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Renato Pajarito, victimario, víctima y deudor

Entre el 1 y el 11 de junio de 2011 el falso Pajarito pidió prestado 13 veces, consta en el Buró de Crédito local

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO (16/MAR/2013).- La tarde que Renato Pajarito vio la imagen de Renato Pajarito en la fotocopia de un pasaporte presintió la desgracia. El del pasaporte es cachetón, de ojos caídos muy grandes, corte militar y moreno. Es decir, no se parece a Renato Pajarito, que ahora debía 700 mil pesos, por obra y gracia de su doble.

Si la historia le parece confusa, ahora vaya usted, Renato Pajarito, a decirle a los de los bancos, las agencias de coches nuevos y los agiotistas que usted no es el Renato Pajarito que ellos andan buscando con tanta porfía. Que usted es el de a deveras y que el cachetón del pasaporte, el que se llevó el dinero y los coches, es falso.

Falso y metiche. Se le hizo maña meter las manos en los buzones ajenos de las viviendas de clase media de Ciudad del Sol, en Zapopan.

“En el edificio ya rondaba la mala onda. Al del 10, que vende coches, le habían puesto una pistola en la cabeza para robarlo. Ni nos habíamos repuesto del susto cuando se metieron al 2 y dejaron el departamento vacío. Yo vivía en el 6. A mí me robaron las cartas”, lamenta el Renato Pajarito auténtico, mientras sus dedos inquietos le intentan acomodar el mechón de cabello rizado que le cae en la frente. No. No se parece en nada al cachetón del pasaporte.

Corría febrero de 2011. Renato Pajarito decidió cambiarse de apartamento y de barrio. Así, el buzón número 6, que antes fue suyo, comenzó a llenarse de correspondencia, que alguien tuvo a bien recoger. No eran cartas de amor, esas ya casi nadie las escribe a mano. Eran los estados de cuenta de la tarjeta de débito, la cobranza del crédito del coche modesto que maneja Renato Pajarito, las facturas de la compañía de celulares. Sobres de esos que uno nunca abre cuando se los encuentra bajo la puerta. Bien pudo ser que el afectado no se enterara jamás del hurto.

Pero resulta que el ratero de la correspondencia también era falsificador. Y que un día le dio por llamarse Renato Pajarito y por pedir dinero.

Entre el 1 y el 11 de junio de 2011 el falso Pajarito pidió prestado trece veces, consta en el Buró de Crédito local, en el cual el real Pajarito aparece muy mal parado todavía en estas fechas. El buró arroja otros datos curiosos, como que el 2 de junio fue un día de trabajo arduo para el falso Pajarito: en una sola mañana solicitó cinco préstamos.

En total, cuatro bancos, tres casas financieras, dos agencias de coches, una casa agiotista, una mueblería que tiene nombre de apellido, un almacén de súper lujo, la empresa de telefonía celular más grande del país… Y donde quiera Renato Pajarito se identificaba con su pasaporte apócrifo de hombre cachetón y uno se imagina que también se identificaba con una sonrisa angelical.

En ocho de estos negocios le soltaron trajes de lujo, dinero, carros, teléfonos inteligentes.

Ha de decirse que no sólo falsificó el pasaporte, sino también estados de cuenta bancarios, a los que les anotó más dinero del que jamás haya tenido el Renato Parajito original; así comprobó solvencia económica. Aprovechó la Ley de Transparencia para adulterar recibos de nómina de la Universidad de Guadalajara, donde escribió que Renato Pajarito no gana 6,500 pesos al mes, como ocurre en realidad, sino 28,500 pesos a la quincena. Y se valió de documentos originales, como el CURP, que cualquiera puede imprimir si tiene algunos datos del dueño. Así Renato Pajarito, el cachetón, reunía todos los requisitos que necesitaba para hacer un fraude, gracias a dos o tres sobres que se había robado del buzón 6.

Ignorante de lo que ocurría con su propia identidad, un día de finales de junio de 2011 el auténtico Pajarito recibió una llamada telefónica. “¿Señor Pajarito? ¿Usted solicitó un préstamo para un coche de 300 mil pesos? ¡Ahhhh! Ya decía yo que algo andaba mal. Fíjese que hace unos días vino un cachetón con su nombre e identificación a pedirnos prestado…”.

Esa misma tarde, gracias al funcionario de cuenta perspicaz de una casa financiera, Renato Pajarito, el verdadero, vio la imagen de Renato Pajarito, el falso, en la fotocopia de un pasaporte y presintió la desgracia.

Intentó protegerse con una denuncia ante la Procuraduría General de Justicia del Estado de Jalisco, contra quien resulte responsable por robo de identidad, pero su doble le llevaba mucha ventaja.

Un par de meses más tarde, Pajarito comenzó a recibir llamadas por la madrugada: los banqueros y agiotistas que antes no habían sido eficaces para descubrir la identidad falsa del cachetón que les pidió prestado, ahora mostraban dotes detectivescos para hallar y acosar al verdadero Renato. Así es la vida.

Y puede ser peor, si ante la ausencia de dinero en la cuenta de débito personal el banco de uno se acomide, sin consultarlo a uno, a pagar lo que reclaman los otros deudores. 272 mil de un coche, 25 mil de un establecimiento de crédito, 233 mil de otro carro, un préstamo de 54 mil, dos líneas de telefonía celular de tres mil 400. En total, 700 mil pesos mexicanos 00/100.

En esas se vio Renato Pajarito. Teniendo que aclarar en ocho lugares a la vez que no, que él no pidió prestado. Que uno “más listo, profesional y cabrón” le robó el nombre y el honor.

En estos días Renato Pajarito es un obsesivo de la seguridad. Su casa es abundante en sensores de alarma. En un cajón de carpetas dispuestas en orden alfabético, guarda los documentos de su aciago caso: denuncias, ampliaciones, cartas de desconocimiento de pago, etcétera, que desde hace tiempo escribe sólo de su puño y letra: “Banco Fulano. Por medio de la presente informo que he recibido llamadas de su institución reclamando el pago del crédito tal. Me permito informar que fui objeto de robo de identidad…”.

Entre todos esos papeles que guarda está el pasaporte con la foto de su tocayo, el cachetón, a quien Renato ve con una mirada seca e indecisa, entre el odio y la admiración.

En su computadora guarda los archivos del Buró de Crédito, cuyos servicios ha debido contratar —pago previo— para enterarse cuando su doble solicita un nuevo préstamo. Renato Pajarito es un cliente y un tránsfuga del Buró de Crédito.

Recomienda resguardar bien el correo que llega a casa, romperlo en mil pedazos antes de echarlo al cesto de basura y pide que este relato se escriba con una identidad irreal, no vaya a ser que el cachetón ande cerca. “¡Auxilio! El otro Renato tiene mi identidad, mi CURP, mi RFC”. ¿Y los de la Procuraduría? “Nunca me hablaron. Imagínate. Ellos tienen un montón de asesinatos, asaltos a mano armada y secuestros por resolver. A mí nomás me robaron mi identidad”.

Tapatío

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