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Miércoles, 20 de Febrero 2019

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Suplementos | La plenitud de todo amor la encontramos en Dios, ya que Dios quiso manifestarnos la infinita grandeza de su amor a través de Cristo

Un año con san Pablo: Como siempre y por siempre el amor

Una vez más la liturgia hace resaltar en primer plano el amor, como lo más importante en la vida de todo ser humano, y especialmente en la vida de los cristianos que tenemos más fuerte el compromiso de conocer a Jesús

Por: EL INFORMADOR

     Una vez más la liturgia hace resaltar en primer plano el amor, como lo más importante en la vida de todo ser humano, y especialmente en la vida de los cristianos que tenemos más fuerte el compromiso de conocer a Jesús, de entender su mensaje y de llevarlo a la vida hasta las últimas consecuencias.
     Y desde luego, la enseñanza de Cristo Jesús gira siempre sobre el gozne del amor en todas sus formas y manifestaciones.
     La plenitud de todo amor la encontramos en Dios, ya que Dios quiso manifestarnos la infinita grandeza de su amor a través de Cristo.
     Si, “tanto amó Dios al mundo, que le dio su Hijo único para que todo el que crea en Él tenga la vida eterna”. (Jn 3, 16).
     Cristo vino a vivir entre nosotros. Toda su vida fue un ejemplo de amor.
El nos dijo: “No hay amor mas grande que este: dar la vida  por los amigos”.
(Jn 15, 13).
     Toda su enseñanza se empeña en decirnos que debemos amar, que es la ciencia más alta, la ambición más pura, el ideal mas grande.
“Yo les ordeno esto: que se amen los unos a los otros...”.
(Jn 15, 17).
     “Yo les he amado a ustedes como mi Padre me ama a mí: permanezcan en mi amor” (Jn 15, 9).
“Ahora les doy mi mandamiento: ámense unos a otros como yo los amo a ustedes” (Jn 15, 12).
     En el amor, como Cristo nos lo enseña, encontraremos todo: alegría, plenitud, felicidad... Nada hay más allá del amor.
     La primera carta del apóstol san Juan habla toda de amor, porque allí se concentra todo el Evangelio, y en el amor de Jesús llegamos a encontrarnos con la inmensidad de Dios en toda su resplandeciente claridad. Por eso nos dice:
      “El que ama de verdad a su hermano permanece en la luz”.
(I Jn 2, 10).
     San Pablo entendió perfectamente el mensaje y lo vivió íntegramente, por eso supo explicarlo con lucidez y firmeza; por eso decimos que él dio cátedra, para que a ninguno de nosotros y de todos los hombres del futuro les quedara ninguna duda de qué se trata el amor y cómo se puede realizar en esta vida y atesorarlo para la futura.
     En muchas otras ocasiones hemos comentado ya la Primera Carta a los Corintios en su capítulo 13, donde no nos deja ninguna duda. Es un texto hermoso que vale la pena leer y releer, aunque lo verdaderamente interesante es que más allá de las palabras y por encima de la poesía, se percibe la vida del apóstol que ya llevaba el amor incrustado en su persona hasta hacerlo exclamar:
     “Ya tenemos el amor de Dios en nuestros corazones por el Espíritu Santo que el nos dio” (Rom 5, 5).
     También en alguna ocasión hemos hecho mención de un pequeño folleto llamado: “Cuatro lecciones de amor”, donde ahondamos un poco más en esas valiosas enseñanzas de san Pablo, que nunca llegaremos a agotar, porque el amor no termina, no tiene final, pero que ciertamente es indispensable para poder decir que verdaderamente vivimos.
     Una vez más escuchamos a san Pablo que dice:
     “Si me falta el amor, nada soy”. (I Cor 13, 13).
     A la luz de todo esto, cada uno podemos analizar si la calidad de nuestro amor pasa la prueba, si podemos afirmar que estamos cerca del Amor que eleva, que purifica y que salva…
 
María Belén Sánchez fsp

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