Suplementos | Por: Eduardo Escoto Vidas dedicadas a la música Clásica Por: EL INFORMADOR 4 de febrero de 2012 - 02:44 hs GUADALAJARA, JALISCO (04/FEB/2012).- Terminada de leer la biografía de Jaime Nunó escrita por Cristian Canton y Raquel Tovar, resulta claro que los grandes logros y satisfacciones de la musicología radican en la posibilidad de arrojar luz sobre hechos y personajes cuyas circunstancias en muchas ocasiones son menos claras, cuanto más conocidos se supone que son. Así, resulta extraordinario poder conocer los detalles de la vida de un músico cuya trayectoria le llevó a alcanzar logros que llegaron más allá de lo que en primera instancia se conoce. Detalles llenos de interesantes implicaciones públicas, históricas y políticas que se desarrollaron a la par de su vida personal, marcada por viajes, amistades, la familia y el trabajo. Es interesante e incluso sorprendente enterarse de todo lo que está detrás de la figura que muchas veces no se conoce más que por la calle a la que da nombre. Al hablar del compositor del himno nacional mexicano, cabe preguntarse qué pasa en el caso de los artistas cuyo mayor mérito (que no es poco) radica en la honestidad e integridad con que desarrollan su labor cotidiana que debería, sin duda, ser mejor apreciada. Por eso quiero referirme hoy a un suceso triste que merece no ser pasado por alto. Algunos meses atrás, cuando ya se encontraban bastante avanzadas las labores de restauración del órgano Walcker de la iglesia de Santa Teresa del centro de la ciudad, se presentó ante el capellán el organista Jorge Arturo García para pedirle la oportunidad de trabajar en aquel recinto. Jorge Arturo, de larga trayectoria, era un hombre ya mayor, de aspecto pulcro, que formaba parte de una familia de músicos que incluye organistas, pianistas y cantantes. Se le podía escuchar en la mayoría de los servicios religiosos haciendo sonar dignamente el órgano de aquella iglesia, disfrutando de encontrarse en su nuevo puesto y cumpliendo formalmente con las obligaciones del mismo. Sin embargo, al poco tiempo el organista dejó de asistir a la iglesia sin previo aviso y no respondía a las llamadas. Días después se conocía la terrible noticia de que había sido muerto en lo que parece haberse tratado un asalto a su casa, un caso más de ese despreciable flagelo social que parece incontrolable actualmente. Tras este hecho lamentable sólo queda desear que por lo menos se llegue a hacer justicia y que no predomine la conocida actitud como aquella con la que me enfrenté hace unos días en las mismas oficinas del Ayuntamiento tapatío, cuando al acudir en representación de varios vecinos a tratar de dar solución a un problema que afecta a varias familias, el funcionario encargado del asunto me soltó sin pudor alguno la frase: “Pues así es México”. Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones