Sábado, 18 de Octubre 2025
Suplementos | 'Amó se empequeñeció, se entregó'

Una buena noticia: ¡Ha nacido el Salvador!

La manifestación suprema del amor de Dios a los hombres es esta: Ha enviado a su Hijo único a la tierra

Por: EL INFORMADOR

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     La manifestación suprema del amor de Dios a los hombres es esta: Ha enviado a su Hijo único a la tierra.

     La manifestación suprema del Verbo de Dios, el Hijo, es esta: Ha tomado la naturaleza humana sin dejar de ser Dios, igual al Padre y al Santo Espíritu. Ya es hombre, con toda la pequeñez de los hombres; en todo igual, menos en el pecado.

     El evangelista San Juan con tres verbos lo dice todo: amó se empequeñeció, se entregó.

     No hay amor tan grande que el del que da todo; no hay amor más grande que el que de quien da la vida por sus amigos.

     Así, el nacimiento es el principio de la entrega; nacer es ya empezar a morir, y el Hijo de Dios, para poder morir, asumió la condición humana. Así se anonadó: siendo infinito, ahora está en los estrechos límites de un pesebre donde comen y descansan las bestias; siendo omnipotente, ahora es pequeño y es entregado al cuidado amoroso de una sencilla mujer de aldea, una tierna madre llamada María, y un vigilante protector su padre en la tierra, un varón justo llamado José.

     ¿Dónde está el poder? ¿Dónde la riqueza? ¿Dónde los honores? Así sobre la faz de la tierra, sencillamente, ha llegado el Mesías largos siglos esperado.

Noche colmada de luz divina

     Es el acontecimiento clave: la entrada, la llegada de Dios a la humanidad. Dios entra y pasa, desde ese memorable día, a ser parte de la historia de los humanos. Ya es hombre. “Hemos oído los gemidos del niño en el pesebre y lo hemos adorado”, dice San Jerónimo, el mayor escrutador de las Sagradas Escrituras.

     Nació Cristo, perfecto en su divinidad e íntegro en su humanidad; consubstancial al Padre y consanguíneo de los hombres.

     Del pesebre brota la luz; del pesebre brota la gracia. Helo allí, pequeño, mas Él es la verdad, el camino y la vida. Viene a transformar a la humanidad, a salvar a todos los hombres.

     Esta fiesta es universal, porque Cristo es de todos y para todos. Noche sagrada y luminosa, noche de gozo, noche de esperanza porque Cristo es luz eterna, es Dios.

Mas no sólo evocar un

acontecimiento histórico

     Para el cristiano, la Navidad debe ser motivo de gozo espiritual y también de rejuvenecimiento espiritual.

     Es la alegría de ponerse en camino; un caminar interior al encuentro de Cristo, como fueron presurosos los pastores a adorar al recién nacido; como, venciendo obstáculos y superando pruebas, llegaron de lejos, del Oriente, los magos.

     Ir al encuentro de Cristo es una ruta de purificación, liberados de los vicios, del pecado, y no con las manos, sino dentro del corazón.

     Los pastores se postraron ante el recién nacido y, con un acto de adoración, le ofrecieron su regalo de amor. Los magos descendieron de sus cabalgaduras y, arrodillados, ofrecieron su fe; creyeron  que ese niño era el Hijo de Dios; luego la esperanza, pues traía la salvación y el amor; amor de Dios en espera de la consonante respuesta de amor. Fe en la acción de la gracia allí manifestada; fe vivificadora; la esperanza de llegar a ser hijos de Dios, de formar parte, en adelante, del pueblo elegido, para vivir el amor, porque la vocación de quienes han encontrado a Cristo es vocación de amor.

Y en la tierra gracia

y paz a los hombres   

     “De pronto aparecieron en el pesebre otros ángeles, y todos alababan a Dios diciendo: ‘Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres’” (Lucas 2, 13).

     En el libro del Éxodo hay una frase: “Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Éxodo 3, 6).

     En este siglo XXI hay, sin duda, hombres cegados por el dinero, el poder o los placeres del vicio, que tendrán miedo de ver el rostro de Dios humanado.

     La oración del cristiano siempre ha de inspirarla el amor, y con amor pedir por la paz para todos y por esos que viven sin paz, sin la gracia de Dios.

     Regalo navideño puede ser orar, pedirle al Príncipe de la Paz esa gracia para que en nuestro México no haya tantas noticias de violencia, secuestros, asaltos, asesinatos, vicios en incremento, engaños, injusticias, opresión, impunidad y miseria.

     No faltan los saludos con frases ya gastadas; pero en estos días no sólo nos toca sólo expresar buenos deseos, sino pedir que Dios mueva los corazones y haya días de prosperidad, paz y bienestar para todos, singularmente los más desposeídos.

Y con el gozo, la poesía y el canto

     La Navidad ha abierto la inspiración en poetas, en artistas, y ellos han dejado  el tesoro de su inspiración en las letras y en la música.   

Al nacimiento de Cristo

Caído se le ha un clavel

hoy a la Aurora del seno.

¡Qué glorioso que está el heno

porque ha caído sobre él!

           *  *  *

Cuando el silencio tenía

todas las cosas del suelo,

y coronada de hielo

reinaba la noche fría,

en medio de la monarquía

de tiniebla tan cruel...

 

Caído se le ha un clavel...

De un solo clavel ceñida

la Virgen, aurora bella,

al mundo se lo dió, y Ella

quedó cual antes florida;

a la púrpura caída

sólo fue el heno fiel...

Caído se le ha un clavel...

El heno, pues, que fue digno

a pesar de tantas nieves,

de ver en sus brazos leves

este rosicler divino,

para su lecho fue lino,

oro para su dosel...

Caído se le ha un clavel...

Don Luis de Góngora y Argote

Español del Siglo de Oro

José R. Ramírez Mercado

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