Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | La oración del Padre Nuestro es, según Tertuliano, el resumen de todo el Evangelio, y para Santo Tomás es la más perfecta de todas

Venga a nosotros tu Reino

Para acercarnos aunque sea un poco a la profundidad de esta petición, es necesario enfocarnos hacia el concepto de Reino

Por: EL INFORMADOR

Primera parte

     La oración del Padre Nuestro es, según Tertuliano, el resumen de todo el Evangelio, y para Santo Tomás es la más perfecta de todas las oraciones. De las siete peticiones que contiene, nos ocuparemos de la segunda: Venga a nosotros tu Reino, con la que la Iglesia pide no sólo la venida final del Reino de Dios, sino también que crezca aquí ya desde ahora, por medio de la santificación de la humanidad y su compromiso con la justicia y la paz (Catecismo de la Iglesia Católica, 2818).
     Para acercarnos aunque sea un poco a la profundidad de esta petición, es necesario enfocarnos hacia el concepto de Reino. Puede iniciarse con las siete parábolas del capítulo 13 del Evangelio según san Mateo, de las cuales tres son explicadas por Jesús mismo. A lo largo de los cuatro evangelios se encuentran más alusiones y descripciones del Reino, pero nos contentaremos de momento con las de Mateo. En la parábola del sembrador, Mateo relata como la acción del sembrador se inspira en la acción de Dios y en su elección de los sencillos para que continúen con la misión salvadora de Jesús, por lo que a quienes no estén dispuestos a escuchar ni a creer en las verdades relativas al Reino emulando a los escribas y fariseos, el Reino de Dios les será negado.
     Las parábolas del grano de mostaza y de la levadura enfatizan el contraste entre un inicio pequeño y prácticamente insignificante y un resultado final impresionante, mientras que las de la cizaña y de la red se refieren a la fase terrena del Reino que actualmente estamos viviendo. En ésta coexisten buenos y malos, pero al final de los tiempos se llevará a cabo la separación definitiva. El punto clave de la cuestión está en la pregunta que se plantea al propietario del campo, sobre qué debe hacerse con la cizaña que crece con el trigo. El problema es que al inicio del crecimiento la cizaña y el trigo se parecen, por lo que al arrancar la cizaña se podría arrancar también el trigo. Es necesario estar prevenidos, pues Satanás también siembra, por lo que el bien y el mal coexisten dentro de la Iglesia.
     Otro aspecto a recordar es que Jesús no reunió a santos y puros, sino que dirigió su mensaje –aún hasta nuestros días– a los pecadores, razón por la que se ganó el rechazo. Con esta parábola encontramos una explicación para la postura de N. S. Jesucristo: mientras llega el momento final, hay tiempo para la conversión y la misericordia; Dios ofrece un plazo de gracia a los pecadores. En nuestro mundo es necesario permanecer unidos a Cristo para dar abundantes frutos, como lo afirma en el Evangelio según San Juan (15, 5-6): “Yo soy la vid y ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y Yo en él, ese dará mucho fruto”.
     Las siguientes parábolas, del tesoro escondido y el comerciante de perlas,  nos hacen ver que quien encuentra el Reino de Dios siente tan inmensa alegría, que es capaz de dejar todo, inclusive a sí mismo, con tal de adquirirlo. Estas dos parábolas son una invitación a liberarse de todas las ataduras terrenas, pues Jesús dice en su Pasión que su Reino no es de este mundo. Con estas parábolas se invita a los cristianos que han descubierto el  Reino, a que sean perseverantes y congruentes con su elección, y a que la vivan con alegría.
     Es cierto que puede rechazarse el ofrecimiento como lo hizo el joven rico (Mt 19, 21-22), pero la actitud del verdadero discípulo ante el descubrimiento del Reino de Dios es estrictamente la conversión, el cambio de orientación de la propia vida en un ambiente de alegría. En otras palabras, el Reino no tiene connotaciones  geográficas, ideológicas o culturales, por lo que más bien ha de relacionarse con una vivencia determinada.
     El Reino de Dios no está constituido por estructuras, sino por personas. Quien entroniza el amor en su vida, se convierte automáticamente en ciudadano del Reino que anunció N. S. Jesucristo. En cambio, él o ella se alejará del Reino conforme se deje inmovilizar por las cadenas de su egoísmo. La vida supone una lucha tenaz por afianzar el Reino en el fondo del corazón, pues no es la persona la que penetra en el Reino, sino éste penetra en la persona. Que el señor nos bendiga y nos guarde.
     
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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