Suplementos | Península de Yucatán Recorrido prehispánico El cielo, las vistas y herencias de Chichén Itzá, hacen de esta ciudad maya un lugar digno de admirar Por: EL INFORMADOR 16 de enero de 2011 - 02:06 hs La pirámide de Kukulcán es la más imponente herencia de la ciudad prehispánica de Chichén Itzá.ESPECIAL / GUADALAJARA, JALISCO (16/ENE/2011).- Visitar la antigua ciudad de Chichén Itzá en la Península de Yucatán, no sólo significa conocer una Maravilla del Mundo, además, para los mexicanos representa echar una mirada al pasado, a las raíces del México contemporáneo y a un sinfín de historias envolventes, ya sea por lo increíble de su realidad o por lo enigmático de sus misterios que siguen sin ser corroborados. Pasear entre estos monumentos gigantes de piedra resulta toda una experiencia, con cada paso la historia de un mundo prehispánico se fusiona con la modernidad, mientras a nuestro alrededor, los mayas de esta época están atentos para captar la atención de los visitantes, con el sólo objetivo de lograr que lleven consigo una de sus piezas artesanales, aquellas que evocan a sus dioses, música y cultura que, como ellos dicen, “mientras existan mayas que hablen su lengua, se mantiene viva”. En la ciudad, cuyo nombre significa “Boca del pozo de los Itzaes”, el cielo parece mezclarse con la tierra, resulta casi mágico ver cómo el infinito azul -y sus tonalidades- parece rendir un homenaje a los hombres que construyeron, habitaron y murieron en Chichén Itzá. Tener los sentidos a flor de piel es uno de los requisitos indispensables para conocer por completo esta misteriosa ciudad maya, pues no basta con mirar y escuchar, es necesario oler, sentir y saborear esta tierra de imponente arquitectura prehispánica. Esta tarea no es complicada si se toma en cuenta a los cientos de descendientes que aguardan con lo que parece una interminable variedad de sus creaciones. Camina despacio, observa los detalles, detente a conversar con los mayas, sólo así entenderás los monumentos que en Chichén Itzá, se imponen para ser admirados. Chichén viejo El primer centro de población se estableció en torno a varios cenotes, antes de la influencia Tolteca. En este período que comprendió del año 415 al 435 después de Cristo, se construyeron algunos monumentos, como el edificio de “Las monjas”, llamado así por los conquistadores, ya que al tener numerosas habitaciones lo asociaron con los conventos. Asimismo, nombraron “La iglesia” a otra edificación que, según los españoles, lucía similar a las iglesias cristianas europeas. El castillo – pirámide de Kukulcán Este monumento fue edificado en honor al dios Kukulcán, cuya construcción es en sí misma la representación del famoso calendario maya. Cada escalón es un día del año, 365 pasos hacia el cielo permiten llegar hasta la cumbre. La edificación fue sobrepuesta en otra pirámide menor, la cual aún conserva una cámara en la que se encuentra el trono del jaguar rojo. La pirámide de Kukulcán es famosa entre otras cosas, por su arquitectura precisa que, matemáticamente, permite registrar la llegada de la primavera el 21 de marzo, y del otoño, el 23 de septiembre. Durante los equinoccios el espectáculo es capaz de asombrar a los afortunados que lo presencian. El juego de luz y sombras deja ver a la serpiente emplumada que desciende de la cima del castillo en dirección del Cenote Sagrado. Este suceso, para quienes arraigan las creencias mayas no es más que “El descenso del dios Kukulcán”. El Cenote Sagrado En este lugar se realizaron numerosas peregrinaciones como parte del culto al dios del agua. Los mayas arrojaban ofrendas ceremoniales que consistían principalmente en objetos preciosos, como piezas de oro, jade, cobre y tela. Aunque no es el caso de esta ciudad, los mayas que no contaban con un observatorio utilizaban el reflejo en el agua de los cenotes para estudiar y registrar el movimiento de los astros. El observatorio También conocido popularmente como “el Caracol”, es uno de los edificios más importantes de la cultura maya, pues desde este lugar los astrónomos observaban la bóveda celeste y seguían los pasos de Venus, el Sol, la Luna y otros eventos cósmicos. Los vastos conocimientos que los mayas tenían sobre los astros fueron los cimientos para los futuros descubrimientos astronómicos. Juego de pelota El juego de pelota era una representación del movimiento de los astros, la batalla entre el día y la noche. Para este pueblo, esta actividad era, ante todo, un importante ritual en el que los dioses hacían acto de presencia y el capitán del equipo victorioso alcanzaba el honor y la gloria. La muerte, mediante el sacrificio, era el cierre de estos recurridos encuentros. A la fecha, estudiosos difieren entre las versiones de este acto, para algunos -como sería lógico- se sacrificaba al capitán del equipo derrotado, sin embargo hay quienes aseguran que aquello era un honor tan grande que el sacrificado regalaba infinitas bendiciones, por lo que detallan que quien moría era el vencedor y no el perdedor. Plataforma de Venus El culto a Kukulcán estaba relacionado con el planeta Venus, éste se asociaba con el agua y la fertilidad, después, hacia el año 550 d.C., la plataforma adquirió un sentido de sacrificio y muerte. Templo de los Guerreros Este templo de carácter militar, que se encuentra rodeado por el grupo de “las mil columnas”, muestra una clara influencia Tolteca que se enfatiza al compararlo con el templo de Tlahuizcalpantecuhtli, situado en Tula, Hidalgo. En ambos sitios se encuentran imágenes de Chac Mool, atlantes y serpientes emplumadas. Mirada al pasado Durante el periodo Clásico Tardío, que abarcó desde el año 600 al 900 después de Cristo, la mayor parte de las ciudades mayas de las tierras bajas del Sur, como Tikal, Palenque, Calakmul y Yaxchilán, entre otras, habían sido abandonadas. Entonces, tomaron el control político las ciudades de la zona Puuc: Edzná, Sayil, Labná, Kabah, Uxmal y la ciudad-estado Cobá, al este de la península. Hacia el siglo X, emergió un nuevo competidor en la llanura central, ya que la gente de Chichén Itzá se había aliado con comerciantes marinos que recorrían la costa Norte de la península de Yucatán, unión con la que nació la confederación más poderosa que el mundo maya hubiera conocido. Chichén Itzá, por sí sola, tuvo su primer apogeo durante el siglo V, cuando se edificaron construcciones estilo Pucc bajo el dominio de sus habitantes, los Itzaes. El segundo gran auge y que le dio su poderío comercial, fue en el año 969 después de Cristo, con la presencia Tolteca, que destaca como una poderosa cultura del centro de México. Los Itzaes compartieron con ellos diversos elementos culturales, tales como la divinidad Kukulcán-Quetzalcóatl, así como formas arquitectónicas y escultóricas. La decadencia de la gran ciudad inició hacia el siglo XIII, sin embargo, hasta nuestros días sus ruinas continúan dando luz a los enigmas heredados por sus pobladores para este México contemporáneo. PARA SABER Debido a su importancia cultural para la herencia común de la humanidad, esta ciudad fue inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988. Luego, tras resultar seleccionada en una votación masiva por internet, el 7 de julio de 2007 también fue reconocida como una de las nuevas Maravillas del Mundo. Temas Pasaporte Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones