Suplementos | Clásica Sebastián Márquez, la forja de un destino El tenor, compositor y director jalisciense ocupa un merecido lugar entre los grandes nombres de la música Por: EL INFORMADOR 15 de enero de 2011 - 02:34 hs El catálogo de obras de este compositor jalisciense es amplio y destaca por su calidad. E. ESCOTO / GUADALAJARA, JALISCO (15/ENE/2011).- (segunda de dos partes) Se podría decir que, musicalmente hablando, Sebastián Márquez tomó el papel más acertado para él -y quizá el más necesario para su entorno- dentro de la época en que le tocó vivir. Esto ocurría en una Guadalajara en la que, por ejemplo, aún en esos tiempos relativamente cercanos no existía todavía una institución de enseñanza musical formalmente constituida y donde sus asociaciones artísticas perdían el brillo y la capacidad que habían tenido en épocas pasadas. Tras el éxito obtenido en el concierto organizado y dirigido por él en 1933, Márquez continuó promoviendo este tipo de actividades, sus presentaciones eran realizadas a diferentes instancias y conformaba sus programas sobre todo con obras de su autoría; en sus recitales empleaba formaciones orquestales que variaban en su extensión según el caso y llegó a conseguir que varios fueran transmitidos por la radio local. Además, hacia 1940 había conformado un coro de cuya preparación y dirección él se encargaba. Así, además de enriquecer el panorama musical local conseguía difundir su música de una forma eficaz, sobre todo si se toma en cuenta que ésta se alejaba de los cánones estilísticos (oficiales sobre todo) de la época. El 20 de marzo de 1943, tras una larga enfermedad muere su esposa, Carolina Arañó. Márquez concibe la idea de realizar una solemne ceremonia fúnebre y gracias a la amistad que mantenía con el compositor Alfredo Carrasco -quien entonces tenía poco más de 25 años de haber partido de Guadalajara al Distrito Federal- pudo conocer la misa de réquiem que éste había compuesto. Se trataba de una obra de gran calidad para coro y orquesta, que por falta de apoyo no había podido ser estrenada en la capital del país y que aparecía como idónea para ser ejecutada en las honras fúnebres que Márquez preparaba. Por tanto, tras realizar las gestiones necesarias, el 21 de julio del mismo año, en el Sagrario Metropolitano, el maestro Carrasco dirigió su misa en un solemne acto, obra que por cierto no ha vuelto a ser ejecutada en esta ciudad. Un año después, en 1944, vuelve a organizar un concierto con obras suyas y de los tapatíos Guillén y Uribe Ugarte, además de composiciones de Beethoven, Wagner y Humperdink; la función se realizó en el Teatro Degollado y lo recaudado fue donado al asilo de ancianos. Esta fórmula fue repetida en numerosas ocasiones por Márquez, resultando a lo largo de los años beneficiadas diferentes instituciones de asistencia e incluso en 1951 llegó a presentar la ópera Cavalleria Rusticana de Mascagni, interpretada por sus discípulos de canto, a quienes enseñaba de forma gratuita. Se hicieron frecuentes también las presentaciones que con motivo de la Semana Santa realizaba el compositor de su oratorio Las siete palabras (estrenado en 1945), las cuales se transmitían en directo por la radio y eran patrocinadas por su fábrica de tejidos. En 1947, su zarzuela A la orilla del torrente se presenta en España gracias al Instituto de Cultura Hispánica. Ese mismo año contrae segundas nupcias con la soprano Blanca López Portillo, con quien tendría una hija. Para esa época, en el plano empresarial, Sebastián Márquez siguió haciendo crecer su fábrica “La perfección” y ocupaba diversos cargos directivos en la Unión Nacional de Industria y Comercio, participaba siempre en actividades benéficas y fue socio distinguido del Club de Leones. Su labor docente se extendió a la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, donde impartió la clase de canto. Desafortunadamente, sus capacidades físicas fueron mermando con la edad y su actividad musical lo resintió. Los últimos conciertos en los que participó como director fueron los efectuados en 1967 en el auditorio de la Casa de la Cultura Jalisciense, en los que dirigió a la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Guadalajara (OSUAG) y a su propio coro, y en 1969 con las mismas agrupaciones en el Teatro Degollado. La OSUAG incluiría algunas de sus obras en sus programas regulares. Sebastián Márquez murió en Guadalajara el 27 de diciembre de 1973. El catálogo de obras de este compositor jalisciense es amplio y han sido mencionadas aquí algunas. Dentro de las obras líricas están las zarzuelas Estefanía, Los millones de América, Viva mi barrio y A la orilla del torrente; su producción coral se centra casi por completo en himnos a instituciones locales como los compuestos a la Universidad Autónoma de Guadalajara, al Colegio Cervantes y al Club de Leones, además del Himno a la naturaleza, Himno a Lagos de Moreno e Himno a Hidalgo, por mencionar algunos. En lo referente a la música sacra, destacan la Misa solemne, para coros y orquesta; el oratorio Las siete palabras, para coros, solistas y orquesta; O salutaris, para cuatro voces y órgano; la Colección de himnos a la Virgen María, para coro y teclado; Ave María, para voz solista, orquesta y piano; la elegía Tepeyac, para orquesta de cuerdas y órgano; y los Cinco villancicos al Niño Jesús. En el apartado de música orquestal se incluyen, entre otras piezas, el poema sinfónico Vida de un artista, Evocación (preludio coral en honor a Ángela Peralta), Marcha triunfal, para orquesta de cuerdas y órgano, además de versiones orquestales de valses, romanzas, intermezzos y otras obras escritas originalmente para ser tocadas o acompañadas por el piano. La música de salón es la que ocupa la mayor parte del catálogo de Márquez. En esta sección sobresalen sus romanzas para voz y piano, como por ejemplo Golondrina, Canción otoñal, Guadalajara, Blanquita, Tus ojos y Tierra tapatía. Cabe mencionar también una colección de 26 valses para piano, entre los que figuran Romántico y Carito, además de diversas composiciones como Serenata para violín, el trío Alma jalisciense, Reverie para chelo, Marcha fúnebre y Hoja de álbum, así como gavotas, danzas y otras formas breves. La música del maestro Sebastián Márquez no ha gozado de difusión luego de su muerte, casi 40 años después. La última vez que sus composiciones se presentaron al público fue en 1988 en un concierto-homenaje realizado en su memoria. Desde entonces, su legado permanece inerte, en espera de ser rescatado, evaluado y dado a conocer -por principio de cuentas- en la ciudad que fue el marco dentro del cual nació como una manifestación auténtica de su entorno y como el feliz resultado de una interesante concatenación de hechos. Temas Tapatío Música Clásica Lee También Fiestas de Octubre 2025: cartelera por fecha en el Auditorio Benito Juárez Napoleón une su voz con La Sonora Dinamita en una colaboración inédita Se filtran nuevos ADIDAS diseñados por Bad Bunny (FOTOS) ¿Dónde ver "Building the Band"?, la última aparición de Liam Payne Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones