Martes, 14 de Octubre 2025
Suplementos | Vicente García Remus

Veredas

Playa el Coco

Por: EL INFORMADOR

Entre el cerro San Francisco y la playa de Oro, se encuentra la sensacional playa llamada: “El Coco”.

Tiempos fríos, tiempos de ir a la costa, mi familia y yo partimos rumbo a la “Costa Alegre”, atinado atributo. Atravesamos el fabuloso Río Marabasco para entrar a Cihuatlán, José María Arreola, nos dice: Tlán, terminación de lugar, posesiva, cihuatl, la mujer; pero en este nombre se refiere a la mujer como divinidad, que se llamaba Cihuacoatl, la mujer culebra. “Lugar dedicado a la diosa Cihuacoatl”. Miramos el monumento dedicado a los soldados de México, por el apoyo brindado en el temblor de 1995, y a lo lejos la parroquia de la Santa Cruz, con sus altos campanarios, en medio una torre para el reloj y la cúpula con linterna. Luego de la población, vimos un precioso bosque de palmeras. Pasando San Vicente, el camino empezó a ascender y a una corta distancia nos desviamos a la izquierda, por el sendero a La Culebra, fuimos apreciando las expresivas palmeras de Casa Blanca, después cruzamos el arroyo Seco, pasamos por el rancho de igual nombre y posteriormente por La Culebra, súbitamente percibimos la briza marina, el canturreo de las olas y luego, el vibrante y cautivador mar. Seguimos el camino, que fue bordeando la fantástica playa El Coco, en dirección oeste, vimos bonitas edificaciones, entre ellas una casa sobre columnas de más de tres metros de altura, con volados y techos inclinados, otra finca era la Posada el Coco, con cabañas y restaurante.

Poco antes de llegar a un fraccionamiento, viramos a la izquierda por una brecha que nos adentro a la playa, bajamos emocionados del coche, la playa simplemente nos estaba aguardando, para regalarnos un inolvidable chapoteo. La sensacional playa comprende unos diez kilómetros de la punta Graham a la playa vecina; “Playa de Oro”. Observamos el bizarro cerro San Francisco, que nos mostró sus peñas, sus pliegues y sus crestas.  En el otro extremo, atisbamos el inconfundible islote Peña Blanca, que se ubica frente al cerro Solocoaguil. Las azules olas reventaban fuerte y cerca, presumían de belleza y de altura. Nos tiramos clavados por debajo de la ola, para librarla y después brincar y disfrutar de muchas, muchas olas, el agua estaba fresca y el sol un tanto tibio. Luego del delicioso baño, jugamos con la fina arena, posteriormente nos sentamos a admirar la inmensidad de agua en movimiento, del bello Pacífico.

Carlos Pizano puso en tinta: “El 1º de noviembre de 1542, partió del Puerto de la Navidad, la expedición de Ruy López de Villalobos, compuesto de cuatro navíos, una goleta y un bergantín, con 370 personas a bordo. Bien provistas de armas y víveres. Los expedicionarios descubrieron algunas pequeñas islas, como Santo Tomás, La Nublada y la de Roca Partida. Dos de ellas, cuando menos, en el archipiélago ahora llamado de Revillagigedo. Hacia el oeste, otras hermosas islas que llamaron de los Jardines. Finalmente llegaron al archipiélago bautizado como “San Lázaro”, por Magallanes. Fue así como durante esta expedición, la de Ruy, el archipiélago tomó el nombre de Islas Filipinas. En honor del príncipe de Asturias, futuro rey de España, Felipe II. López de Villalobos murió en la isla de Ambonia, el domingo de Ramos de 1546”.

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