Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Por Vicente García Remus

Veredas

Fincas de Zapotlanejo

Por: EL INFORMADOR

Parte complementaria

Al salir de la parroquia vimos la bizarra Casa de la Cultura, anteriormente el curato, donde pernoctó Hidalgo antes de la Batalla de Calderón. Las puertas nos mostraron cautivadores marcos de cantera gris, con bajos relieves de guirnaldas en los dinteles, las ventanas con buena forja y unas gárgolas se asomaban próximas a la cornisa. El patio de cuatro corredores fue delimitado por una serie de dobles columnas, perdió algo de su esencia al ser cubierto por vidrios. Los corredores ligan con las salas, donde el arte se manifiesta.

Anduvimos pausadamente la calle Clemente Orozco, admirando sus casonas, como la casa blanca de espigadas ventanas y balcones; la casa Castellanos, con agradable zaguán, del lado izquierdo está la tienda, con cuatro puertas arqueadas, capiteles dóricos y medallones. Y del lado derecho, dos ventanas de la sala hacen contacto con la calle. En el segundo piso, hay dos románticos balcones corridos, donde abren unas puertas moriscas, por último se encuentra la casa verde o Álvarez, antes fue mesón, donde Allende pasó la noche previa a la referida batalla. Uno de los miembros de la familia Álvarez fue Silviano, quien en los albores del siglo pasado se destaco como fotógrafo. Lo que era la tienda de abarrotes que atendió en su momento Alberto Álvarez, por aquellos tiempos, hoy es una preciosa sombrerería llamada “Chicho”, también se venden huaraches y botas, está animada por enseres añosos de la familia, y la dirige Enrique Álvarez. Otras calles ostentan de casas añejas, por cierto la calle Aldama tiene una, que lamentablemente está agonizando…

Cruzamos la calle Hidalgo y nos sentamos un rato en una de las bancas sombreadas de la bonita plaza, las sobras las regalaban unos truenos, ficus y palmeras, vimos el kiosco de aire porfiriano, con fierro y lamina, con dragones que iluminan, su base octagonal es un cuarto de múltiples usos. Del lado poniente hay una cabeza de águila, que conmemora la Independencia y del lado opuesto un busto del líder que nos brindó patria, en el lado norte, admiramos una fuente bailarina, catorce chorros danzaron con gracia y armonía, una marimba hacía comparsa.

De la plaza, bajamos a observar las ruinas del templo Sagrado Corazón, entramos a una primaria oficial y al fondo del patio nos cautivo lo que queda del templo, que prácticamente es la entrada, con la puerta principal, alta y ancha,  dos puerta laterales, arriba del cornisamento corresponden dos ventanas verticales, una completa y otra trunca. Los techos eran cúpulas por nervadura. Los muros laterales nos indicaron que el templo se abría en su interior. La fachada principal nos mostró la puerta principal, con capiteles dóricos, que soportan un arco de medio punto. Después recorrimos unas cuadras para encontrarnos con el puente Juan Terríquez, antes conocido como de Matatlán, por donde pasa el arroyo Huejotitlán. Lo forman tres arcos en medio punto, con contrafuertes en puntas diamante en los muros que los unen.

A un costado del puente vimos el grueso sabino, de donde el 17 de enero de 1811, Juan disparó la flecha que dio muerte a Manuel Flón, conde de la Cadena. Dimos unos pasos para contemplar el expresivo monumento, Juan sobre el sabino a punto de soltar la gloriosa flecha. ¡Viva Hidalgo! ¡Viva Terríquez! ¡Viva Zapotlanejo!

Posteriormente fuimos por unas cervezas a “El Socorro” y luego por unas tostadas estilo Zapotlanejo, con “Lucy”.

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