Viernes, 10 de Octubre 2025
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Viajeros en la historia

Maternus, Agisimba y los rinocerontes

Por: EL INFORMADOR

De algunos viajes que hemos narrado en este espacio no se ha tenido la certeza histórica de que en realidad se hayan realizado, o que hayan sucedido de la manera en que lo narra tal o cual autor; esto debido a que en ocasiones son pocas las fuentes con las que se cuenta y, en ocasiones, diferentes versiones del viaje narrado. Pero el hecho de que tengamos noticias, aunque sea vagas y escasas, sobre las hazañas viajeras, podemos considerar la posibilidad real de que aquellos periplos se realizaron, lo cual hace que nos formemos una idea diferente del pasado.

Comentamos esto porque es el caso del viajero de quien hoy narraremos parte de su historia. Julius Maternus fue un explorador nacido en Libia, en la costa mediterránea, a mediados del siglo primero de la era cristiana. Hay vestigios de sus viajes, más no la certeza de cuáles lugares fueron los que visitó.

Con el fin de expandir sus dominios hacia el interior de África, o bien, con la idea  de proteger y “aumentar la seguridad de sus posesiones” combatiendo a los “nómadas”, el imperio romano ordenó algunas expediciones entre los siglos I y II, hacia el interior del desierto del Sahara. Cornelius Balbo, gobernador romano de una provincia de África, hacia el año 19 incursionó y estableció una pequeña colonia militar en la región de Fezán, del pueblo garamante, al sur de la actual Libia. Años después, Septimus Flaccus, también realizó una expedición que al parecer llegó hasta “el país de los etíopes”.

Julius Maternus, oficial, viajero, comerciante y, según algunos, gobernador de Numidia, realizó un viaje partiendo desde el puerto mediterráneo de Laptis Magna, en Cirenaica, en la costa de Lidia. Se dice que fue “el más grande explorador del Sahara en la antigüedad”. Su viaje tendría tres objetivos más o menos claros: ir más allá de los garamantes, encontrar el “oro de Sudán” y el nacimiento del Nilo. Partió hacia el sur junto con el rey de los garamantes, quien marchaba contra los etíopes; formaron un considerable grupo de soldados y aventureros.

Al cabo de cuatro meses llegaron a un enigmático lugar llamado “Agisimba de los etíopes”, que según el historiador Guiseppe Sergi, en acuerdo con lo dicho por Ptolomeo, en el lugar encontraron gran cantidad de rinocerontes. Y aun cuando Ptolomeo (contemporáneo de Maternus) narra estos periplos, parece no darles crédito alguno sin razón aparente.

Pero según otro historiador experto en la antigüedad, el francés Jean Beaujeu, dice que no hay duda de que Maternus “atravesó el Sahara de norte a sur y llegó al Sudán”, lo cual a su vez es polémico debido a que también, por otra parte, se cree que Agisimba es el actual Lago Chad, ubicado entre Niger, Nigeria, Camerún y Chad, al oeste de Sudán. De ser cierta la tesis de Beaujeu, Agisimba estaría entre Sudán y Etiopia, en algún lugar cercano al Nilo.

La ubicación de Agisimba parece aún confusa; Ptolomeo la describió como una vasta región con numerosas montañas y “situada muy al sur del ecuador, a los 16° latitud sur”. Pero esto resulta difícil de sostener puesto que Maternus nunca mencionó haber llegado hasta el ecuador o alguna región cercana. Más bien habría que invertir la latitud y ubicarla entre los 12° y los 16° latitud norte, entre las cuencas del “Nigeir” al Oeste, y la del “Geir” al Este, lo cual ubica al Lago Chad dentro de lo que fue la Agisimba visitada por Maternus. Además, la presencia de los rinocerontes en esta región, que por aquellos era su refugio natural, indica que nuestro viajero sí fue más allá de la línea tropical, al sur de los garamantes.

Se considera entonces a Maternus como el primer europeo que vio un rinoceronte en su hábitat natural; ya antes el emperador Augusto, en el año 11 adC., había recibido uno como regalo de un sultán hindú. Las descripciones que del animal se hicieron, “con un cuerno en la frente”, rápidamente lo asociaron con el mítico unicornio, sobre todo en la edad media, cuando Marco Polo describió uno luego de su viaje a la China. Se creyó que su cuerno, como el del unicornio, tenía propiedades curativas y afrodisíacas, pero a falta de mayores datos ofrecidos por Maternus: Agisimba y sus rinocerontes seguirán inspirándonos para viajar por aquel lejano y casi mítico pasado.

Cristóbal Durán
ollin5@hotmail.com

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