Domingo, 26 de Enero 2020
Suplementos | Cuando Jesús finalmente ascendió al cielo después de haber resucitado, nos dice el evangelio que se sentó a la derecha de Dios

Sentado a la diestra de Dios

Es muy interesante cuando nos damos cuenta de que lo uno y lo otro están muy relacionados: Jesús está sentado a la derecha del Padre, y sus seguidores escuchan atentos aquello de hacer muchas señales milagrosas en su nombre aquí en la tierra

Por: EL INFORMADOR

     Cuando Jesús finalmente ascendió al cielo después de haber resucitado, nos dice el evangelio que se sentó a la derecha de Dios. Antes de llegar a ese lugar, dio instrucciones a sus discípulos, tales como predicar el evangelio a todo el mundo, mencionando que los que creyeran podrían hacer señales maravillosas, como echar fuera demonios, hablar nuevas lenguas, sanar a los enfermos y ser protegidos de serpientes y venenos.
     Es muy interesante cuando nos damos cuenta de que lo uno y lo otro están muy relacionados: Jesús está sentado a la derecha del Padre, y sus seguidores escuchan atentos aquello de hacer muchas señales milagrosas en su nombre aquí en la tierra.
     Lo primero: Jesús está en el trono, a la diestra de Dios. Esto significa que se le dio a Jesús el lugar de honor en todo lo que existe y existirá, que cuenta con todo el favor de Dios, y que se le dio un nombre sobre todos, para que ante su nombre toda rodilla se doble y toda lengua le confiese como Señor.    
     Desde el momento en el que Jesús se sentó en su trono al lado del Padre, le fue entregada toda autoridad en el cielo y en la tierra, de manera que Él puede gobernar al universo entero con el poder de su palabra.
   Nadie puede resistir al poder de la autoridad de Jesús, y aunque el día de hoy todavía hay quienes le odian, o lo niegan, es cuestión de tiempo para que las cosas lleguen a su consumación final, y entonces todos sus enemigos serán puestos debajo de sus pies, y Él juzgará al mundo con rectitud. El nombre de Jesús es el nombre de la máxima autoridad de lo creado.
     Lo segundo: sus seguidores actúan en el nombre de Jesús. Sin duda debió sorprender a los discípulos cuando escucharon de parte de su Maestro, la promesa de que sucederían cosas extraordinarias una vez que ellos comenzaran a predicar, tales como sanar enfermos o echar fuera demonios. Esto era algo que ellos no habían podido hacer cuando seguían a su Maestro mientras este enseñaba a lo largo de Israel, pero sin duda había llegado el tiempo de que todo esto sucediera.
     Jesús mencionó dos condiciones para que esto sucediera: ellos deberían de creer, y deberían hacer los milagros en el nombre de Jesús. Esto significa que nunca su autoridad vendría por el hecho de que fueran seguidores de Jesús, o de que cumplieran fielmente los mandamientos, sino de que estaban operando bajo la autoridad de quien gobierna el universo.
     Una forma de entender esto, es cuando hemos escuchado a un policía decir a alguien “alto en el nombre de la ley”. Ningún policía diría “alto en el nombre de Juan Pérez”, o “alto porque soy muy fuerte o muy inteligente”; lo que dice el policía es “alto porque hay una autoridad mayor (la ley) que me permite detenerte”. La ley es mayor que los ciudadanos, y en base  a la ley es que todos se deben someter; cuando alguien no se somete a la ley, o a quien la representa, se expone a las consecuencias y castigos que esto conlleva.
     Entonces un creyente puede decirle a la enfermedad o al demonio “sal de aquí en el nombre de Jesús”, es decir, “sal por orden de quien gobierna el universo sentado en el trono junto a Dios, yo te lo digo como alguien a quien se le ha delegado esta autoridad”. Como podemos ver, estas cosas no pueden ser producidas por la fuerza o el conocimiento humanos, sino por la fe en Jesús, y en la autoridad que le fue dada por el Padre.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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