Suplementos | Tres motivos para visitar Sierra del Tigre, un reto ecológico Concepción de Buenos Aires un lugar para, cansarse y descansar, con actividades extremas y sedentarias en un solo día Por: EL INFORMADOR 23 de enero de 2011 - 02:13 hs En la periferia de Concepción, hay cabañas que se rentan desde 700 hasta dos mil pesos por noche. M.FREYRÍA / GUADALAJARA, JALISCO (23/ENE/2011).- Concepción de Buenos Aires es un municipio que, en pleno crecimiento turístico, ofrece al visitante un sinfín de opciones para sacar provecho de la Naturaleza, con paisajes boscosos, comida típica de la región y, sobre todo, la esencia de un pueblo en donde aún se respira tranquilidad en las angostas calles de su centro. Y es que para visitar Concepción -como es conocido simplemente-, hay que enfrentar a varios retos, que a primera vista pudieran parecer sencillos y comunes en cualquier otro destino jalisciense. Basta con ver la majestuosidad de sus cerros que conforman parte de la ruta ecológica de la Sierra del Tigre. Hay tantas cosas por ver, sentir, degustar y fotografiar, que el viajero no sabe por dónde iniciar. Se puede decir que el pueblo se parte en dos facetas para elegir y disfrutar. Primeramente, en un sitio para documentarse de la historia y tradiciones propias de las comunidades, con caminatas sencillas a lo largo y ancho de sus calles empedradas y su olor a tierra mojada. La segunda opción es adentrarse en un Concepción de Buenos Aires aventurero, lleno de adrenalina y deportes extremos. No importa cuál de los dos lados se elija para conocer, Concepción se impone ante otros municipios con tres motivos, bastos y convincentes, para llegar no un solo día, sino para quedarse quizá a dormir un fin de semana o más. Uno: la Naturaleza es sabia La vestimenta del turista debe ser cómoda y disponible para mojarse, y romperse si es necesario. Hay que usar bloqueador solar y gorra para protegerse del radiante Sol que se posa directamente sobre el pueblo. La aventura y el reto inician cuando se quiere conocer y subir –hasta la cima- el peculiar cerro “El Borracho”. Es fácil, las dificultades se presentan cuando la condición física delata la falta de ejercicio y elasticidad. La risa entre los acompañantes no es más que el pretexto ante la sorpresiva fatiga que de principio invade al cuerpo, cuando el cerro comienza a empinarse. Inhalar y exhalar, es la única salvación para acoplarse al ritmo de “subida” de Rubén Barajas López, director del rastro municipal y propietario de un fabuloso campamento, quien si se solicita con tiempo te lleva de excursión. Una vez arriba en esta zona de la Sierra del Tigre, es imposible no seguir y querer llegar, aunque sea, a la primera parte en la que hay un espacio entre el arbolado para mirar a lo lejos el pueblo. En el mirador “natural”, como dice Rubén, las casas parecen de juguete y las torres del templo de la Inmaculada Concepción parecieran ser sólo unos conos de galleta. Rubén insiste en que para conocer completamente a “El Borracho” hay que subir más allá, para admirar un escenario, casi, bíblico de la flora de Concepción de Buenos Aires. A este paso los pulmones están limpios debido al aire dotado del aroma de los pinos, robles y tejocotes. Hay muchas ramas en el suelo, secas, debido al frío invernal que comienza a pintar de color ocre las hojas que aún están verdes. Rubén insiste en que se conozca la cima, pero la fotógrafa que va en esta improvisada excursión no ve la hora de bajar –sabrá Dios con qué fuerzas- y seguir captando imágenes del pueblo. Inmóviles en medio de un cerro, viene una pregunta: ¿cómo sobrevive un paseante en caso de extraviarse en éste impresionante bosque? El guía parece tener la facultad de leer la mente, agarra la “corona rosada” (la rama principal) de un pequeño mezcal, lo parte y quita algunas capas de su corteza verdosa. “Muérdele aquí, cuando alguien se pierde, esta parte blandita del mezcal Gallito contiene todas las propiedades necesarias para hidratarte”. Con un poco de temor, los improvisados excursionistas acceden a morder la rama y después, como por arte de magia, la sed que por más de una hora ha acompañado a los viajeros, desaparece. La fotógrafa también muerde y se dispone a continuar en descenso. Rubén sigue cual “chiquillo” de siete años agarrando todo a su paso y explicando las propiedades de cada rama, flor o cosa que vea. Habla de la “trementina” que algunos árboles dan, raspa las ramas y el líquido cristalino sale. Huele a químicos, como si se tratase de resistol amarillo, aguarrás o thinner. El paseo continúa; los chapulines brincan y los diminutos lagartos corren, en tanto que Rubén asegura que en esa zona aún hay pumas, panteras, coyotes, venados y gatos montes. La fotógrafa acelera el paso para bajar. Rubén espera que en otra visita el ascenso sea total, para enamorarnos más del cerro. Dos: Vista Paraíso Rubén Barajas nos lleva a su guarida: Vista Paraíso. Un campamento donde el ruido citadino desaparece. Son cerca de seis hectáreas para correr, gritar, carcajearse y comer. Para estar aquí es necesario llamar con anticipación y reservar, ya que este amplio espacio de vez en cuando es rentado a los estudiantes de la Universidad de Guadalajara, para realizar convivios al aire libre. A su dueño no le sirven todas la palabras para explicar cada rincón de Vista Paraíso, ni para describir cómo se ven los campos cuando las amapolas violetas y amarillas crecen ahí. De junio a octubre es la mejor época del año para visitar y aprovechar el verdoso pasto, y beber uno que otro “pajarete” con chocolate o café por las mañanas, cuando el frío se impone. En las noches esta bebida de leche bronca puede servirse con un “piquete” de licor y amenizar el ambiente familiar alrededor de la fogata. Desde aquí pueden verse otros cerros, como el García y el Camaleón. Tres: de paseo por el pueblo Concepción de Buenos Aires se caracteriza por su singular sazón casero: la barbacoa de borrego y la carne asada al fogón son dignos representantes de su gastronomía. Después de comer, salir a recorrer la plaza municipal es buena idea para dejar atrás la pesadez. Afuera en el templo de la Inmaculada Concepción que data del siglo XIX, hay bancas y jardineras para charlar. Después está la Casa de la Cultura que resguarda fielmente cerca de seis mil tomos y libros de historia de Los vecinos de la Sierra y Los tiempos olvidados. También hay que conocer las obras del arquitecto Rafael Urzúa, quien por su amor al municipio dio vida y forma a lo que hoy es Concepción de Buenos Aires. Temas Pasaporte Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones