Domingo, 12 de Octubre 2025
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Pompeya: dos mil años enterrados de la historia

La vida en la prestigiosa ciudad romana está a la vista

Por: EL INFORMADOR

PAISAJE. Tras los vestigios de la señorial ciudad romana, aparece imponente el Vesubio.  /

PAISAJE. Tras los vestigios de la señorial ciudad romana, aparece imponente el Vesubio. /

GUADALAJARA, JALISCO (25/NOV/2012).- La ceniza empezaba a caer sobre nosotros. Volví la cabeza y vi una espesa humareda que nos seguía extendiéndose sobre la tierra como un torrente. Las mujeres gemían, los niños lloraban, los hombres gritaban, unos llamaban a su madre, otros a sus hijos, otros más a sus mujeres, esforzándose todos en hacerse reconocer por su voz. Algunos lloraban su desgracia, otros la de los demás; y otros, angustiados por la muerte la llamaban”.  Así escribió Plinio el Joven, sobreviviente de la catástrofe del día 24 de Agosto del año 79 d.C., cuando el  Vesubio, haciendo una imponente erupción, cubrió con varios metros de ceniza, lapilli, pómez y arena, la hermosa y floreciente ciudad greco-romana de Pompeya con todo y sus habitantes, y a su vecina Herculano. Plinio el Viejo –su tío–, admirado personaje, murió asfixiado por los gases y la arena, mientras en sus naves trataba de rescatar a sus prójimos del desastre. Grande ironía es que ese día se festejaba a Vulcano el dios del Fuego.

Casi 20 siglos después, tras de intensos y delicados trabajos de excavación, es que podemos ver con todo detalle cómo era la prestigiosa y acaudalada ciudad romana. Caminar por sus calles, entrar a sus casas, ver sus modos de vida, costumbres, y hasta los grandes lujos que son muy evidentes en algunos lugares; como por ejemplo, en sus termas de agua fría unas (frigidarium), o las de agua caliente (caldarium); en los gimnasios; en los urinarios públicos (letrinae); y hasta en los lupanares, en donde aparecen en las paredes, dibujados con lujo de detalles, los servicios que eran ofrecidos; y ¡hasta sus tarifas! (un vaso de vino, un ase; una lupa, ocho ases). En las calles se pueden ver  curiosos y algunas veces hasta simpáticos “grafittis” de aquellos tiempos. En algunas lujosas casas que quedaron casi intactas, intrincados y alusivos mosaicos aparecen en pisos y paredes: un fauno anuncia las preferencias del dueño; un “cave cane” que advierte la presencia de un perro guardián. Bellos pórticos enmarcando amplios y espaciosos jardines; espacios utilizados para piscinas o ejercicios gimnásticos y actividades comunales nos hablan de una ciudad próspera, alegre, confiada y despreocupada.

Impresionante es por eso el llamado huerto de los Fugitivos, en donde aparecen moldeadas en yeso y tiradas en el piso, las figuras de 13 personas que fueron tomadas por sorpresa en el momento de su huída. Curioso es saber que la mayoría de los habitantes no estaban en absoluto alarmados por los temblores del momento, ya que estaban muy acostumbrados a ello.

Sin embargo, esta terrorífica explosión “Plineana” (un altísimo hongo de casi 30 kilómetros. de altura) de ceniza que duró casi 20 horas, fue seguida por otra “Peleana” (con materiales más sólidos) que prácticamente pavimentó las cenizas anteriores al expandirse velozmente sobre ellas, dejando sumergida por milenios a la bella ciudad y sus casi 20 mil habitantes. Hoy en día, gracias a los intensos trabajos de restauración, podemos caminar y comprender los estilos de vida grecorromanos de aquellos tiempos.

Pompeya, al igual que Herculano, están al sur de Italia; muy cercanas (30 kilómetros) de la bulliciosa Nápoles, con su hermosa bahía y sus alrededores colmados de atractivos: Amalfi, la Gruta Azul, Sorrento, Capri y hasta Positano, donde es indispensable tomar un limoncello.

Nápoles es una ciudad alegre y cosmopolita, donde restoranes y pequeños hoteles hacen una estancia por demás agradable. Visitar su museo para entender los eventos del Vesubio y la historia de Pompeya es sumamente interesante y, además, indispensable para poder saborear los dos mil años enterrados de la historia.

Personalmente recomiendo hacer la visita al museo después de visitar el sitio (y no antes como ahí lo recomiendan), una vez habiendo “sentido” la ciudad, su contexto y su carácter. Así, los detalles, datos, referencias y minucias se apreciarán con un mejor criterio. ¡Gócenlo! 

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