Suplementos | Vicente García Remus Veredas Estero Palo Verde Por: EL INFORMADOR 7 de febrero de 2009 - 21:58 hs La Laguna Cuyutlán se fusiona en su lado este con el bello Estero Palo Verde. Luego de haber observado unos cocodrilos (tienen válvulas en sus fosas nasales para impedir que penetre el agua cuando se sumergen, y a la vez una membrana protege sus ojos) en El Tortugario, Centro Ecológico de Cuyutlán, vimos unos chamacos disfrutando de una alberca, dimos unos pasos y nos encontrábamos ante el fantástico embarcadero del estero. Un folleto dice: “El ecosistema del manglar es el conjunto de árboles de mangle que se localizan en zonas aledañas al litoral, adaptándose a diferentes condiciones de salinidad, donde existen una gran diversidad de especies, desde microorganismos hasta mamíferos y cientos de aves. Para un efecto de conservación y de uso escénico de contemplación, se creó un proyecto de paseos en lancha en coordinación con el departamento de educación ambiental, promoviendo el conocimiento para valorar y conservar este ecosistema, fortaleciendo así, el desarrollo sustentable de los recursos naturales del estero”. Con desbordante emoción abordamos la lancha “Jacana”, el timonel de nombre Carlos. Estábamos en un maravilloso túnel de mangles rojos y blancos, en ciertos espacios dominaban unos y en otros se entrelazaban con gracia y armonía, compartiendo agua salobre y rayos de sol, rayos que salpicaban reflejos en el espejo de agua, a veces clara y a veces turbia, agua color café que se tornaba verde y azul, según la sombra o la profundidad, reflejos de troncos, de ramas, de lianas y de follaje de vividos colores. Fuimos recorriendo el túnel con gran regocijo, al fondo apreciamos una pequeña luz blanca, conforme avanzábamos se fue manifestando, nos encandilo un poco al llegar a un claro, donde admiramos unas flores de loto y unas jacanas sobre sus grandes hojas, más adelante contemplamos unas gallaretas y una parvada de pelícanos blancos. Cada vez que atisbábamos un animal, el timonel detenía la lancha para que observáramos mejor y por un rato la especie que nos regalaba su esencia. Fuimos sorprendidos por una garza nocturna, unos milanos caracoleros y un águila pescadora, que llegó al dosel de una palmera. Entramos a otro hermoso túnel de mangles y de cuando en cuando había un claro que le brindaban color y contraste. Sobre una rama contemplamos una serpiente acuática, después admiramos unos cormoranes, unos pichichis y unas fragatas tricolores, el cantar de los pericos alegraba el espacio, al volar por el estero. Llegamos a El Paraíso y nos regresamos. En unos extremos el tule formaba parte del paraje. El paseo terminó en el extraordinario muelle “La Esperanza”, llamado así por el deseo de conservar el refugio natural que el estero representa. El muelle es de madera y se interna entre los mangles, uno que otro con termiteros, enjambres de termitas. Un sitio fastuoso y lleno de energía natural. Temas Pasaporte Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones