Jueves, 16 de Octubre 2025
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Estatuas hechas de hombres y mujeres

Por: EL INFORMADOR

Por una razón o por otra, siempre que salimos a las calles de nuestra ciudad observamos a cientos de personas en acción por su diario vivir. Lo que caracteriza a estos ciudadanos es el dinamismo con el que todos los días luchan, cargan, llevan, conducen, lavan, atienden… y mil cosas más. Entre los escenarios citadinos, desde hace algún tiempo a la fecha, hemos empezado a ver extrañas figuras humanas que llaman la atención de los paseantes y que en ocasiones parecen formar parte del ornamento urbano. Se trata de las estatuas humanas. Personas que representan a mineros, religiosos, muñecos de cartón, músicos, robots y otras figuras susceptibles de ser representadas por la figura humana.

La inmovilidad es uno de los atractivos de estas esculturas, de tal modo que dan la impresión de una imagen sacada de algún cuadro pictórico, o ser la reproducción de una auténtica escultura sea de piedra, arcilla, plástico, metal o madera. El arte consiste en que por fuera, lo que está a la vista del espectador, la figura luzca inerte, como congelada en el tiempo y con la mirada perdida en la nada. Esta gracia se rompe momentáneamente cuando el paseante deposita una moneda en la pequeña caja que yace a un costado de la estatua, lo que provoca que ésta realice movimientos robóticos que son en sí una nueva gracia y atractivo que asombran al observador.

Resulta curioso que con su inmovilidad, su profundo estatismo, se ganen el pan de cada día, en contraste con la ajetreada vida urbana, con la modernidad y tecnología que a diario irrumpen en el escenario visual (máquinas, edificios…) como auditivo, con los feroces ruidos cotidianos que ya hemos aprendido a vivir y convivir con ellos.

Las estatuas humanas son la antítesis, el contraste, la pasividad del mundo que les rodea. Esas esculturas son de piel estática, fría y evocadora de la eternidad, pero por dentro tienen un corazón que late y vibra, pulmones que aprenden a controlar el ritmo de la respiración, sangre que irriga cada rincón del cuerpo, del cuerpo encapsulado en el tiempo. En cierto modo, son también el contraste del mimo, quien sin el habla, apoyado por sus movimientos corporales, debe desarrollar su mensaje y su sentido de ser, contra la inmovilidad total de la estatua. Ambos conviven juntos, son personajes de nuestra ciudad.

Pensemos la alegoría en sentido inverso. Éstos no son humanos que representan una escultura, son esculturas que se creen humanos, por momentos se mueven como nosotros y, al final del día, caminan entre nosotros. El realismo es tal que su humanidad la esconden magistralmente entre las ropas y la pintura con la que caracterizan al personaje.

Algo que he notado es que también la época del año les dicta las representaciones que han de realizar: en temporada navideña el nacimiento de Jesús es reproducido de manera sorprendente como esculturas de mármol con un blanco resplandeciente; lo mismo en Semana santa y otras épocas del año, como cuando en cartelera se presenta una película que alcanza cierta popularidad, no falta que sus personajes pronto los podamos ver en las calles, congelados por estos artistas de lo estático, del dominio de lo inmóvil.

Otras imágenes como un vaquero que nos recuerda las aventuras del viejo oeste, o bien, un hombre águila o un minero que posa con su herramienta en mano para picar la roca y su casco con una pequeña lámpara, todo ello cubierto por el polvo de la mina, que puede ser dorado, plateado o algún otro tono.

Este fenómeno no es exclusivo de nuestra ciudad, ni del país: en las principales ciudades del mundo se pueden encontrar en los rincones más concurridos. Los temas sobre historia y mitología antiguas, en la que predominaban los hombres alados, mitad humanos y mitad animales, o héroes de guerras míticas o históricas y gobernantes legendarios, a menudo son escenificados por estos artistas. Esta manifestación ha alcanzado gran popularidad mundial, al grado de que en marzo pasado se realizó la IV Muestra de estatuas humanas, en el marco del Día mundial del teatro, con un amplio festival cultural en las Islas Canarias, España.

Estas estatuas se han convertido en una nueva oferta de disfrutar la ciudad; si bien desde siempre hemos tenido estatuas para homenajear a los “héroes que nos dieron Patria e Independencia”, entre otras cosas, ninguna de ellas respira, ni les late el corazón, no les corre la sangre, pues ni siquiera tienen venas como sí las tienen las estatuas que ahora comentamos, y que seguramente seguiremos disfrutando de una amplia variedad en tiempos venideros.

Tapatío

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