del cuerpo de aquel hombre: pudo contemplar el cielo azul, el sol, los árboles, las flores, los rostros de los seres humanos; y luego le hizo otro gran regalo: le abrió los ojos del alma. Y porque ese hombre encontró a Cristo, con fe, con amor, con gratitud, se postró de rodillas. Muchos no han necesitado el regalo de un milagro porque no han nacido ciegos, pero todos los creyentes son deudores del milagro de la fe. Si a la puerta de un templo católico, se preguntara a cada uno de los que cruzan el dintel: “Tú, ¿.por qué crees? Tú, ¿por qué aceptas a Cristo como tu salvador? Tú, ¿por qué esperas vivir eternamente, puesta tu confianza en Cristo que resucitó y vive?”. Sorpresiva, atrevida pregunta. Y aunque de momento no supieran contestar, en el fondo está la firme convicción de que la fe es tener los ojos abiertos a la luz, y saber que después de la vida terrena se recibe el gran regalo de Dios: la vida eterna. En otro tiempo fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz Es ésta una verdad en labios de Pablo a los antes paganos, antes gentiles, ya bautizados por el apóstol en Éfeso. Esa fue su Pascua, su paso de las tinieblas a la luz. La noche del Sábado Santo, en la Vigilia Solemne de la Pascua se enciende el cirio, la más grande y bella vela de cera que es símbolo de Cristo, Luz del Mundo, el paso de las tinieblas a la luz. Cristo, presente en el sacramento, transforma cuanto toca. La gracia bautismal es el don de la vida de Dios en Cristo Jesús. “Los bautizados empiezan a vivir la vida de Cristo” (Romanos 6, 36). Cristo es hijo de la luz y el fruto de la luz es bondad, justicia, verdad. La gracia bautismal es fe, esperanza y amor. Lo mismo a los bautizados se les ha de exigir en humildad vivir el don recibido, y si es don, es regalo, es gratuito. La respuesta a la pregunta “¿por qué creo?”, es: “Por la gracia de Dios”. Cristo es luz y vida del hombre del siglo XXI El mensaje de los obispos de América Latina y del Caribe en mayo de 2007, al sentirse todos discípulos y misioneros, fue no un pasivo esperar, sino un activo acudir a llevar la Buena Nueva a todos, a anunciar que Cristo es luz, que Cristo es vida en el tiempo actual con sus características propias. Ahora, por los profundos cambios sociales en las últimas décadas, ha surgido una tremenda desconfianza con respecto a la tradición, a los valores y a las autoridades tradicionales en todas sus formas. Las viejas estructuras que aún se conservan, como familia, grupos sociales, partidos políticos, Iglesia y Estado, son vistas con grandes reservas; a veces como que algunos viven en un gran vacío, porque son muchos los que no creen en las pasadas autoridades; las consideran así, pasadas. También la jerarquía católica y el mensaje cristiano se ven afectados por esa pérdida de confianza. La desconfianza, a veces subliminal, niega a la Iglesia la competencia en importantes cuestiones de la vida. Por eso hay muchos cambios y “curaciones” extrañas. Abundan los “vagabundos de la vida”, esos incapaces de saber y decir en qué creen, para qué creen y por qué creen. Para todos va el mismo mensaje de hace veinte siglos: “Quien percibe su vida como carente de sentido y vacía, no es un desdichado, sino alguien que no está capacitado para vivir”.Alberto Einstein. Busquen lo que es agradable al Señor, y no tomen parte en las obras estériles de los que son tinieblas. La búsqueda de una vida feliz y plenamente lograda es tan antigua como la humanidad. La búsqueda muchas veces desesperada del sentido de la vida, angustia a muchos, como aquel joven que escribió: “Al fin y al cabo, mi vida no es diga de ser vivida, no merece la pena. ¿Por qué tengo que seguir torturándome? La verdad, mejor quisiera morirme”. Y no se mueren, solamente se entregan, como huida de sí mismos, a la droga, al alcohol, al trabajo en forma compulsiva; como olvido, no curación de dolorosas heridas, de fracasos. Muchos son presas del miedo, de compulsiones y confundidos de sí mismos, porque han tomado parte de las obras estériles, esas de fácil y pronta llegada y que sólo dejan un vacío interior. Sólo en la luz que es Cristo, se encuentra el verdadero sentido de la existencia En la noche de Navidad la liturgia presenta un texto del profeta Isaías: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”. Allí, recostado en las pajas del pesebre de Belén, apareció la luz de Dios. Así lo dijo en su vida pública: “Yo soy la luz del mundo, y el que me sigue no anda en tinieblas” (Juan 8, 12). La luz es la verdad: “El que obra la verdad viene a la luz” (Juan 3, 2), y “Donde está la luz está la vida. La vida es la luz de los hombres” (Juan 1, 4). “La luz es amor: el que ama a su hermano está en la luz” (1a. Juan 2, 10). Las tinieblas son la mentira, el odio y la ignorancia. La salvación consiste en pasar de las tinieblas a la luz. José R. Ramírez Mercado Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones