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Jueves, 15 de Noviembre 2018

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Suplementos | ¿Que por qué?

Una aventura por la enseñanza juvenil

El martes pasado tuve la grata experiencia de asistir en una extraordinaria escuela llamada Signos

Por: EL INFORMADOR

El martes pasado tuve la grata experiencia de asistir en una extraordinaria escuela llamada Signos, (dedicada exclusivamente a los adolescentes) a la presentación de una agenda, que puntualizando las fechas del año venidero 2009, tenía el magnífico gusto de adornar sus páginas, nada menos que con las extraordinarias fotos de unas extraordinarias flores llamadas orquídeas, que según los conocedores, son lo más vanguardistas en la evolución de la naturaleza, y que fueron tomadas por Jesús Moreno; extraordinario naturalista, ecólogo, amante de la naturaleza, fotógrafo, y además maestro de Signos.
Sí, ya sé que exageré en el término extraordinario, pero por más que busqué sinónimos para ésta palabra, no encontré alguna que la sustituyera, con la fidelidad que quería, para expresar los sentimientos que en mí brotaron al enterarme del contexto de la academia aquella.
¿Que por qué?
Pos miren: En primer lugar, porque es una escuela muy sui generis que está enfocada exclusivamente a los adolescentes de secundaria y bachillerato, que como bien sabemos están en la inquietante etapa -nada fácil- donde cada púber busca su personalidad propia, con las consecuentes confusiones que el proceso trae consigo. Conducirlos e inducirlos a cada cual en su propio camino nada fácil tarea es.
Luego: el hecho de que su misma escuela presente una agenda -que perdurará por todo un año- en donde se hable de una cosa tan sutil y magnífica como unas tímidas flores como son las orquídeas, entre el mundo rápido, prisudo, televisionudo e internetudo que están viviendo nuestras juventudes, ofreciéndoles un contacto -también extraordinario- con las bellezas reales y naturales  de la vida.
Además: La costumbre implantada en la escuela, de que todos éstos mensajes sean respaldados no solo por las pláticas escolásticas impartidas en un salón de clases, sino que se hagan divertidísimas e instructivas salidas al campo mismo de los hechos para observar “de cuerpo presente” lo enseñado, y que éstas sean dirigidas seria pero amenamente por quien las imparte.
También: Procuran que los alumnos se hagan conscientes “en carne propia” de los problemas ecológicos, sociales y cívicos con los que la juventud de hoy en día se está enfrentando en su vivir: agua, basura, negligencia, corrupción, plásticos, alimentación chatarra, y otros más que bien sabemos.
Les platicaré de alguna de las prácticas que están llevando a cabo, y como lo están haciendo…
Esta vez, mientras entrábamos al recinto principal de la escuela (Hidalgo y Severo Díaz) para la presentación de la agenda de las orquídeas; sin más ni más, en el lobby de la entrada tropecé con sendos botes de basura que contenían botellas de plástico vacías; más allá había otros tantos que rebosaban de brillantes y coloridas bolsas de frituras de las que son ya muy conocidas; otro tanto de ellos, en el centro del salón, se desbordaban de empaques de hielo seco; otras más, de vasos desechables de todos colores; y así, botes y botes de basura rebosaban de cientos de empaques lucían su inútil contenido por todo el recibidor, apilando las grotescas basuras en medio del salón.
Un gran cartelón en una de las paredes anunciaba… “Esto es lo que, tan sólo nuestros mismos estudiantes, nos han traído a la escuela en el término de 27 días”.
Ahora bien; Otro cartelón decía con preocupación… “Imaginen que nuestra escuela es el Planeta Tierra, que no tiene –como nosotros aquí en la escuela- a donde tirar toda esta basura”.
Es fácil comprender la impresión que sentimos los que fuimos invitados al festejo. Es fácil comprender la reacción que han sufrido los alumnos a sentir “en carne propia” el daño que estamos haciendo al Planeta Tierra a causa de nuestras pequeñas negligencias en que individualmente caemos en nuestro vivir de cada día.
¿No es esto una educación real para prever el futuro de ellos mismos?
Además, para hacer la cosa más real, tuvieron el buen tino de seleccionar, y además contar, cada uno de los objetos desechados: 323 botellas de refresco, 73 Coca Colas, 108 bolsas de botanas, 225 vasos desechables, 95 charolas de hielo seco etc. etc... y además, el número de días con las que éstos se iban acumulando: 27 días, tantos de tal y tantos de tal; día 28 tantos más de éste, y tantos más del otro. Y así está la cuenta -por fortuna cada vez menor- de lo acumulado en el devenir diario.
¿No es esto loable?
Un granito de arena en una pequeña comunidad, nos viene a demostrar cómo se hacen las cosas. Que no se necesitan las grandes acciones, y que son más valiosas las pequeñas acciones individuales.
En la escuela no hay un solo letrero que la anuncie. No existen las grandes instalaciones protagonistas. No existen para ella grandes publicidades que prediquen sus bondades. Ahí lo que hay son profesores. Ahí hay maestros convencidos de su misión como educadores. Hay deseos hacerles ver los signos que son dignos de ser seguidos por cada alumno en su propio camino individual.
Fue muy grata la impresión que tuvimos los invitados, de ver a una comunidad que se empeña en enseñar a sus alumnos la sutil diferencia entre la basura que estamos produciendo y las orquídeas que nos regala la naturaleza.

deviajesyaventuras@informador.com.mx

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