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Martes, 21 de Noviembre 2017
Suplementos | El recinto ha sobrevivido a las modificaciones en el trazo urbano de Guadalajara

Templo de San Juan de Dios, testigo del cambio

El recinto religioso fue construido en 1726 y ha sobrevivido a los cambios en el trazo urbano de Guadalajara
El templo fue convento de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, llamados juaninos, hasta 1820. EL INFORMADOR / J. Monroy

El templo fue convento de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, llamados juaninos, hasta 1820. EL INFORMADOR / J. Monroy

GUADALAJARA, JALISCO (19/MAR/2017).- Sobre su lecho corrió caudaloso un río que con los años trasmutó y fue puesto bajo resguardo en una tubería sepultada por la modernidad. Vio crecer el comercio local durante años, y miró cómo se derruían y edificaban mercados dedicados al comercio, algunos de construcción olvidable, otros convertidos en iconos de la arquitectura tapatía. Miró el correr del tiempo, el avance del progreso y el regreso de la nostalgia. A su lado se arraigó la imagen del charro mexicano y los mariachis se afincaron para siempre. El templo de San Juan de Dios se convirtió en el testigo silente de una ciudad que apuesta por la modernidad pero apela a la tradición.

Ubicado en lo que hoy es la Calzada Independencia y la avenida Javier Mina, su construcción comenzó en 1726, 184 años después de la fundación de Guadalajara, a unos metros de su lugar, gracias a los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, en el lugar donde se encontró el primer hospital de la entonces incipiente ciudad, en el siglo XVI. Se encuentra en uno de los barrios más antiguos, sino es el que más, y tradicionales de Guadalajara. De apariencia sencilla, apela a lo rotundo de la fe más que a los ornamentos: tiene una hornacina superior de tres nichos y una ventana con marco decorado en su fachada, además de una torre que tiene un juego barroco entre sus cuerpos y una cúpula de cáliz invertido.  Algo que llama la atención en la misma cúpula que carece de tambor e incorpora ventanas a la media naranja. El interior es de estilo neoclásico con una cruz latina.

El templo fue convento de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, llamados juaninos, hasta 1820, año en el que fue suprimida la orden. El convento fue derruido cuando se amplió la hoy avenida Javier Mina. Lo único que quedó de aquellos muros conventuales fue la arquería, que resiste al paso de los años y que mira el trajín de los coches.  

Ante el tránsito incesante de todos los días, la belleza del templo permanece impertérrita, estoica. En sus alrededores hoy se encuentra la Plaza de los Mariachis, lugar de encuentro para los amantes de la música de violines y guitarras. Al cruzar la avenida está el Mercado Libertad, conocido por su nombre popular: San Juan de Dios, uno de los mayores centros de comercio de América Latina y el más importante del Occidente del país. A unos cientos de metros está el Centro de Guadalajara, lugar que concentra el poder político y cultural, con edificios como Palacio de Gobierno, el Legislativo y el Palacio de Justicia; además de Instituto Cultural Cabañas, edificio Patrimonio Cultural de la Humanidad y el Teatro Degollado.  

Ante su fachada se ha derruido y reconstruido una ciudad que habitan hombres y mujeres que ya no son los que le tocó cuidar y sanar. Una ciudad camaleónica, llena de cicatrices, inconclusa y en constate cambio, que sin embargo apela a lo mejor de su tradición y se muestra resiliente en sus edificios emblemáticos. Esos que, como el templo de San Juan de Dios, dan lustre a Guadalajara.

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