Suplementos | Celebramos una gran y hermosa fiesta: la de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo Un rey según Dios El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia Por: EL INFORMADOR 21 de noviembre de 2011 - 06:54 hs En la Constitución Dogmática Dei Verbum, Sobre la Divina Revelación, encontramos, entre muchos, los tres siguientes párrafos que nos servirán como fundamento para nuestra reflexión de este domingo: “La predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua. De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre. Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree” (DV8). “La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo, para que, con la luz del Espíritu de la verdad, la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de piedad” (DV9). “El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la Palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Eapíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer” (DV10). Pues bien, una de las grandes desviaciones en la interpretación de la Palabra de Dios --que como se puede inferir no es conforme a la interpretación que hace el Magisterio de la Iglesia-- es el mesianismo y el reinado de Jesús, pues mientras quienes caen en dichas desviaciones presentan a un Jesús triunfalista, que ha vencido a la muerte, al pecado y a Satanás, sí, pero en virtud a un poder al estilo del mundo que aplasta y destruye a sus enemigos, para señorear triunfalmente sobre un mundo en el que Él instala su reino, sí, pero también al estilo del mundo, y que comparte esa victoria con sus súbditos y/o seguidores, dándoles poder (milagros, curaciones, liberaciones, exorcismos, etc.), prosperidad (si estamos con Él, seremos prósperos en los negocios, en el trabajo, en las relaciones maritales, familiares, sociales, políticas, etc.), y muchos dones y carismas que, lejos de ponerse al servicio de la instauración del auténtico reino de Dios, muchas veces manipulan, y se aprovechan para la búsqueda del bien o beneficio personal o de grupo y no para la edificación de la única y verdadera Iglesia, la que fundó el mismo Jesús. Es por ello que ante la interpretación tan limitada y errónea que se hace del ser Rey de Jesús, se da con tal facilidad y rapidez la gran proliferación de sectas, iglesias y asociaciones autonombradas cristianas, las cuales, además de dividir, ofenden al mismo Dios, afirmando de su motu proprio que ellas sí son verdadera iglesia de Cristo. Hoy, en la Iglesia Católica, celebramos una gran y hermosa fiesta: la de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, y nosotros sus miembros celebramos a este Rey que, por su obediencia, su anonadamiento, su humildad y su fidelidad, recibió el nombre que está sobre todo nombre, según la misma Palabra de Dios en la carta a los Filipenses nos lo describe: “Él compartía la naturaleza divina, y no consideraba indebida la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos, y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre” (2, 6-11). ¡Qué diferente se vive la vida cristiana cuando se comprende y se asume esta visión auténtica y verdadera de Jesús, y tratamos de seguirlo tal como es, sin falsas interpretaciones, componendas ni concesiones! El fruto de ello es una gran fe, esperanza y caridad, y una vida llena de paz y gozo. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Romería de la Virgen de Zapopan: “Pido que haya paz en el país” ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones