Suplementos | Crónica del primer grupo de mujeres motociclistas en Guadalajara Prohibido estacionar: zona de Amazonas Las Amazonas Biker Agrupación son el primer y único grupo de motocliclistas mujeres en la ciudad Por: EL INFORMADOR 18 de mayo de 2014 - 00:50 hs Ellas cambian Louis Vuitton, Marc Jacobs, Chanel y Michael Kors por Honda, Vajaj, Pulsar y Suzuki. / GUADALAJARA, JALISCO (18/MAY/2014).- Labial ''fucsia'', sombra morada y paliacates de un violeta Barney. Mucho negro y motos. Uñas de colores y playeras uniformadas. Chalecos de cuero, tacones y botas. Metal y motos ruidosas. Las amazonas, además de hacer mucho ruido, son mujeres apasionadas, mamás, esposas, maestras, doctoras y abogadas, entre otras, que comparten la pasión por las motos, por los ruidosos escapes y por salir a rodar en carretera. Ellas son las primeras mujeres motociclistas organizadas de Guadalajara y se comprometen con la agrupación -que no motoclub- como las mujeres saben hacerlo: hablando mucho y escuchándose como amigas. Algunas de sus vidas parecen incompatibles con la pasión de las motos, como la de Tere que es abuela, ya se jubiló como nutrióloga y trabaja unas cuatro horas por día bordando vestidos de novias y quinceañeras. Usa un pañuelo morado en la cabeza al estilo Jack Sparrow y a los costados se desborda el pelo en un carré prolijo. Cuando pregunto por su apodo dice que no tiene, que le gustaría “amiguita” pero le parece demasiado “marica” para el medio. Aún así se define como rebeldona desde joven, amante del rock y tan viajera de tiempo completo que se fue hasta Belice con su marido en moto, en un viaje de 16 días. También la vida de Mar-Mar dio un giro a partir de las motos. Ella es asesora financiera y la tesorera de Amazonas. Lleva las cuentas y organiza las listas de quienes pagaron parches y quienes no. “Desde que estoy en esto es prioridad en mi vida el ambiente biker. Antes era muy aburrida mi vida”. Se emociona cuando habla de las motos y se acerca en confianza “yo buscaba algo en la vida, sentía que me faltaba algo, ir a la escuela, a trabajar, los hijos, la casa...”, hace un gesto de guácala y cambia el gesto mientras me explica cómo nació su amor por las motos a partir de un evento de la Harley Davidson que vio en el Distrito Federal. Estas Amazonas no sólo son “guerreras por una amistad sin fronteras”, como lo marca su parche, sino que además pelean por la unificación como mujeres motocliclistas, “que nos reconozcan y nos respeten como lo que somos”, dice Isela, una de las amazonas que es la niña aplicada de la clase. Comenta que aunque el ambiente es machista, ya hay algunas flexibilidades, “pero no hay como estar con un grupo de chicas que nos queremos, que podemos platicar de maquillaje, de ropa y de los hijos, cosas que no podemos hablar con los hombres”. La organización, que nació como iniciativa de Laura, la presidenta, que está en Michoacán, y luego de Bella, la vicepresidenta, que vive en Sinaloa, lleva poco más de un año en Jalisco y es actualmente el Estado que más integrantes tiene con 24 chicas, entre miembros y simpatizantes. Las chicas miembro son las que ruedan -salen en sus motos- solas, que no tienen motoclub. Los motoclubs son grupos que salen a rodar, que les exigen exclusividad a sus miembros y que por lo general también llevan sus playeras o chalecos y parches que los identifican. Las que son simpatizantes, es decir que forman parte de un motoclub y además de la agrupación Amazonas, no pueden portar los dos parches que existen, grande y pequeño, se quedan nada más con el parche pequeño. Miriam, la responsable de Amazonas Jalisco, cuenta que el logo y el nombre de Amazonas está registrado legalmente y que por eso es tan importante la uniformidad y el compromiso con la agrupación. En la reunión que mantienen en un bar frente al Parque Rojo se hace la entrega de parches y cada una de ellas se siente orgullosa de pertenecer, se puede ver en las sonrisas. Reciben el aplauso de las compañeras y posan para la foto. Miriam les recuerda el compromiso que asumen con ese parche, que como es un grupo muy grande de mujeres y ellas llevan la bandera de la inclusión, está abierta la puerta a quien quiera unirse, copilotos, pilotos o sólo apasionadas al motociclismo, pero que es requisito ir a convivir “es lo más importante”. Por lo mismo, Isela comenta con su inseparable cigarro electrónico, que le gusta el ambiente de hermandad. “Para mí rodar es fortalecer los lazos de amistad que tienes con las muchachas aunado con la pasión que tienes por las motocicletas”. En las reuniones, además de charlar y tomar unas cervezas, se ocupan de planificar salidas, cursos y misiones altruistas. Esta vez avisan sobre el próximo curso que dará Alejandra, la doctora del grupo, sobre primeros auxilios para motociclistas en la carretera, que tendrá como misión la prevención y también se hablará de la buena conducción y de conocer y saber qué hacer ante una caída. Yoly Chopper, como le gusta que la llamen, es abogada y lleva poco más de un año en el motociclismo pero trae la seguridad y el porte de una década. Cuenta que tuvo un accidente en la ciudad y dice que no le pasó nada porque traía el equipo completo: casco, guantes y chamarra. Las chaparreras sólo las usa cuando sale a carretera. Con tranquilidad dice que ella “nada más” levanta 140 en carretera y que una de las claves, para ella que sale mucho sola, es irse por la libre lo más que se pueda porque allí hay gente, “en la pista te quedas haciendo señas de auxilio y nadie te pela”. Además planean un curso de mecánica que, aunque muchas de ellas no conocen tanto del tema, todas quieren aprender, y otro curso de manejo de motos, tratando siempre de que estas clases sean gratuitas. Elizabeth, conocida en el gremio como la “Camaleona” por el nombre que lleva el motoclub de su marido, dice que siempre ha rodado con él y que ha participado activamente en ese motoclub pero desde que está en Amazonas admira cómo se respeta el liderazgo y que aún así todas tienen el mismo derecho de opinar. “Estoy sorprendida de ver la organización que tenemos las mujeres”. Uno de los sueños de Camaleona es que alguna reina de belleza o alguna mujer influyente de los medios, se una a este movimiento y sobresalga con el mensaje, “porque las mujeres tenemos el mismo derecho, incluso dentro del motociclismo”. Ser mochila Muchas de ellas aseguran que el medio es muy machista y que las mujeres siempre se han visto como las acompañantes de los hombres sobres las motos, pero que ahora que apreció Amazonas, muchas les han planteado a sus parejas que éste es su espacio, uno exclusivo, y que las apoyaran. “Los hombres en el ambiente son muy reacios porque siempre quieren que los veas como los machos, los que mandan, los conquistadores, aunque con panza”, dice Tere, a lo que la mayoría de de sus compañeras adhieren. Alejandra, la doctora, dice que nunca falta el carro al que le da envidia que lo rebase, “hay quienes luego luego se dan cuenta de que soy mujer y son groseros”. La Camaleona, que ha estado inmersa en el mundo de los hombres pilotos, dice que a las mochilas -como llaman a las copilotos- nunca se les tomó en cuenta, y menos a las mujeres, dice que no pueden hablar ni opinar. “Yo siempre peleé por los derechos de las mujeres en el motociclismo. Son muy machistas, son muy de ‘¿para qué traemos viejas?’. He estado en muchas juntas de hombres y ellos no tienen el valor de decir las cosas de frente y las mujeres somos más directas, cuando hay algo que te incomoda lo dices. Entre los hombres todos quieren ser líder y es muy distinto a las mujeres, aquí las decisiones se toman por el bien común”. Pone el ejemplo de la realización de un evento y dice que los hombres esperan a que el líder diga qué se va a hacer y que, por el contrario, las mujeres son acomedidas y cada una se organiza para llevar o hacer algo. “Tenemos la predisposición de siempre ayudar y servir, que eso es lo que no tienen los hombres”. Por otro lado Marisela, a quien llaman Maricoca, es la hermana de Miriam y maestra de primaria, dice que le gusta la manera en que se ve a la mujer motociclista en las Amazonas. Asegura que hay mucha discriminación hacia la mujer, en general, y en ese ambiente más. “Los hombres son muy celosos de los motoclubs y a las mujeres nos ven como un adorno, como la mujer que va con el motociclista”. Altruismo El altruismo es una parte importante de los motoclubs en general, muchos de los grupos de ''choppers'' y motociclistas tienen la costumbre de ayudar a instituciones un poco con el fin de “lavar” esa mala impresión que parte de la sociedad pueda tener de ellos. “Hay muchos motoclubs que hacen obras altruistas y ese es nuestro plan. El mundo del motociclista no lo reconocen como tal. Piensan que somos malos, pero tenemos muchas cosas buenas que la gente no sabe”, dice Isela. Las Amazonas no se quedan atrás en este aspecto y es por eso que ya han participado llevando juguetes a los niños del Hospital Civil, el pasado día del niño, y organizaron una rodada en apoyo a las mujeres con cáncer. Ahora planean visitar a mujeres reclusas y llevarles víveres. Esta idea que pone sobre la mesa Miriam surge a partir de su grupo de oración, “Esclavos del Espíritu Santo”, en el que participa desde hace cuatro años y a través del que dice estar haciendo sus “pininos” sirviendo y ayudando espiritualmente a quien busca ayuda. La Camaleona opina que el simple hecho de tener una moto significa que ya se tiene una solvencia económica, “porque este es un deporte caro” y le dice a los hombres que si pueden invertir 100 o 200 pesos en cervezas, pueden invertir ese mismo dinero para ayudar a alguien. “A veces cuando entramos a los hospitales, a los lugares que visitamos, se ríen nada más de vernos, pero si nos queremos quitar el estigma de que los motociclistas somos vagos, revoltosos y ladrones, la mejor manera es esa”. Una pasión costosa Todas ellas hablan de cilindrajes como de maquillajes y de los modelos de motos ''choppers'' y de motos de pista que tienen o desean comprar. Todas saben que es un hobbie muy caro, no sólo por el costo de las motos, que va desde 15 hasta 70 mil pesos, sino también porque en el ambiente casi todos los fines de semana hay eventos y muchos se realizan en otros Estados de la República, lo que implica tener el dinero para la gasolina, asegurar el hospedaje, en hotel o por lo menos acampar, las casetas, comida y lo que requiera el convivio, esto sin contar que se tiene que tener el tiempo para hacer salidas de dos o más días. Tener el parche también cuesta más de 400 pesos y el costo de la playera, cheleco y demás accesorios requieren de una suma de dinero extra. Las caderas no mienten Lyn mide 1 metro 55 y tiene una moto ''chopper'' de 300 kilos. “Es pura maña traerla, es un juego de caderas”, asegura y me muestra cómo al subirse hace un movimiento que endereza al monstruo negro que pesa más de cinco Lyns. Clandestina, que tiene una moto de 345 kilos, aporta al argumento y dice que el chiste es saber mantener el equilibrio, saber manejar estándar y que a la hora de subirse “es más maña que peso”. Varias de las chicas confiesan quedar de puntitas cuando enderezan la moto pero que a la hora de la manejada se siente ligero, “como una bicicleta”. Ellas cambian Louis Vuitton, Marc Jacobs, Chanel y Michael Kors por Honda, Vajaj, Pulsar y Suzuki, las marcas que las hacen suspirar, sentir adrenalina, divertirse y gritar en medio de las rodadas. Además de ser femeninas, coquetas y saber de motos, estas mujeres se abren camino en un mundo que desde su génesis se planteó para los hombres, mismo que ahora tiene una piedra en sus botas de cuero masculinas: una tribu de Amazonas rodando por las calles. Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones