Miércoles, 22 de Enero 2020
Suplementos | San Pablo hablaba con mucha convicción y consistencia acerca de la fe

Un Año con san Pablo: La primacía de la fe

Se reconoce un buen cristiano, “porque en él se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura: ‘El justo vivirá por la fe’.”

Por: EL INFORMADOR

     San Pablo hablaba con mucha convicción y consistencia acerca de la fe. Bien podemos decir que era uno de sus temas favoritos, ya que, sin duda, es  la fe uno de los elementos fundamentales que debe vivir quien quiera llamarse y ser verdaderamente cristiano.
     Todos podemos recibir como nuestro el augurio que hace a los suyos: “El Dios de la esperanza colme a todos ustedes de todo gozo y paz por la fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Carta a los Romanos, 15,13)  
     Ciertamente habrá que distinguir la fe verdadera de la que no lo es. No es lo mismo la fe que nace del corazón, que la que se expresa nada más de labios afuera, pero que no llega a la vida porque no alcanza a traducirse en acciones concretas
     Y aunque el mismo apóstol reconoce y afirma repetidamente que la fe no procede de nosotros mismos, sino de la gracia especial que el Señor nos regala, sí afirma categóricamente que cada uno debe responder y dar testimonio de su fe, manifestada en una vida digna y santa.
     Por eso dice en la Carta a los Gálatas: 13,11-14: “Tengan en cuenta el momento en que viven, porque es ya hora de levantarse del sueño; la salvación está más cerca de nosotros.
     “El día se avecina; despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz.
     “Como en pleno día, procedamos con decoro: nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias.
Revístanse más bien del Señor Jesucristo y no se preocupen de la carne para satisfacer sus concupiscencias”.
     Es un hecho: no podemos decir que amamos a Dios, que creemos en nuestro Señor Jesucristo, si no vivimos y actuamos conforme a sus enseñanzas, procurando cumplir en todo momento su santísima voluntad.
“Si somos de Cristo Jesús, ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen eficacia, sino la fe que actúa por la caridad” (Carta a los Gálatas: 5,6).
     En ocasiones nos encontramos con personas que se dicen cristianos y ni siquiera cumplen los más elementales mandamientos, porque en cuanto ven la oportunidad roban y estafan, mienten cuando les conviene, son adúlteros o codiciosos. Éstos ni siquiera cumplen la ley antigua, no han superado el Antiguo Testamento, están todavía, como quien dice, sin aprobar ni la primaria.
     “La ley fue nuestro pedagogo hasta Cristo, para ser justificados por la fe.  Mas, una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.  Los que os habéis bautizado en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.  Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abrahán, herederos según la promesa” (Carta a los Gálatas: 3, 24-29).
     En cambio hay otros que se van del otro lado, y la fe que debieran tener en Jesucristo nuestro Señor y salvador, la trasladan a los ángeles, a los santos, a advocaciones secundarias, que poco o nada tienen de verdaderas expresiones de fe.
     “Tenemos dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada,  ejerzamos cada uno en la medida de nuestra fe: si es el don de profecía, profetizando; el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando; la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad. Que la caridad sea sincera; detestando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos cordialmente unos a otros; estimando en más a los otros; sirviendo al Señor con espíritu fervoroso; con la alegría que da la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración;  compartiendo las necesidades de los otros; practicando la hospitalidad…”  (Carta a los Romanos, 15,13).
     Así, sí se reconoce un buen cristiano, “porque en él se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura: ‘El justo vivirá por la fe’.”  (Carta a los Romanos, 1,17).

María Belén Sánchez fsp                

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