Suplementos | Veredas Sayulapán Una romántica población Por: EL INFORMADOR 12 de enero de 2013 - 20:29 hs Casas. Bellas viviendas de abobe y piedra prevalecen en este poblado. / GUADALAJARA, JALISCO (13/ENE/2013).- Al sureste del cerro El Pichinte, posa la romántica población llamada Sayulapán. El presbítero José María Arreola la refirió: Sayulapán -apan, río o arroyo; zayollin, mosca: “Río de las moscas”; hay un pequeño poblado con ese nombre al poniente de Zacoalco. Una fresca mañana, Nicolás y yo nos encaminamos al sur por los Chorros de Santa Ana. Al pasar por el poblado de los equipales, nos desviamos a la derecha por un sendero empedrado, que zigzaguea las laderas del cerro Las Presitas. Osotes floridos y petirrojos animaban el camino. A nuestra derecha miramos la bizarra ermita gaudalupana sobre la cresta del cerrito aledaño. Al ganar altura, pintorescos parajes nos fue regalando el camino: la laguna de San Marcos, con su cerro expresivo de pliegues; los techos de Zacoalco, con su añejo camichín de San Vicente, y la agrietada laguna de Zacoalco al fondo. Nos fuimos deteniendo en cada mirador, luego el sendero se adentró en el atractivo cerro El Guayabo, con sus lomas ocres moteadas por guajes, mezquites y margaritas de monte. Más adelante vimos un bonito hato reflejado en una represa, tranquilos ante aquella quietud. Bernabé Godoy V. puso en tinta: “Vamos acercándonos al caserío desarticulado de Sayulapán y seguimos bajando… Al rodear una loma, muy cerca, descubrimos el pueblo. Parece enquistado entre las faldas de los cerros. Tendido en la planicie, se ha ido integrando biológicamente. Mi vista abarca en escorzo gran parte del valle sedimentado sobre el brazo de mar que lamia las prominencias, en el cementerio –barrido ahora por el polvo amargo del salitre– de los mamuts y los mastodontes… se divisan las casas desparramadas en los baldíos sombreados por los mezquites. Entre ellos se desprende el humo de leña que atizan las indias. Las cercas cuadriculan el campo disparejamente; las pequeñas elevaciones del terreno equilibran el paisaje destacando del suelo laborable sus arboledas y matorrales o irguiéndose sobre las extensiones áridas. Por ellas juegan los remolinos donde el agua acumulada en el temporal se ha evaporado y resumido. Distingo a la izquierda la capilla de San Vicente, para mí adorable por los recuerdos”. Luego de un recodo apreciamos las añejas casas de Sayulapán. Dejamos el coche bajo la sombra de un bonito cedro e iniciamos nuestro andar por el pintoresco poblado, carente de trazo pero con atractivas fachadas, sus dos calles hacen una v donde se asoma la mayoría de las moradas, entre las calles hay unos fresnos y pinos que resguardan a un altar con la virgen morena. La mayor parte de las fincas muestran sus cimientos de piedra aparente y sus muros de adobe, también aparente, algunos zaguanes dan cabida a las remudas que pasan sigilosas a los corrales. Las atractivas ventanas son verticales y de cuatro hojas, las inferiores son más altas, los techos a dos aguas, las tejas cobijan a espaciosos tapancos, que guardan granos y pasturas, los fabulosos horcones delatan el nivel de piso. Una de las casas tiene un establo anexo, unas vacas en la calle esperaban su turno para recibir su pienso y ser ordeñadas. Caminamos pausadamente por aquellas hermosas calles, admirando casa por casa y saludando a algunos moradores, como a Pedro y Vicente Gómez Madrigal, primos; a la simpática niña Alejandra Espinoza, quien portaba un sombrero de ala ancha. Escuchamos unas coplas del alegre dueto de los hermanos Alatorre. Cabe evocar a Exiquio Beleche Becerra, del barrio equipalero Las Cebollas. Fue rebautizado “Jorge Valente” por Los Panchos, quienes lo apoyaron para grabar en la CBC con el mariachi Vargas. Y fue reconocido al interpretar Virgen de mi soledad. Alternó con Los Panchos, Javier Solís, José Alfredo Jiménez, Los Diamantes, Irma Dorantes, Columba Domínguez, Lucha Villa, Lola Beltrán, Amalia Mendoza y Alfredo Caria Curi. Su director fue Gilberto Parra. Después de disfrutar del cautivador espacio de Sayulapán, fuimos a Las Moras, poblado vecino que goza de fantásticas vistas, como una hondonada delimitada por una insólita cresta rocosa, nos detuvimos un buen rato a contemplar aquella pared de grandes piedras unidas con gracia, pareciera la columna vertebral de un dinosaurio. En el horizonte sobresalía el fabuloso cerro García. Temas Pasaporte Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones