Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | “Dios me ama” es una afirmación hermosa y muy consoladora

Ser y estar agradecidos

Dios ha manifestado de tantas maneras su amor, su perdón y su invitación a dejarse amar por Él, siguiendo su plan de salvación

Por: EL INFORMADOR

     El grave e incorregible --por ellos mismos-- error que cometieron quienes son conocidos como nuestros primeros padres, Adán y Eva --de acuerdo al relato del libro del Génesis, en la Sagrada Escritura o Biblia--, que vino a constituirse en el denominado “pecado original”, fue el haber desobedecido a Dios en su mandato de no comer el fruto del árbol del bien y del mal.

Ahora bien, esa desobediencia fue suscitada de un lado por la soberbia de ambos, y por el otro la acción tentadora y engañadora de Satanás, representado por la serpiente.

     A tantos miles de años y a pesar de que, a lo largo de la historia de la salvación, Dios ha manifestado de tantas maneras su amor, su perdón y su invitación a dejarse amar por Él, siguiendo su plan de salvación --lo cual se da cuando seguimos total y fielmente, como sus discípulos a Jesucristo--, la soberbia domina a la mayoría de los seres humanos.

     Una muestra patente de esto es lo desagradecidos que éstos son con Dios y ante todas las maravillas que Él hace por sus hijos, ante la multitud de manifestaciones de su amor y los innumerables dones que Él les otorga.

El agradecimiento a Dios es de vital importancia en nuestra vida, ya que a través de él lo reconocemos, reconocemos su amor, su bondad, su misericordia, su poder, sus dones y regalos, etc., al tiempo que reconocemos nuestra pequeñez, debilidad y necesidad de Él, requisito indispensable para poder acceder a Él; como manifiesta la Escritura en la primera carta de San Pedro 5, 5: “Dios resiste a los orgullosos, pero da su gracia a los humildes”. Ahora bien, si como dice también la Escritura: “Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman”, también hemos de agradecer a Él todo lo que nos sucede, sea lo que sea, pues de todo Dios rescatará cosas aún mejores para nosotros y nuestras vidas.

     Esta realidad de la que hablamos se ve claramente reflejada en el Evangelio de hoy, en el que Jesús sana a diez leprosos y sólo uno regresó con Él a darle las gracias.

     A propósito del agradecimiento, encontramos unas letras en el portal de Internet, de los “Franciscanos de María”, quienes viven y difuden la “Espiritualidad del Agradecimiento”, acerca del porqué agradecer, las cuales le compartimos:

     “Dios es amor. Esta es la gran afirmación del cristianismo. La que está en el orige de todo, la que motiva la vida del cristiano, su actuación moral. La ‘buena noticia’ que desde hace dos milaños se proclama a cada hombre, es esta: ‘Dios te ama. Tú eres importante para Dios. Eres tan importante que, además de todas las cosas que te ha regalado, ha nacido y ha dado la vida por ti’”.

     “Pero esta “buena noticia” a veces parece entrar en contradicción con la realidad, como sucede cuando aparecen la enfermedad, la ruptura familiar, la muerte y, en general, el sufrimiento. El hombre, por mucha fe que tenga, se cuestiona en ese momento dónde está Dios y cómo es posible que si le ama permita que le suceda lo que sucede. A estas ‘crisis de fe’ se les hace frente, si se ha profundizado lo suficiente en el amor de Dios o, lo que es lo mismo, si se ha experimentado ese amor divino y se ha reflexionado sobre él.

     “Por lo tanto, para hacer frente a las dudas de la fe, lo mismo que para llevar a la práctica las hermosas pero difíciles exigencias éticas del cristianismo, es necesario un trabajo previo, de largo recorrido, que impide profundizar en los motivos de agradecimiento que tenemos para con Dios”.

     “Dios me ama” es una afirmación hermosa y muy consoladora, pero no basta con expresarla, sino que hay que saber decisrse a uno mismo, y también decir a los demás, por qué es verdadera (...). Se va profundizando en ese amor de Dios por todos y por cada unode los hombres; se va reforzando la convicción personal de que no se es indiferente a Dios, sino que, por el contrario, el Señor quiere a cada hombre con un amor infinito, incluso aunque en un momento concreto de la vida humana, se pueda estar en el túnel oscuro y aparentemente sin salida del sufrimiento.

     Sólo cuando uno está convencido de que Dios le ama, y le ama mucho, puede contestarse a sí mismo a la pregunta del porqué tiene que estar agradecido a Dios y del porqué tiene que amar a Dios. Sólo entonces llegará el momento de contestar a la siguiente pregunta: ¿Cómo tengo que amar a Dios?

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx  

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