Suplementos | El escritor colombiano estuvo de visita en Guadalajara Santiago Gamboa, el escritor ''app'' El escritor colombiano de rulos alborotados visitó Guadalajara durante tres días, en los que habló sobre la imagen de las urbes en la literatura, su infancia, los viajes y el estado de obsesión: los libros Por: EL INFORMADOR 29 de septiembre de 2013 - 02:04 hs Charla. ''El exilio convierte a las ciudades en espacios invisibles, pero llenos de historias'', dijo el escritor Santiago Gamboa. / GUADALAJARA, JALISCO (29/SEP/2013).- Hablar con Santiago Gamboa es como toparse con las italianas teñidas de rubio por las calles de Roma, ser llevado de las narices por la calurosa y especiada India, sentir la hostilidad francesa por las calles del París que, en sus palabras, sólo es romántico en la literatura. Pareciera que el autor se ha encarnado en una plataforma digital de esas en las que sólo se elige la letra y se busca el nombre del autor o del libro; la biblioteca arroja un resultado inmediato del año, síntesis y número de páginas del ejemplar. Gamboa, a diferencia de las aplicaciones, ofrece también una síntesis del género y trama, además de un análisis a profundidad de la obra y el autor. Es mucho más entretenido escuchar a Gamboa que navegar por una aplicación. La plataforma ofrece además un mapa de la geografía mundial que describe, no sólo sensorial, sino también estadísticamente, asuntos políticos, culturales y económicos del país seleccionado. Incluye elección de idioma. El autor de El síndrome de Ulises y Necrópolis, que conoce 68 países y dice que le faltan porque Naciones Unidas tiene registrados 194, cuenta que lleva siempre dos libretas a todos los viajes. Una más grande y otra que quepa en el bolsillo, asegura que esa es una mejor forma de viajar. Se caracteriza por un temple calmado aunque esté hablando del armamento militar israelí y la desigualdad palestina o del secuestro de un amigo periodista. Un enojo de Gamboa seguramente sería en cámara lenta. Con ese mismo halo y una jota suavizada propia del acento colombiano, habla de sus viajes y de cómo escribió su libro Océanos de arena (2013), en donde realizó un recorrido por Siria, Israel, Palestina y Jordania durante 2004 y 2006. “He visto la terrible desproporción que hay en todo y el modo como tratan a los palestinos. Tengo un amigo que es árabe, de familia y lengua árabe, pero su pequeña ciudad, Tira, forma parte de Israel. Ellos no pueden votar en las elecciones generales, sólo pueden votar por el representante árabe en el parlamento y tampoco pueden comprar propiedad de tierra ni ampliar la suya, si tuvieran. Los acosan para que se vayan a Jordania. (...) Si Israel no fuera aliado de Estados Unidos y si no tuviera armas sería un país con 85 demandas en todas las instancias internacionales”. Gamboa cuenta que, además de la arista humana de la situación, adoptó una posición política, pero que al momento de escribir hizo dos trabajos por separado. Uno que contaba las lecturas, información y análisis político que él hacía de la situación y otro que contaba el resto: “Lo que no quise fue centrar mi libro en el tema político, porque los libros políticos tienen un problema: envejecen”. Cuenta que por esa fecha Roberto Bolaño había fallecido y que, como amigo íntimo de éste, entre apuntes de libretas de Israel y Palestina, el escritor chileno se colaba en sus notas. Vive en Roma desde hace 16 años, aunque en el medio ha vivido dos años en Francia y dos en la India, en ambos como diplomático. También residió en Pekín y en España. Ahora habita en un departamento en Roma y tiene una casa en el campo, a 50 kilómetros de la ciudad, que se construyó gracias al premio La otra orilla, en el 2009, por el libro Necrópolis y un contrato ligado al premio, “sino no hubiera podido nunca”. A Gamboa la crisis italiana le pasa por un lado. “Yo nunca he vivido de Italia. Mis libros se venden en Italia como se venden en otros países”. Ha sido traducido a 15 idiomas y cuenta que viaja cuatro veces al año a su natal Colombia. Asegura que hay gente que no se da cuenta que ya no vive en Bogotá. En la literatura se declara fan de Honoré de Balzac y lo define como el padre de la novela urbana. Afirma que Jon Lee Anderson “es un genio”, lo considera el mejor periodista en el mundo. Gamboa no tiene nostalgia por los años pasados en los que la máquina de escribir era su compañera. Dice que la gran revolución han sido el internet y el celular y los lleva al plano literario en donde analiza que, los argumentos literarios antes del celular, con celular no funcionan. Se maravilla con el internet como si se lo acabaran de presentar y comenta que, para él, el invento más increíble sigue siendo el Insert, “y es que tú puedas hacer clic en un texto, en el espacio que quieres agregar algo y escribir allí, que era lo que a mí más me molestaba, me mortificaba. Mi primer libro lo escribí a máquina y a mí me gustaba que cada página fuera limpia. Yo escribía una novela de 500 páginas y en el fondo eran tres mil. Era un trabajo físico mucho más grande, pero yo siempre pienso que Balzac escribía a mano”. *** A Gamboa le enseñó a leer su hermano que es dos años mayor que él. “Se reunía con los amigos de barrio a hablar de libros y yo, que era el más pequeño, quería entrar en ese grupo. El primer libro que leí fue Tom Sawyer, de Mark Twain y a los 12 años estaba leyendo Cien años de soledad”. Luego la literatura más compleja le llegó al bogotano, con Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Gabriel Infante, García Márquez y Álvaro Mutis. Y actualmente elige pasar sus días leyendo a Vila Matas, Bolaño, Javier Marías, Vallejo, Guillermo Fadanelli, Jorge Volpi y Guadalupe Nettel, entre tantos otros que el autor puede nombrar como en un concurso de palabras por segundo: los nombres simplemente llegan a su mente y los escupe. Sin empacho y con un brillo de orgullo en la mirada dice que es hijo de intelectuales. Su madre es pintora y su padre es antropólogo y estudió artes también. Cuenta que cuando era niño todas las personas que llegaban a su casa hablaban de libros, exclusivamente de libros. “Yo, cuando todavía no sabía leer, sabía que era importante lo que había dentro de esos extraños objetos, porque las personas que más amaba, que eran mis padres, le daban importancia a eso. No sabía por qué, y cuando empecé a leer lo descubrí”. Tiene una biblioteca de seis mil libros que lo acompaña a todas partes. Se la llevó a la India, volvió a Roma con ella, y después a París y volvió con él. Cuando le pregunto por qué hizo eso, me responde con tono de obviedad: “Porque yo quiero estar siempre con mis libros”. Periodismo sin literatura El colombiano, que ha dado talleres de narrativa para periodistas en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), cuenta que descubrió su pasión por el periodismo de una manera muy potente, porque para él, el oficio de ser periodista, era la manera en que el “incipiente escritor” se iba a financiar. Así, yendo a la guerra de Bosnia como corresponsal, se dio cuenta de que la escritura periodística y la crónica se habían vuelto una pasión. El periodista de 47 años lamenta ver, un poco como maestro pero, sobre todo, como lector de prensa, que los periodistas tienen una carencia. “A veces digo ‘¡Madre mía, esta historia tan buena, y cómo está escrita!’”. Dice que aquí en México le contaron que, en algunas universidades, les están quitando literatura a los estudiantes de Comunicación social. “Es que imagínate, es una locura: ¿cómo le vas a quitar los estudios de literatura a la gente que se está formando en periodismo? Obviamente que no todos van a ser periodistas escritos, pero incluso en radio te puedo decir que el que sabe escribir sabe hablar”. “Yo creo que las personas que están formándose para informar tienen que tener una formación literaria, porque la literatura es la que les da una estructura narrativa. A eso se refería García Márquez cuando decía que hay una crisis grande en el periodismo, cuando dice que es la profesión más hermosa del mundo, está diciendo que el periodismo debe ser bien escrito, cuando es escrito, y bien dicho cuando es radial o en televisión. ¿Y quién sabe escribir?, la persona que lee”. Considera que quitar a los alumnos de periodismo la literatura es mortal, “es quitarles la fuente más importante de lo que es su actividad central, que es la escritura”. Cita a Gabriel García Márquez, quien dice que el periodismo es un género literario cuando se habla de crónica, lo que comparte, y nombra a algunos de los que, desde su conocimiento, son los mejores cronistas. Entre ellos enmarca a Martín Caparrós, Juan Pablo Meneses, Juan Villoro, Andrés Felipe Solano y Ana Gabriela Rojas y los clásicos Jon Lee Anderson, Paco Goldman y Kapuscinski. En el plano de la crónica periodística asegura que la investigación es el eje central de este tipo de escritura y nombra al premio Rodolfo Walsh, en España que se entrega a la crónica investigativa. Comenta acerca de Walsh: “Es un personaje específico que me pone a mí en un problema moral, y es decir: si yo pongo a Rodolfo Walsh en un tema de literatura, estoy quitando el punto central por el cual fue asesinado, que eran sus investigaciones periodísticas”. Y señala que el autor argentino, desaparecido en la dictadura militar del mismo país, apuntaba al riesgo de la investigación. “El periodista debe saber escribir muy bien pero también tiene que ser una persona valiente, que esté dispuesto a ir a tocarle las pelotas al poder” —primera grosería que le escucho decir a Gamboa en tres días de seminario. “En este aspecto, el periodista es la persona que corre en sentido contrario, cuando la gente está huyendo de lo que pasa, él periodista y el fotoperiodista van para allá. Forma parte de su profesión decir las cosas. Por eso hay una ética periodística: tú no puedes engañar ni ocultarle cosas a la gente, son pecados capitales. Un periodista que oculta es un periodista que merece el infierno de la escritura”. En este punto le pregunto sobre la realidad mexicana, que fue la realidad colombiana de hace dos décadas en su punto más álgido; sobre el decir las cosas y callarse, sobre el peligro, el narcotráfico y las amenazas. Gamboa hace la excepción “el periodista que se queda en silencio yo lo puedo comprender cuando está en peligro su vida, ‘lo mejor es estar vivo’. El periodista tiene un momento en que está dispensado, y es cuando está en peligro. Hay periodistas que a pesar de eso han seguido adelante, pero tampoco puedes formar a la gente para que sea asesinada. Yo tengo amigos periodistas en Saltillo que han sido secuestrados por el narcotráfico, un alumno en específico. No lo mataron porque fue advertencia”. Gamboa hace una metáfora automovilística y destaca: “Cuando un periodista levanta el pie del acelerador porque su vida está en peligro yo lo respeto, lo apoyo y lo protejo, porque tampoco tú puedes juzgar moralmente al que no quiere ser asesinado”. Con una novela corta en puerta, Una casa en Bogotá y el desarrollo de dos libros más, uno de ellos sobre India, país que le fascina y que visita una vez al año, el escritor brinca entre ferias de libros de Gotemburgo, Suecia, a Quito, Ecuador. El autor se presentará en el Festival Cervantino de Guanajuato y en la Feria del Zócalo del Distrito Federal. Este hombre-aplicación, que fuma y se toma un caballito de tequila para relajarse, es compatible con todos los interesados en la lectura. No se ha creado todavía un lugar tan completo en el ciberespacio para acaparar la información de la manera en que este escritor la recopila y expone. Experiencia, intuición y mil pares de ojos y pieles definen a un colombiano que viaja. La ciudad de la literatura El escritor Santiago Gamboa estuvo en la ciudad durante tres días para presentar un seminario de dos días “La imagen de la ciudad en la nueva literatura latinoamericana”, y la conferencia magistral “La ciudad y el exilio”, que tuvo lugar en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara. El autor habló de la importancia de la imagen de la ciudad en la literatura, de la novela urbana y la novela negra. De su exilio por “elección propia a los más de cinco países en los que ha vivido y de cómo la descripción, bien escrita, de una urbe puede trasladar al lector hacia el espacio desde el que “tipea” el escritor. Gamboa sostiene que las ciudades con su caos son el mejor entorno para contar historias y para que las cosas sucedan. 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