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Lunes, 20 de Noviembre 2017

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Suplementos | El Oriente del Cerro el Vigía yace el legendario Puerto Manzanillo

Puerto Manzanillo

El Oriente del Cerro el Vigía yace el legendario Puerto Manzanillo
Hay una escultura de un pescador y otra de una mujer que mira fijamente al puerto. ESPECIAL / CORTESÍA/ V. García

Hay una escultura de un pescador y otra de una mujer que mira fijamente al puerto. ESPECIAL / CORTESÍA/ V. García

GUADALAJARA, JALISCO (10/ABR/2016).- El Oriente del Cerro el Vigía yace el legendario Puerto Manzanillo, que mira a la Bahía de igual nombre y al Sur a la Laguna Cuyutlán.

Antaño el puerto era referido como La Manzanilla, por el árbol que se localizaba cercano al primer muelle, y en 1793, como, El Manzanillo. Para 1823, los diputados Gerónimo Arzac y Leandro Bravo solicitaron en la Ciudad de México la apertura del Puerto Manzanillo. El cambio del fondeadero de Tzalahua al actual se acordó en 1824 y en octubre del siguiente año el Congreso de la Unión, “lo habilitó para el comercio extranjero y de cabotaje”, acción ratificada en 1848.

En aquella época, las embarcaciones requerían 142 días para llegar a Hamburgo y 15 a San Francisco. En 1873 se erigió el Municipio de Manzanillo a través del gobernador Santacruz, quien solicitó al Gobierno Federal la edificación de un dique y un canal para “comunicar de modo constante” la Laguna de San Pedrito (hoy Las Garzas). En 1872 se impuso una alcabala a los cocos de aceite para costear las obras. En el naciente puerto estaban establecidas tres firmas mercantes (procedentes de Hamburgo), cada casa avecinada en la población de Colima, tenía su sucursal en Manzanillo para recibir las mercancías. En 1869, la Aduana Marítima estaba a cargo de Luis Rendón.

Cierto día nos encaminamos al puerto y empezamos nuestro andar a partir de las vías del tren, a un costado estaba la antigua Estación Manzanillo, de dos pisos, con muros y cobertizo de madera, la vía angosta fue inaugurada en 1889.

Miramos una bonita ancla de un barco sobre un pedestal, luego un monumento, “En honor a la tripulación profesional y voluntaria del remolcador Escorpión, que el 13 de marzo de 1972 expuso su vida al retirar de las instalaciones de Pemex al buque tanque Mary Ellen Conway, que en llamas amenazaba inminente conflagración”, el monumento conserva piezas del remolcador.

Enseguida apreciamos una escultura de un pescador y otra de una mujer que mira fijamente al puerto, a unos pasos dos ficus figuran una barcaza y más adelante el monumento al “Marino Mercante”, obra de Rubén Hernández. Enseguida admiramos una escultura de una dama, desnuda y sentada, con el brazo derecho levantado, una estrella en su mano y su mirada de ilusión en el molusco, atrás un muelle con remolcadores. Y a un costado una escultura a “El Estibador”, de pie, con malacate y una carga sobre su espalda, a corta distancia observamos una gran hélice de barco y a un lado un monumento a Benito Juárez, de pie, con la constitución en  su mano izquierda y la otra mano extendida, sobre el pedestal una placa reza: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

En la esquina Suroriente y del lado Sur del Jardín Obregón miramos el kiosco, animado por una fuente de dos copas. El centro de la plaza lo domina una preciosa escultura de color azul cielo, un enorme pez vela arqueado, dando un vistoso salto. A un costado vimos un busto de Álvaro Obregón y del lado del malecón, un timonel, monumento a “El Marino”, otra obra de Hernández. El timonel mira a los guardacostas P103 y P104, piezas de museo.

En dirección de las popas, un hasta con la bandera nacional, con las palabras: “Honor, deber, lealtad y patriotismo”. Cerca, una bonita fuente de dos copas, entre tres caballitos de mar. Caminamos por la calle México y miramos la fachada del añejo Hotel Colonial, que hoy ocupa una tienda y el restaurante “Los Candiles”, y a corta distancia, el añoso jardín de niños Hidalgo. Pasamos por el portal del Hotel Foreing Club, de bizarros vanos circulares, el Club Social, cerrado.

Fuimos a comer a Ly Chee, a un lado del remolcador Piloto, degustamos unos deliciosos camarones checos y otros cantoneses, con vista a las lanchas y al dinámico puerto, enormes barcos cargueros entraban y salían, un cantante interpretaba música romántica.

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