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Martes, 19 de Noviembre 2019
Suplementos | Por Vicente García Remus

Veredas

Unión de Guadalupe

Por: EL INFORMADOR

Sobre una pradera de la Sierra el Tigre, por donde corre el arroyo Tepequi, se encuentra el romántico pueblo llamado “Unión de Guadalupe”.

De Techague, seguí rumbo a Unión, la brecha continuó subiendo; me detuve a mirar el caserío de Techague, entre potreros y cerros, con el cordón de árboles que delataba su arroyo. El maravilloso bosque no dejó de mostrarme llanos floridos a diestra y siniestra del camino. Luego de admirar hermosos parajes, me paré en el increíble “Paradero Aguacatitlán”, donde aprecié unos tanques redondos en una cuesta, por ende, cada tanque tiene su nivel propio, dándole un atractivo movimiento al conjunto. Lo interesante de los tanques, es que albergan truchas arcoiris. Mientras observaba los preciosos cardúmenes, Max Zonagua prendió unos ocotes, los cubrió con carbón y lo atizó un rato, después sacó unas truchas, las limpió, les puso hierbas y las fue envolviendo en papel aluminio con algo de mantequilla, luego nos deleitamos de aquel manjar, a la vez que llenábamos las pupilas de parajes serranos.

Federico Munguía Cárdenas citó: “El 27 de mayo de 1916, en un punto denominado la cuesta de Los Pochotes, entre Atoyac y Unión de Guadalupe, fue víctima de una emboscada el ex coronel José María Contreras, cuando de Atoyac se dirigía a Unión. Los asesinos se fortificaron tras una cerca de piedra e impunemente dispararon contra su víctima. Dos acompañantes de Contreras corrieron a esconderse y salvaron su vida, no así éste, que a campo descubierto contesto el fuego, recibiendo varios tiros y falleciendo poco después, siendo trasladado su cadáver a Sayula, donde recibió sepultura. Tenía, al morir, treinta y ocho años de edad, y era originario de Unión de Guadalupe…terminó la vida de un limpio y leal revolucionario, primer jefe maderista en Sayula y luchador contra el huertismo”.

Del paradero continué mi andar por el sensacional bosque, después vi las fincas de Unión, bonitas casas de adobe, con ventanas verticales arqueadas, de cuatro hojas de madera, con marcos de cantera o ladrillo. Algunas fachadas están enchapadas con ladrillo y rajuelas de teja. Contemplé una casona abandonada, con tienda en su esquina, con dos puertas arqueadas en una calle y una puerta en la otra vía. Recorrí varias calles mirando fachadas, enseguida fui a la plaza de corpulentos árboles, detrás de una fuente de una copa, observé la capilla, la puerta principal en arco de medio punto sobre capiteles dóricos, con atractivo friso en relieve, sobre la cornisa está la ventana coral, rectangular y con un emplomado de la Virgen de Guadalupe, la ventana fue rematada con volutas y una cruz, hay una almena piramidal por lado, arriba una linterna con cruz, elemento de cúpula. A la izquierda miré el campanario, es de dos cuerpos, sobre planta cuadrada y con dos vanos arqueados por cara, el remate tiene base hexagonal, con reloj y vanos circulares, fue coronado por un cono hexagonal. El atrio con altas milpas y el interior es de una sola nave, con triples columnas dóricas, con señorial cornisa y atractivas ventanas, varios arcos unen los muros laterales, la techumbre debería de haber sido con cúpulas y no bóvedas planas.

La Estadística de la Municipalidad de Atoyac, de 1880, refiere la iglesia parroquial, la capilla de Cuyacapan y la de El Tigre. Otro documento de principios del siglo pasado, dice: “El punto que se llamaba El Tigre es ahora, la Unión de Guadalupe, la población es bastante segura”. El Tigre fue una hacienda y en 1791, era de Pedro Martín Barragán. Legendaria hacienda que dio nombre a la fantástica sierra.

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