Suplementos | Donde graves peligros amenazan, allí han de ir los misioneros “Viajen por todo el mundo y prediquen la Buena Nueva” El bautismo implica el compromiso doble de vivir conforme a la fe recibida y pregonar esa gracia a todos los hombres Por: EL INFORMADOR 23 de octubre de 2010 - 11:49 hs - / El Señor Jesús ya deja la tierra. Lo rodean los once. Su despedida es triste y tierna. Fueron sus discípulos, sus inseparables en los ires y venires en la gloriosa campaña de anunciar el mensaje de salvación, y de la fundación de su Reino con ellos como piedras fundamentales. El Reino, la Iglesia --congregación de los creyentes--, ha de perdurar en los años y en los siglos venideros. Ahora, con Él oculto pero sin Él visible, ellos serán los responsables. En esa despedida dejó el momento como último mandato: “Vayan por todo el mundo, prediquen, bauticen; el que crea y se bautice, se salvará”. Obedientes, alegres, dispuestos a todo se lanzaron, cada uno por su rumbo; sólo Santiago se quedó en Jerusalén. Pequeño les parecía el mundo para la grandeza de la ilusión, el ideal, la noticia de la que ellos, por mandato divino, eran heraldos, pregoneros. Los apóstoles fueron los primeros prisioneros En el idioma latino, para decir “envié” se dice “misi”; de allí viene el nombre de misionero, el enviado es quien tiene una misión, un encargo, un mandato recibido y un mensaje que transmitir. Y así la Iglesia --aquellos once primeros y después toda la Iglesia-- entendió que debería siempre ser mensajera, misionera. Veinte siglos después, en el mes de mayo de 2007, los obispos de América Latina y el Caribe, reunidos en el santuario de Aparecida, en Brasil, juntos oraron, estudiaron, analizaron y concluyeron; estrechadas las manos llegaron a la conclusión de que todos eran discípulos, uno solo es el Maestro y todos los misioneros. Con su signo discípulos-misioneros han dado un nuevo impulso al ineludible deber de vivir como discípulos y caminar como misioneros, con la consigna de llevar a todos el mensaje de salvación. Misioneros todos los bautizados Es una predestinación, un privilegio, una gracia, haber vuelto a nacer con el agua y el Espíritu Santo en la fuente bautismal. Qué alegría ser hijo de Dios por adopción, ser hermano por esta gracia de Jesucristo, el Hijo de Dios por naturlaleza. Mas el bautismo implica el compromiso doble de vivir conforme a la fe recibida y pregonar esa gracia a todos los hombres, porque “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1a. Timoteo 2, 1). Y ahora, en este siglo XXI, hace ya dos mil años de la venida del Hijo de Dios a la tierra y muchos todavía no tienen conocimiento ni de su persona --amor, vida-- ni de su senda, el camino para llegar al destino eterno y glorioso. Poco o nada saben de Cristo muchos hombres, y viven como si Cristo no existiera. San Pablo desde la prisión le escribió a su discípulo Timoteo una segunda carta, él satisfecho de padecer por Cristo, pero inquieto como siempre lo fue, insistiendo en que no se dejara de predicar el evangelio. “Predica la palabra, insiste a tiempo y destiempo, reprende, corrige, exhorta con constancia y doctrina”... “soporta los trabajos, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2a. Timoteo 4). Esta lección de Pablo debe resonar ahora en los oídos y en los corazones de los llamados y obligados a ser heraldos del Rey, a ser mensajeros de la Buena Nueva a todo el mundo, a todos los hombres; así lo ha dispuesto el Señor que ha de llegar el anuncio. Por eso, en este día es una recordación del deber de ser misioneros. Todos mensajeros Nunca han faltado, y en este siglo XXI son gloria y gozo de la Iglesia, los escuadrones de vanguardia, los numerosos y fervientes misioneros, milicia constante en países y regiones a donde han llevado la alegría de Cristo. Son escogidos operadores evangélicos. Se preparan para adaptarse a culturas, idiomas, climas y ambientes distintos de los suyos propios, y acaban por adquirir una segunda naturaleza en esos lugares a donde voluntariamente se han extraterrado. Mas esa gloriosa vanguardia está siempre sostenida por los misioneros anónimos, esos ocultos que con su oración y otros con el apoyo económico, sostienen la misión permanente de la Iglesia. Dos santos misioneros Un joven sacerdote nacido en el norte de España, se embarcó en Lisboa y le dio la vuelta al continente africano sin que nunca bajara su celo misional, porque después de largos años de evangelizar en la India, siguió sediento hasta Japón y quería más. Le llegó su última hora terrestre mientras desde una isla contemplaba anhelante las montañas de China. Es San Francisco Javier, sacerdote ferviente del siglo XVI, ahora patrono de las Misiones de la Iglesia. En la enfermería del convento de Livieux una religiosa de apenas veintitantos años, consumiéndose, purificándose en sufrimientos con la cruz de Dios, descubrió la gracia de ser misionera desde allí, desde su lecho de enferma. Ofrecía a Dios cuanto tenía por los infectos, por los misioneros. No dudó la Iglesia en designar a Santa Teresa del Niño Jesús --o Santa Teresita, como también se le llama, fallecida en 1897-- Patrona de las Misiones, ejemplo, modelo de los misioneros de retaguardia, igualmente necesarios. Una Iglesia misionera en el siglo presente La vida moderna, febril, alocada, inmediatista, materialista, afecta singularmente a la más bella institución divina y humana, a la familia. Esta es una institución de origen divino, es la unión de un hombre y una mujer y después el fruto de los hijos, para alcanzar la plenitud física, espiritual, moral. Una familia cristiana es un santuario de Dios. Donde graves peligros amenazan, allí han de ir los misioneros, a estudiar las causas, buscar y poner los remedios. “Bienaventurado el siervo de Dios a quien el Señor encuentra velando”. El mensaje del Señor Cardenal de Guadalajara en la misa de fiesta el 12 de octubre, en Zapopan, fue misionero; fue una evangelización, fue un llamado a defender la obra dispuesta por el mismo Señor como origen de la vida y escuela de virtudes humanas y cristianas. Y también ante ese materialismo, ese afán por tener y tener, un gran sabio, Pasteur, escribió: “El mundo se reirá un día de la necedad de nuestra moderna filosofía materialista. Cuanto más voy estudiando la naturaleza, más admiro las obras del Creador”. Muchos “perezosos mentales” viven sólo más para lo material, para lo inmediato; es una somnolencia. Un partido de futbol es un concierto de miseria estruendoso, una película basta para llenarles su mente. Allí debe llegar de misionero a despertarlos. Ante todo lo que preocupa y obliga, sólo hay una solución y es la respuesta de Cristo al fariseo: “Vivir el amor a Dios como primer mandamiento, y luego el próximo”. Por eso el misionero primero ha de predicar con el ejemplo, con el testimonio de su propia vida. Todos misioneros. Eso pide la Iglesia en este domingo. Primero con una vida de auténticos cristianos, y luego en concreción con toda la Iglesia, pensar, sentir, actuar con su convicción: ser misioneros. José R. Ramírez Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? 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