Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | Cristianos y mahometanos creen en un cielo, budistas e hinduistas en la reencarnación, ateos en nada

Texto invitado: Cantando bajo la lluvia

Se dice que la vida es como una película. Aquellos que supuestamente fueron declarados clínicamente muertos y lograron revivir, aseguran que en el último momento vieron desfilar ante sus ojos su vida entera “como una película”.

Por: EL INFORMADOR

Por: Alejandro González Gortázar

Desde niño he sentido una pasión especial por el cine. El ritual de acudir a aquellos espacios majestuosos, ver cómo las luces se apagaban y la magia aparecía, era algo indescriptible. Sucedían mil cosas trascendentes en aquellos lugares fascinantes, la penumbra y el misterio invitando a la fantasía y al cachondeo. El Príncipe Valiente contra el Caballero Negro y Dios creando a Brigitte Bardot.

El gran Teatro Alameda era sin duda la más relevante sala cinematográfica de su época. Se había levantado literalmente de sus cenizas y presentaba por primera vez en Guadalajara la moderna tecnología del cinemascope y del sonido estereofónico. Con sus simpáticas “casitas” asomadas a la pantalla, el cielo raso simulando una noche estrellada, sus cómodas butacas y hasta una armadura supuestamente medieval, era un verdadero gozo.
El Colón, más pequeño y acogedor, exhibía cine europeo tan diferente al de Hollywood; como bien decía Vittorio De Sica, que el italiano era un cine de sentimiento y el francés, de ideas. Los Amantes de la mano de Jules et Jim, nos dejaron Sin Aliento y anhelando La Aventura de La Dolce Vita. Éramos menores de edad y lograr colarse en aquellas funciones dobles con clasificación “C” era entrar al nirvana.

Más adelante me tocó fundar cineclubs, en ocasiones proyectando las cintas de una manera precaria y posteriormente discutíamos los supuestos mensajes del director. Realicé también algunos cortos en 16 mm., Super 8 y video, pero decidí que disfrutaba más como espectador que con todas las broncas, desgastes y otros rollos inherentes a la producción audiovisual.

Se dice que la vida es como una película. Aquellos que supuestamente fueron declarados clínicamente muertos y lograron revivir, aseguran que en el último momento vieron desfilar ante sus ojos su vida entera “como una película”. Unos afirman que de atrás para adelante, otros que a “mil por hora”, pero al final todos lo mismo. ¿Juicio Final?

Cristianos y mahometanos creen en un cielo, budistas e hinduistas en la reencarnación, ateos en nada; pero independientemente de las creencias de cada individuo, parece haber la coincidencia sobre esta especie de revisión final de todo lo vivido al tener la muerte de frente. Si esto fuera cierto, me queda claro que me gustaría gozar en su momento de una buena función, y tal vez, al llegar al the end, aplaudir con entusiasmo. Cuando veo un buen filme me siento realmente contento, con ganas de volver a verlo y sintiendo que acabo de tener una experiencia intensa, deslumbrante, maravillosa...

Y bueno, ¿por qué escribo sobre esto? quizá porque para mí ha sido importante el darme cuenta de que no hay manera de editar y mandar al basurero las malas secuencias, las escenas fallidas. Estamos todo el tiempo en plena filmación, no hay de otra y ya nos tocará verla sin cortes.
Fui joven sesentero, creí en la utopía y aún me considero parte de aquella generación de soñadores en búsqueda de la felicidad, que bien podría estar en Woodstock, en Pepperland de El Submarino Amarillo o en El Valle aquel del filme de Barbet Schroeder. Y ahora, instalado en pleno siglo de la ciencia ficción, me da gusto vivir cada momento consciente de estar haciendo mi propia película.
Just singing in the rain.

Tapatío

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