Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Lunes, 20 de Noviembre 2017

Suplementos

Suplementos | King Krimson hace al Teatro Metropólitan desbordar con su sonido atmosférico

Un rey de ocho coronas

King Krimson hace al Teatro Metropólitan desbordar con su sonido atmosférico
Tras dos fechas cumplidas en la CDMX, King Crimson se presentará en el Metropólitan este domingo, martes y miércoles. NTX /

Tras dos fechas cumplidas en la CDMX, King Crimson se presentará en el Metropólitan este domingo, martes y miércoles. NTX /

GUADALAJARA, JALISCO (16/JUL/2017).- Un sonido atmosférico de campanas tubulares recibió a los asistentes al Teatro Metropólitan, para una «cita especial» con King Crimson. Los pioneros del rock progresivo volvieron a México después de una larga ausencia, catorce años, una sequía de música que generó la expectativa de sus seguidores al grado de agotar una y otra y otra fecha para sus conciertos. Cinco noches son las que el Rey Carmesí tendrá con los melómanos mexicanos, todas ellas con la estricta regla de «no fotos, no video» durante la presentación. Así lo indican los trabajadores del teatro y un par de grandes letreros en el escenario. Es allí, al frente del teatro, donde se dirigen las miradas de la gente ante la extraña disposición de los instrumentos: la actual alineación del grupo incluye tres bateristas (Pat Mastelotto, Jeremy Stacey y Gavin Harrison), algo insólito incluso para los estándares del rock experimental. Las baterías se ubican adelante del resto de los músicos, otra novedad. Detrás, los demás sobre una gran tarima: Mel Collins con flauta y saxofones, Tony Levin (bajos y Chapman Stick), Bill Rieflin (teclados), Jakko Jakszyk (guitarra y voces) y en un extremo Robert Fripp (guitarra y teclados) fundador y líder de King Crimson.

Un octágono musical con el que han retomado el viejo repertorio de la banda: King Crimson viene de gira tras publicar Radical Action (to Unseat the Hold of Monkey Mind), su disco número quince en vivo (con sólo trece de estudio) donde dan nueva vida a sus clásicos; de allí sale la lista de canciones que interpretan en su tour.

El título nos lo recuerda: por una parte, lo que se escucha en sus conciertos es una «acción radical», algo fuera de serie que busca expandir los límites de su música; por otro lado, el nombre de su nuevo álbum es lúdico, y aunque la música del grupo apele a lo intelectual por la complejo de sus composiciones, no está exenta de humor.

Desde el audio del Metropólitan una voz femenina con acento español nos lo recuerda: la producción no quiere que se utilicen «esos maravillosos aparatos de la tecnología», y exhortan a disfrutar y guardar el recuerdo con ojos y oídos. En esa grabación también hay humor: se anuncia que habrá un intermedio, «que tendrá lugar después de la primera parte y antes de la segunda». Termina por comentar que sí, puede haber toma de fotografías al final, cuando Tony Levin tome su cámara y fotografíe al público, «Esa será la señal». El audio se repite en inglés con voz masculina y bajan las luces, la señal para que comience la acción.

Mientras suben los ocho músicos se escucha una grabación, entre charla y afinación de instrumentos: viene del disco Island (1971), como preludio a los sonidos. También resuena la ovación de los presentes, entre aplausos y alaridos de euforia. Fripp llega a su lugar y se quita el saco, lo arroja tras bambalinas y se pone sus lentes para después colgarse la guitarra y tomar asiento: más allá de sus dedos y brazos, a la distancia parecerá petrificado el resto de la noche.

El «diálogo» entre la línea de tres de los bateristas da inicio a la música, que desbordará en la primera canción, la parte primera de «Larks’ Tongues in Aspic». A media interpretación, la flauta evoca notas del Himno nacional mexicano, un gesto de saludo donde otros grupos dirían «Hola, México»; pero en este concierto nadie tomará el micrófono para dirigirse al público, toda interacción es a través de la música.

Cíclicos que son, el primer set cierra con la segunda parte del tema «Larks’ Tongues in Aspic», del disco homónimo de 1973. En medio irán rolas emblemáticas como «Neurotica» y «Red», donde expondrán el rock progresivo con tintes jazzísticos en su máximo esplendor. Mención aparte merecen «Fallen Angel» y «Island», las dos baladas interpretadas una tras otra, el momento más fino de la velada.

En el intermedio los asistentes abarrotan el lobby, entre quienes se surten de bebidas, van al baño o buscan algún souvenir oficial (playeras en 400 pesos, un cubo Rubik en 500, el nuevo álbum en 900). El murmullo es unánime: «Está perrísimo», «Son increíbles», «Nunca había visto nada mejor» y un largo etcétera, coronado por «¡Y todavía falta el segundo set!».

Dentro del teatro el intermedio retoma el loop de ambientación con sonido de las campanas tubulares y el mensaje de audio: esta vez la puntualidad falla y el principio de la segunda parte sorprende a muchos fuera de su lugar, culpemos a las largas filas del baño o la barra.

Empieza «Indiscipline», del disco Discipline (1981), en la que el vocalista termina con un sonoro «¡Me gusta!» en español. Sigue «The ConstruKction of Light» (sólo una sección, salida del disco homónimo del 2000). El trío de bateristas vuelven a tener un solo en conjunto (una ironía), pero con sus instrumentos de apoyo, los electrónicos: un par de «drum machines» y un sintetizador/batería. Los músicos llevan la improvisación hasta los primeros compases de «Easy Money», clásico que hace explotar la emoción de la gente. Quizá su canción más tarareable, con un riff de guitarra memorable, el tema se coloca como lo mejor de la noche hasta el momento, pero faltaría más por venir con «The Letters», «Sailor’s Tale» y «Radical Action II».

La segunda parte del concierto concluye con «Starless», del disco Red, motivo por el cual las luces del escenario se tornan rojas para combinar con la sombría tonalidad de la canción. Los músicos se retiran, pero no será mucho para su regreso por el encore: tres temas más que elevarán la experiencia musical. Primero «In the Court of the Crimson King», del disco con el que nació el rock progresivo en 1969 y cuya portada luce en el cuerpo de la guitarra de Jakko Jakszyk. Luego «Heroes», cóver emocional de David Bowie, que viene en el más reciente EP de King Crimson. Para el cierre, también de su disco debut, entregan «21st Century Schizoid Man», que deviene en una euforia colectiva: a pesar de tener casi 50 años, su música sigue sonando sorprendentemente actual, por momentos inquietante, pero siempre satisfactoria.

Temas

Lee También

Comentarios