Suplementos | El Mesías no era como lo esperaban muchos judíos, con poder económico, político y militar Una visión más allá de la Tierra Los discípulos del Señor ya llevaban días y días apachurrados, tristes. Con entusiasmo y generosidad dejaron todo... Por: EL INFORMADOR 27 de febrero de 2010 - 12:55 hs Los discípulos del Señor ya llevaban días y días apachurrados, tristes. Con entusiasmo y generosidad dejaron todo: sus barcas, su trabajo, su familia, por seguirlo, y todo iba muy bien... pero el Maestro los desilusionó. El Mesías no era como lo esperaban muchos judíos, con poder económico, político y militar. Les anunció su verdadera misión: fue enviado por el Padre para entregar su vida para la redención, para la salvación de todos; sÍ, de todos los hombres, no solamente los judíos. El anuncio de su pasión y su muerte los consternó. El Señor, que no sólo ve los rostros, sino también --y más-- los corazones, quiso curar del “escándalo de la Cruz” a los tres más destacados del grupo: Pedro, el que sería jefe, cabeza del Reino; Santiago el mayor, el destinado a ser el primero en ofrendar su vida, en regar con su sangre la sementera del Señor; y Juan, el testigo atento y fiel para captar y transmitir la maravilla de la divinidad de Cristo y su mensaje de amor. Para ellos estaba destinado un regalo del más allá; y ellos, los tres, acompañaron a Cristo a la cumbre de un monte para hacer oración. “Y mientras oraban, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes” En el primer domingo de Cuaresma, Cristo es el hombre con hambre, hace penitencia y sufre tentaciones; en este domingo se manifiesta con su majestad, con su poder. Moisés y Elías acuden a su voz y aparecen a su derecha y a su izquierda. Él es la plenitud de la ley. Moisés fue un enviado de la antigua ley; Elías fue el pregonero, el esforzado para enfrentarse a los ignorantes, a los ciegos atados por falsos dioses a falsos cultos; les reveló que un solo Creador de lo visible y lo invisible era el verdadero Dios. Dios todopoderoso ha sabido regalar visiones celestiales a almas singulares, entonces, después y ahora. Son momentos que impactan para siempre a quienes han tenido esas visiones. San Pablo recordaba catorce años después lo que a él le aconteció: “Sé de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años --si en el cuerpo o fuera de él, no lo sé, Dios lo sabe-- fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar” (2 Cor 12, 2-4). Pablo no mentía: tuvo una visión del cielo como la tuvieron los tres apóstoles. Fuerte, breve, refulgante, se asomaron al más allá del mundo, este pequeño planeta donde todo se quiere resolver con la ciencia, con la técnica y con el testimonio de los sentidos. Cuentan que al Papa Pío XII --a quien le tocó sobrellevar la cruz como pastor universal en la tristeza y las angustias de la Segunda Guerra Mundial, en los últimos años de su vida-- se le apareció el Señor Jesús. Nadie puede dar testimonio. Lo que sí es cierto es que en adelante era un Papa como alejado de este planeta en que ponía sus pies. Se tienen noticias de que otros fervientes cristianos han tenido revelaciones, gracias especiales para almas privilegiadas. La jerarquía eclesiástica cuida delicadamente estos casos. No vayan a ser iluminismos, revelaciones falsas. Un teólogo muy sabio decía en lenguaje coloquial: en estos casos se dan tres posibilidades: si es una verdadera revelación, si es efecto de la parapsicología, o si es una superchería. “Una nube los cubrió y al verse envueltos en la nube se llenaron de miedo... y de la nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo, mi escogido. Escúchenlo” La revelación llegaría a su cúlmen al escuchar la voz del Padre. Los tres discípulos tuvieron la gracia de escuchar esa voz que revelaba la presencia de Dios. Cristo es Kyrios, el Señor de los cielos. Muchos en este siglo --época electrónica, pragmática y mediocre-- sólo atienden a las voces de la ciencia y la técnica, y cuantas veces han querido ver en la figura de Cristo sólo un hombre que pasó, no han encontrado la realidad: que Cristo es El que Es y el que Será siempre. Cristo es el Hijo de Dios. Es la relación directa, personal y amorosa de Dios a los hombres. El cristianismo es Jesucristo Dios y hombre verdadero. Por eso Cristo se presenta así: como el Hijo del Padre. Él dice que es mejor que Jonás y que Salomón (Mt 12, 41). Dice: David lo llamó su Señor (Mt 12, 36), mayor que Moisés y Elías (Mt 17, 3); que Abraham se alegró por ver sus días (Jn 8, 56); que “muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron” (Lc 10, 24). Y Él, porque es Dios, se adjudica el poder de perdonar los pecados. Le llevan en una camilla a un paralítico y lo ponen a sus pies. Ante el asombro de todos, Cristo le dice: “Tus pecados te son perdonados”. Todos quieren romper sus vestiduras, escandalizados: “¿Quién es éste que perdona los pecados, pues sólo Dios puede perdonarlos?”. Y Cristo les dice: “Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene el poder de perdonar los pecados, yo te lo digo a ti: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’”. Todo queda sin sentido, si se despoja a la figura de Cristo de su categoría de Dios. Por eso allá en Cesarea de Filipo, Cristo les pregunta a sus discípulos “¿Quién dicen ustedes que soy yo?”. Y Pedro le contesta con inspiración divina: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 18). “Si no fuera Dios, no podría decir ‘Yo soy la resurrección y la vida’” (Jn 11, 25). Dios ha manifestado su amor por nosotros al enviar a su únicoHijo al mundo (Jn 4). Jesucristo es Dios; Dios y hombre verdadero. Allí los tres discípulos quedaron anonadados ante la revelación: Cristo es Dios. Cristo es el cristianismo. Cristo es Dios y es hombre Vino del Padre (Jn 16, 20, mas nació de una mujer (Gal 4, 4) Esa es la actualidad. Son las dos naturalezas en una sola persona: Desciende del cielo como una lluvia y nace como un germen. El Dios fuerte es un niño, es el reuevo de Yavéh, es el único Hijo (Is 9, 6). Nace en la tierra; nacerá como y todos los hombres y de la tierra. Cuando se dice tomar carne, es hacerse hombre. Carne es lo visible, es lo frágil, es lo que duele, es lo que hay que curar, es la materia. Y el Hijo de Dios, para asumir todas las flaquezas del hombre, menos el pecado, toma carne, se hace visible, se hace frágil: brotará como una flor, una flor muy pequeña, nutrida con los zumos del suelo. ¡Qué maravilla es ver a Dios en la pequeñez de un niño recostado sobre las pajas, Dios y hombre! La transfiguración del Señor es un mensaje de esperanza El hombre es pequeño. Todavía no inventan una máquina que pueda cruzar el espacio a la velocidad de la luz, pero si un día lo llegaran a lograr, para atravesar la Vía Láctea tendrá que hacer un recorrido de tres siglos, trescientos años. ¡Qué pequeño es el hombre! Mas la distancia entre el hombre y Dios se hace pequeña cuando Dios baja. Por eso siente la presencia de Dios. El hombre no es solamente, como alguien con desprecio lo definió, “una araña con dos patas”, o como dijo Pascal, “una caña pensante”. El hombre lleva en sí mismo su grandeza, que es el alma hecha a imagen y semejanza del Creador. Y si Dios es admirable por su creación al hacer al hombre así como es, espíritu, alma, materia, cuerpo, más admirable es en su redención; porque la enorme distancia más allá de la Vía Láctea, la distancia que hay entre lo infinito que es Dios y lo limitado que es el hombre, entre lo inmortal que es Diosy el mortal que es el hombre, se ha acortado con el misterio de la Encarnación. Ya no hay distancia. Dios es vecino del hombre. Y Él lo dijo: “Yo estaré con ustedes hasta la consumación de los tiempos”. La consolación espiritual Muchas almas pasan a veces por etapas de abatimiento, de desolación y a veces de depresión. El mejor remedio para esas horas tristes lo dan los maestros de vida espiritual: No mudar ni un solo instante su postura ante Dios; dejar que pasen, pero con la certeza de que Dios está cerca. La fe, la esperanza y sobre todo el amor, hacen más llevaderas las horas tristes, que son las infaltables en la vida del hombre. Cuántas veces las almas más cercanas a Dios son las más vapuleadas con pruebas. Santa Teresa cuenta de sus largas temporadas de sequedad espiritual, largo tiempo en que parecía que su oración no era escuchada, que sus obras buenas no tenían sentido, y ella permanecía siempre firme, esperando que llegara la consolación. El Evangelio de este domingo es un aliento para acudir a Dios en tiempos difíciles. Difíciles eran aquellos días para los tres apóstoles, porque empezabn a sentir que tal vez la empresa a la que se habían lanzado no tenía sentido; pero el Señor, en un instante, les mostró su rostro, les mostró su majestad y volvieron a tener confianza para seguir. La aplicación práctica para la vida del cristiano es no desfallecer. Siempre buscar el rostro de Dios en las alegrías, que es fácil; y sobre todo en los días de prueba y de lucha, cuando parece que todo es un caos. Pero no olvidar que siempre Dios está cerca, porque Él ha venido a los hombres. Pbro. José R. Ramírez Temas Religión Fe. Lee También Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Romería de la Virgen de Zapopan: “Pido que haya paz en el país” ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones