Suplementos | Lincoln MKS Sabe para qué está hecho El MKS es un perfecto Lincoln. Ofrece buen diseño, lujo, poder y una suavidad que lo integra perfectamente a su familia Por: EL INFORMADOR 27 de diciembre de 2008 - 07:09 hs A veces, tener un coche por unas cuantas horas, incluso días, no es suficiente. Porque hay autos que crecen con el tiempo en nuestra estima, que se van haciendo amigos, compañeros del día a día. Hay coches que uno va a prendiendo a amar y a cada momento en que nos toca estar con él, se transforma en un placer aparte. El Lincoln MKS es uno de estos. La primera vez que tuvimos en nuestras manos el MKS, no lo comprendimos totalmente, hay que confesarlo. Tal vez tuviéramos una expectativa distinta, probablemente esperábamos algo que no es exactamente Lincoln. Porque el MKS es una especie de primer auto de la nueva era de una marca que busca rehacerse, que procura un camino distinto que la devuelva a su vereda de éxito que un día, no muy lejano, tuvo. Pero este camino, y lo entendemos mejor ahora, no tiene que estar peleado con su pasado. De hecho, debe ir de la mano con él y no logrará su objetivo. Y ofrecemos una disculpa por nuestra poca capacidad de visión anterior, pero sólo después de conducir otros autos, pudimos finalmente entender al MKS. Parte de nuestra poca comprensión anterior viene del hecho de que extrañamos profundamente a un Lincoln aún fresco en nuestra memoria: el LS. De ahí que quisiéramos algo que el MKS sólo puede ser en parte, un sustituto para aquél bello, elegante y sobre todo, digno sedán. Para empezar, buscábamos la tracción en donde debe estar, al menos en un sedán: en las ruedas posteriores. Luego, también extrañamos la fuerza y el sonido inconfundibles de un V8 bajo el cofre. Pero, seamos honestos, éstos no son tiempos para despilfarros, ni siquiera cuando hablamos de productos de lujo. Por esto, el MKS es el coche correcto para la época adecuada. Esta corrección viene del hecho de usar una plataforma ya existente, la del Ford Taurus (¿Se acuerdan del Five Hundred?). Luego, viene también del motor, un V6 que tiene potencia suficiente para dejarnos satisfechos, a pesar de que seguimos extrañando el sonido de un V8. Al diseño del MKS, también nos tomó un tiempo habituarnos. Hoy, percibimos una elegancia propia, que se ve en la forma de la parrilla de “doble ala”, bien como de la elevada trasera. En su interior, el buen gusto es notable y los materiales son de primer nivel, como hacía mucho sentíamos que debía ser en la marca de lujo de Ford, por excelencia. El forro del tablero, de los asientos, de las puertas; los plásticos elegidos para la consola; los botones de tamaño perfecto y la lectura impecable de todos sus instrumentos, de noche o de día, hacen que estar en un MKS, en esta época del año, sea una especie de regalo de Navidad. La pantalla táctil que viene con la opción del sistema de navegación por GPS, es magnífica en su tamaño y brillo. Hasta con el deslumbrante sol del mediodía tapatío, se pueden leer las informaciones de los mapas de navegación, de la hora, temperatura ambiente y de la estación de música que estamos escuchando. Está también, por supuesto, el SYNC, el sistema de manos libres y entretenimiento que facilita mucho la vida para hablar por teléfono y escuchar música con mandos de voz. El espacio es abundante tanto adelante como atrás, para piernas, hombros y cabeza. Tanto, que incluso los que miden más de 1.80 metros de altura, en alguna ocasión querrán ajustar los asientos hacia arriba. Y esto que hay un buen quemacocos. Hay un par de puntos, empero, que no nos encanta. El primero es una cierta sensación de encierro, causada por la excesiva altura de la línea de cintura del coche. El segundo, es que aún no descubrimos cómo desconectar el sistema de aviso sonoro de maniobras. Cuando estamos en un semáforo y se nos acerca alguien, te desquicia escucharlo todo el tiempo. Otro día un señor se paró junto a la defensa delantera para pedir caridad y se quedó ahí algunos minutos, en los que escuchaba, desesperado buscando infructíferamente un botón para apagarlo, el estridente y continuo silbido proveniente de los sensores delanteros. Ojalá y en los 90 días en que tendremos el MKS, logremos encontrar una forma de apagarlo. Ojalá también, Lincoln ponga un botón en el tablero con esta finalidad, como tiene otros autos. El rodar del MKS es lo que uno espera de un Lincoln, en otras palabras, suave, poderoso. Pero también es más de lo que habíamos obtenido de la marca últimamente (con la más que honrosa excepción del LS). La dirección es precisa y rápida y no sufre mucho con los embates del torque, a pesar de la tracción delantera. La suspensión es extremadamente agradable y, al contrario de muchos en el pasado de la marca, no peca por exceso de suavidad. Incluso en carreteras sinuosas el MKS es un coche agradable, pero claro que encuentra su hábitat en las autopistas. Recientemente probamos a uno de los competidores directos del MKS, el Nissan Maxima. Y nos pareció que éste último es un auto indeciso, que no sabe si es un deportivo o un sedán de lujo. Esto no ocurre con el MKS. Éste es un auto de lujo, en toda su expresión, y uno lo percibe al mirarlo y lo confirma al andar en él. Esta honestidad nos parece más que bienvenida. Y el auto, al menos hasta ahora, simplemente nos encanta. Sergio Oliveira Temas Autos Lee También Pasos para tramitar permiso de instalar vidrios polarizados en tu coche Disminuye producción de autos en México Ésta es la multa por polarizar los vidrios de tu auto ¿Cuáles son errores comunes al inflar las llantas del auto? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones