Jueves, 16 de Octubre 2025
Suplementos | El haragán culturoso

Veinte mil leguas de viaje subnormal

Por: Jorge Zul de la Cueva

Por: EL INFORMADOR

El Capitán Lelo llegó ese medio día al Mercado del Mar después de haber luchado con la temible torta bien ahogada y su fiel acompañante la cervecelada. Nuestro valiente Capitán tuvo el sobrado temple de echarse al plato a tres tacos dorados con buche.

Al Mercado del Mar el capitán iba a buscar pelea. Andaba en busca de dos o tres huachinangos de buen calibre para ponerles una zarandeada de padre y señor mío, y encontró en mariscos la inigualable luna de Jaguai el perfecto enemigo a vencer. Se hizo embolsar sin remilgos ni dudas a los huachinangos para posteriormente elegir un pulpo de gran formato para aventarse un mano a mano al estilo Veracruz.

Cuchillo en mano un fiel marinero de la inigualable luna de Jaguai abriole al Capitán Lelo una docena de patas de mula. Mariscos infames y crueles que habitan en la inmundicia y que son por fuera negros como por dentro lo es su corazón.

Atacoles con ácido cítrico y llenolos de picante el capitán para después, cuando todavía se movían en estertores, deglutirlos. Y este fue el error grave del Capitán Lelo. Habiendo tantos moluscos, siendo ellos uno de los grandes capítulos del reino animal tuvo que escoger ese precisamente.

Y hay que tener bien claro que los moluscos son invertebrados protóstomos celomados, triblásticos con simetría bilateral (aunque algunos pueden tener una asimetría secundaria) y no segmentados, de cuerpo blando, desnudo o protegido por una concha. Los moluscos son los invertebrados más numerosos después de los artrópodos, e incluyen formas tan conocidas como las almejas, pepitonas o arcas, ostras, calamares, pulpos, babosas y una gran diversidad de caracoles, tanto marinos como terrestres. Se calcula que pueden existir cerca de cien mil especies vivientes y entre tantas especies me parece lógico pensar que un bicho que vive entre la porquería y es propenso a cargar toda clase de males y enfermedades es una opción más bien pobre.

- “¡Por las barbas del Rey Clarión!” exclamó el contramaestre al ver la terrible acción del capitán. “Pero no se da usted cuenta de que esos moluscos inmundos son dañinos para la salud y peligrosos para el alma”.
- “Será el sereno”, dijo el capitán, “pero también saben a todo mecate”.
Horas más tarde, intoxicado gachamente, el capitán sudaba a cubetas y sufría de ardores y mareos. Por razones obvias, descartó la posibilidad de que se tratara de un embarazo. Pero cuando comenzaron a salirle granos y a dolerle las articulaciones consideró que podría tener el tan de moda dengue, que no hemorrágico, porque desde que compró el asiento acojinado para la cabina no sufría de hemorroides o bien la dichosa A H1N1. Fueran peras o manzanas a las pocas horas el capitán ardía en fiebre en su camarote del Naquilus. Y al verse lleno de ronchitas pensó con la claridad del delirante que claramente le estaban germinando algas marinas.

Y ya ardía en calores infernales y ya sufría glaciales fríos que le hacían temblar la dentadura, chocar las rodillas, ya duerme por 16 horas y se siente bien 15 minutos para caer de nueva cuenta en su delirio. Cuando regrese el capitán, a la realidad, elegirá mejor su alimento marino.

Tapatío

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