Suplementos | Por: Vicente García Remus Veredas Laguna de Sánchez Por: EL INFORMADOR 11 de abril de 2010 - 06:25 hs CIUDAD DE MÉXICO.- Entre las sierras: La Laguna y El Muerto, y el cerro El Tejocote, se encuentra la atractiva Laguna de Sánchez, sitio que pertenece al municipio de Villa de Santiago, Nuevo León. Después de haber admirado los bellos parajes de espectacular altura, del cañón La Boca, continuamos por el fenomenal sendero, que fue ascendiendo por las faldas de la sierra San Isidro y las laderas del puerto El Burro, elevaciones que nos fueron brindando preciosos rincones hechizados. Vimos unas casas de El Calabozo, y luego nos encontramos con el camino que va a El Cilantrillo y a El Saucito. A un corto tramo del crucero atravesamos el poblado de San Isidro, alegrado por un arroyo, y posteriormente vimos El Ciruelo, animado por huertas que ratifican su nombre, fuimos apreciando potreros de ciruelos desojados, potreros de fragancias cuando florean sus árboles. En cuanto pudimos nos estacionamos en un claro del camino, para observar las fantásticas vistas que nos rodeaban, una de ellas era el extraordinario corte del cañón La Boca, y al fondo la sierra San Cristóbal, presumiendo de su altura, de su verticalidad y de sus pliegues que danzaban con garbo. Unos pájaros barranqueños y unas tortolitas volaban de un ciruelo a otro. Más arriba en otro claro, miramos con emoción un nuevo paisaje, del lado izquierdo, los hermosos pliegues de la sierra Potrero de Ábrego (viento sureste), acostados y cortados verticalmente, enseñando taludes blancos de considerable altura, tocando en su parte inferior con robledales que bajaban suavemente a El Ciruelo, al fondo, la desnuda y alta sierra San Isidro, del lado derecho, el puerto El Burro, salpicado de matorrales, en conjunto, un hermoso panorama, el cual disfrutamos un buen rato. Posteriormente seguimos nuestro andar por las montañas, donde unos halcones surcaban el cielo. En pocos minutos entramos a la sosegada población de Laguna de Sánchez y nuestro ánimo creció. Saludamos a un parroquiano octogenario, de tez blanca y ojos claros. Alejandro le preguntó por la laguna que deseábamos mirar, se sonrió y le dijo: “primo, de la laguna nada más queda el nombre y el recuerdo, hace bastante tiempo dejó de existir, solo cuando caen torrenciales, como el pasado “Gilberto”, la laguna cobró vida por unas semanas”. Nos indicó que a dos cuadras con dirección este, veríamos la laguna que no era tal. Le pregunté a Alejandro que porque le había dicho primo, y me contesto: “por estas regiones se dicen primos o primas de cariño”. Recorrimos las dos cuadras y fuimos cautivados por la bella laguna, aunque carente de agua, pero embellecida por los montes colindantes. Alejandro fue al estanquillo (palabra muy usada en estos meridianos) más cercano, a adquirir unos jugos y unas botanas, que degustamos sobre una pequeña loma, vecina de una bizarra casa de adobe, carente de techumbre, con una pequeña ventana que se asomaba a la laguna y una romántica puerta que ligaba a los tapancos. Nuestra vista era increíble, el lecho con bonitos trigales, al costado izquierdo, la sierra La Laguna, con escarpadas laderas, en frente de ella, el cerro Tejocote, con cautivadoras peñas, y detrás de los trigales, la maravillosa sierra El Muerto, que mostraba bastantes pliegues en distintas direcciones, algunos pliegues tocaban las elevadas crestas de 2,200 metros. Luego de habernos impregnado de las bellas formas de la laguna, entramos a la finca mencionada y nos acercamos a la ventana, que enmarcaba a la expresiva laguna. Saludamos a Adela Torres, agradable dama de varias décadas, quien nos comentó: “primos, algún día muy cercano, volverá a ser laguna”. Temas Pasaporte Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones