Suplementos | ¡Ahí viene, ahí viene! Tapatiez Una aguja en un pajar Por: EL INFORMADOR 21 de octubre de 2008 - 16:08 hs ¡Ahí viene, ahí viene! y no es precisamente ‘Cascarrabias’, adivinen: pueden sacar el monstruo que llevamos dentro, están en cada crucero y al menos en un sólo trayecto pueden limpiarte el parabrisas cuantas veces les venga en gana. Efectivamente esos son los limpiaparabrisas. Aunque se trata de diferentes sujetos, la actitud siempre es la misma. Se trepan en el cofre del auto sin siquiera atender los gritos que pegan los conductores, si el auto fuese una casa estarían invadiendo propiedad privada, pero como no, pues el abuso pasa una y otra vez. Ya no basta con decir que no, el otro día iba por avenida Hidalgo y me tocó ver que una señora pegó tal grito que llamó la atención de la mayoría de los conductores a su alrededor, y aunque no lo crean el limpiabrisas la ignoró y a gran velocidad le dejó el cristal limpio, claro el auto manchado de jabón pero muy limpio su vidrio. No se trata exclusivamente de darles dinero, sino de que respeten al menos la voluntad de los conductores. Sus acciones influyen en el malhumor de quienes van al volante, además que las escenas que protagonizan se tornan cada vez más violentas. Yo al menos he llegado a dar cigarros a cambio de que no limpien el parabrisas, ha pagado con monedas la tranquilidad de ir bobeando en cada alto, ahora siempre alerta de que quien se acerque decirle que no: con señas y a gritos, como sea pero que dejen todo y hasta el cristal como está. Pero no todos son iguales, algunos son mucho más carismáticos y entre esos me topé un día con una escena tan simpática, en la que el limpiabrisas -con mucha educación- se acercó a una dama y le pidió que por favor le permitiera limpiar su cristal, pues su belleza quedaba oculta detrás del polvo de la ciudad que se había posado en su vidrio, desde luego la dama accedió y el hombre no aceptó las monedas que ella le daba, le dijo que para él era suficiente poder verla tras el cristal. Así es, hay de todo en esta ciudad. Mujeres, si quieren toparse con un limpiabrisas educado hay que ceder y darles la oportunidad de acercarse a la ventana, tal como con los príncipes, ojo ¡nada con exceso! que de esto no se ve diario, pero es parte de la historias de la ciudad. Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones