Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | El templo cristiano es imagen de la Iglesia en su totalidad

Se ha perdido el respeto

El templo cristiano posee una significación profunda, es imagen de la Iglesia en su totalidad y por ello debe introducir en el ''Misterio''

Por: EL INFORMADOR

El templo era uno de los máximos valores para el pueblo judío, aunque no todos le daban su valor, como nos lo recuerda el relato evangélico de hoy. Originalmente, porque en él se resguardaba el Tabernáculo, en el que  estaba la presencia de Dios, y a él se iba para orar, para adorarlo y para pedirle por sus necesidades. Como tal, los judíos afirmaban que sólo debería haber uno y que el de Jerusalén era el verdadero. Con el tiempo vino a ser también un símbolo que involucraba otros ámbitos de la vida del pueblo.

El templo cristiano, por su parte, posee una significación profunda,  ya que es imagen de la Iglesia en su totalidad y por ello debe introducir en el “Misterio”. En él se han de reunir la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Para ello se usan elementos que manifiesten, en el interior, que toda la creación converge en la alabanza divina, y en el exterior ponen ante los hombres el misterio de Dios.

La Iglesia, a su vez, es el lugar de la comunión con Dios, lo que nos permite trascendernos a nosotros mismos con nuestra cotidianidad, para abrirnos a lo absoluto. Un buen templo evoca esta necesidad de apertura a la trascendencia y la encauza. El templo es entonces signo y símbolo de la Iglesia: no sólo facilita de hecho esa comunión, sino que la representa. A su vez, la realidad de la Iglesia se comprende mejor siguiendo el esquema del templo, como lugar de encuentro con Dios y de comunión entre los hombres, los cuales, como “piedras vivas”. formamos parte de ese “gran templo de Dios” que es la Iglesia.

El templo es un lugar sagrado, porque su consagración lo convierte en un recinto “separado”, es decir “dedicado” a Dios. Que algo sea sagrado significa que se sustrae al uso común --la mera funcionalidad-- para dedicarlo a la alabanza divina. No es el uso o la funcionalidad lo que da razón de lo sagrado, sino precisamente el ser separado de lo común y corriente, de forma que significa y dirige su sentido hacia Dios. El templo es un lugar sagrado porque está reservado para Dios y puedo encontrarlo en él, y por ello  también el hombre es sagrado en la medida en que “contiene” y representa a Dios.

Obviamente no se trata de un “contener” literal, porque Dios es inmenso y trascendente a la creatura; pero así como el templo es signo de la Iglesia, de forma semejante el hombre es “signo de Dios”. Somos “templos de Dios”. Ahí radica la dignidad absoluta del hombre: contiene a Dios y simboliza a Dios. Por ello afirma el Papa Benedicto XVI: “Todo hombre es un verdadero santuario de Dios, que ha de ser tratado con sumo respeto y cariño, sobre todo cuando se encuentra en necesidad”. La razón de ser del hombre, como la del templo, como la de la Iglesia, no se reduce a la mera funcionalidad y eficacia, sino que trascendiendo éstas, se convierte en algo “sagrado”, “separado”,  “dedicado” a la gloria divina.

Hoy por hoy, tristemente, muchos católicos ignoran o subestiman el significado y el gran valor y trascendencia del templo y de ellos mismos, por ello le han perdido mucho el respeto. Tal vez en lo general no se haya convertido en un mercado como el de Jerusalén, del que Jesús expulsa a los mercaderes, pero sí se observan conductas no sólo indebidas, sino muchas veces anticristianas, que tal vez si Jesús se hiciera presente haría lo mismo. Así, vemos a personas que van a misa y se la pasan platicando, distraídas y distrayendo a los demás; personas que dejan mucho que desear en su forma de vestir, no sólo atrevidamente, sino como si fueran a un mercado y no al encuentro con el gran Dios; el sonar de los timbres de los celulares --algunos de los cuales son respondidos en su lugar y hasta en voz alta, y otros se salen del templo para responder la llamada--, incurriendo en una falta de respeto grave; personas que acuden alcoholizadas, o que llegan tarde y se salen antes de que termine la misa, etc.

¿A qué se debe esta situación? Sin duda, a que no aman verdaderamente al Señor, porque no lo conocen; y no lo conocen porque no han tenido un encuentro personal con Él, que los lleve a una auténtica conversión a Él. La Cuaresma, tiempo de Conversión, es oportunidad de cambio profundo.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx

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