Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | Antoine de Saint-Exupery dejó al mundo uno de los más bellos libros

Viajando con un piloto de guerra

Antoine de Saint-Exupery, un intrépido piloto que, con sus aventuras, dejó al mundo uno de los más bellos libros

Por: EL INFORMADOR

Personaje. Este es un retrato de mi amigo el piloto aviador, según la visión y los pinceles de Omar Mijangos. ESPECIAL /

Personaje. Este es un retrato de mi amigo el piloto aviador, según la visión y los pinceles de Omar Mijangos. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (05/ENE/2014).- No es fácil viajar con alguien que además de ser valiente bravo e intrépido, se le da la cosa del pensamiento claro y la poesía sencilla y profunda. Y si difícil es llevar en la cabeza tantos pensamientos como los que un piloto de guerra puede traer en su alma… intentar volar con él hasta el asteroide B 612 pilotando su enclenque avión, resulta también un poco inquietante. Pero en fin… así fue que sucedió.

Les decía que mi amigo —que no es muy platicador—, con frases mochas interrumpidas por los quejidos del frágil y orgulloso Caudrón C-630 Simoun n7041 matrícula F-ANRY, a gritos me contaba que su primera experiencia aérea la había tenido a los 12 años, una vez que su amigo “que ya era muy mayor”, lo llevó a hacer un vuelo nocturno, apretujado entre los fierros de la cabina de su pequeño avión… una inesperada explosión me llenó la cara de gasolina cuando la hélice de madera comenzó a girar… y que el vuelo le había parecido fantástico habiendo marcado su vida... el ruido feroz del despertar del motor me aturdía…

La plática se interrumpió mientras mi amigo, atento, vigilaba la negra pista que se consumía bajo nosotros, escuchando con atención el ronroneo del motor, de donde colgaban nuestros pensamientos.

Ya en el aire… quién sabe que tanto me decía de unas cartas que entregaba en Buenos Aires… el viento y el ruidazo del motor no me dejaban escuchar… y que una vez, se cayó, junto, con, su, compañero… no oí su nombre… en el desierto de África… cruzamos una densa nube… y quedaron todos golpeados, sin agua ni alimentos, creo que… cuatro días… el vértigo del descenso sin previo aviso me mareó un poco… un beduino con su camello los rescató… la bruma de otra nube que atravesamos me distrajo… y me decía que… me platicaba que… creo que decía … que es diferente viajar en la noche sin aparato alguno… se me fue el alma al cielo mientras nos clavamos en picada para que viera unas vacas que pastaban allá abajo… que viajaba de noche llevando el correo (no había internet) a los remotos pueblos… un chubasco de moscos se estrelló contra mis lentes… de América del Sur… hélice, motor y viento confundían ruidos con las palabras… y su única referencia eran las lucecitas de los lugares por donde pasaba como fantasma, tan solo sostenido por el cielo negro… tratando de limpiarlos, embarré más los bichos estrellados en mis goggles… el olor a gasolina y aceite quemado, combinado con las piruetas, me hacían imaginarme dando maromas dentro de la boa que parecía sombrero… a gritos me platicaba no se qué de sus apariciones en el desierto… una tos del motor volvió a llenar todo de aceite… sus carcajadas de contento me hicieron entrar… todavía más… en el mundo de los sueños, perdiendo la realidad de nuestro vuelo… y creo que me decía que un príncipe se le había aparecido… y que tenía un volcán… y que una rosa era muy exigente con él, porque decía que era excelsa… y diariamente tenía que deshollinar unos volcanes… porque los baobabs… bajo nuestras alas (ahora de metal) aparecieron los poderosos motores del veloz Lighting P38 Lockheed en que volábamos… aumentando la velocidad hasta 700 kilómetros por hora mientras divisábamos la costa Sur de Francia… y que cuando se sintió más desolado entre las dunas del desierto, una víbora lo mordió, y fue enton… un estruendo y una luz fuertísima nos cegaron completamente… y no supe más de mi amigo poeta y aviador… que entre ruidos, aceite y viento trataba de contarme la historia de su vida… más tarde me enteré que un avión nazi nos había derribado a orillas del Mediterráneo.

Ahora… ya en silencio… meditando sus pensamientos… me aprecio de la dicha de haber volado con Antoine de Saint-Exupery: un Principito de verdad…

vya@informador.com.mx

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