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Jueves, 21 de Febrero 2019

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Suplementos | Día del Niño

Pequeños y grandes personajes

México festeja a los niños, aunque el festejo debería ser a diario

Por: EL INFORMADOR

Fernanda, ataviada con sus rodilleras, pantalón, faja, casco y guantes, rompe cualquier esquema. ESPECIAL  /

Fernanda, ataviada con sus rodilleras, pantalón, faja, casco y guantes, rompe cualquier esquema. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (30/ABR/2011).-  México festeja este 30 de abril a los niños, aunque el festejo debería ser a diario, otorgándoles el lugar que merecen, simplemente por ser humanos.

Hoy celebramos en Tapatío Cultural a tres pequeños que han destacado en diversas disciplinas: Enrique Bejarano Vidal, una promesa del ballet clásico en Guadalajara; Fernanda Contreras de Obaldía, que se encamina a ser una de las más grandes motociclistas de la ciudad; y Francisco Miramontes “Lagartijo”, un chico con cinco años de trayectoria en la tauromaquia.

Rosa, el color de la velocidad

Quizá se trata de un talento que corre por la venas de toda una familia, o tal vez es sólo una actividad que Fernanda aprovecha para estar cerca de sus hermanos y su mamá.

Probablemente con el paso del tiempo “Furruka”, como la llaman sus amigos de carreras, podría darse cuenta que esto no es lo suyo, o que por el contrario es a lo que quiere dedicar gran parte de su vida. Mientras tanto, desde hace un año y sin mayor esfuerzo, esta pequeña se destaca en un deporte que no todos consideran apto para niñas y que incluso algunos califican como peligroso y arriesgado.

Fernanda, ataviada con sus rodilleras, pantalón, faja, casco y guantes, rompe cualquier esquema: se sube a su moto y se transforma en velocidad pura. Tiene sólo nueve años y ya ostenta el segundo lugar en la categoría Infantil experto, pero más que eso, destaca por ser la única niña corriendo en el Motoclub Enduro Guadalajara.

Parece que la pasión viene de familia: el primero en enamorarse de este deporte fue el hermano mayor de Fernanda, Andrés, quien alguna vez corrió en las competencias nacionales con una moto 50 KTM, misma que luego cedió a su hermana y que hoy luce el número 22 y algunos otros detalles en color rosa.

Desafíos en familia

Su condición como la única niña en el club ha significado un reto para Fernanda, que prefiere alejarse un poco de los entrenamientos porque no se siente muy cómoda al estar rodeada sólo de niños, sin embargo, el hecho de tener en casa a una experta facilita un poco las cosas.

Tal vez esta pequeña no entrene mucho, pero las prácticas a lado de su madre, Yaya de Obaldía, motociclista y campeona nacional, la ayudan a prepararse para el próximo reto en el que quizá sea capaz de cruzar la meta en primer lugar y mirar en una línea veloz tras su espalda, a sus compañeros de carrera.

Fernanda puede llegar a ser muy seria y reservada, pero estas características poco se notan cuando se sube a su moto y comienza una nueva aventura. Sabe cuidarse muy bien: no deja que la rebasen, pero sabe rebasar oportunamente, es intrépida y muy audaz, nunca ha sufrido una caída, pese a que éstas pueden llegar a ser comunes en el motociclismo.

La audacia que la caracteriza en la pista parece esfumarse cuando Fernanda está quieta sin su atuendo y junto a su KTM apagada y silenciosa. Entonces, sólo queda a la vista el color rosa de la moto que la deja en evidencia. Aquella escena revela que en medio de todos los niños motociclistas, una intrépida pequeña busca estar entre los mejores.

Con ilusiones de seda y oro

Paco Miramontes, apodado en el argot taurino como “Lagaritjo”, decidió tomar el sendero de la tauromaquia. A su corta edad, Paco ha tenido la fortuna de sentir el andar entre sus piernas a reses bravas, ávidas de carne en el pitón, que únicamente son controladas con dos cosas: cabeza y valor. “Lagartijo” inició su carrera como torero a la edad de siete años, cuando por primera vez supo lo que era pasarse una vaca por el vientre.

Su afición, es prácticamente innata, pues proviene de una familia que ha vivido siempre del toro. “Desde que tengo uso de razón he visto toros; de esto hemos comido siempre mis hermanos y yo”, refiere. A pesar de ello, y de ser hijo del reconocido banderillero tapatío Pablo Miramontes, que por más de 20 años vivió de la fiesta brava, “Lagartijo” asegura que no tuvo incumbencia alguna para elegir esta profesión: “Mi padre, a pesar de amar el arte de torear, jamás me presionó para que fuera torero, él nunca ha influido para que me dedique a esto; lo hago porque me apasiona y es lo que quiero hacer”.

Las primeras enseñanzas surgieron de su padre; aspectos técnicos y básicos, que le sirvieron para desenvolverse en la profesión. Más tarde, hace aproximadamente un año y tres meses, se convirtió en alumno de la Academia Municipal Taurina de Guadalajara, institución que actualmente dirige el matador de toros en retiro Manolo Arruza. Ahí, se ha forjado aún más en su quehacer profesional, hasta llegar al grado de recibir una promesa por parte del presidente del patronato, el ganadero Pablo Moreno, de mandarlo a España a manera de intercambio, para que pueda retroalimentar su técnica del toreo.

Es muy cierto que en la difícil profesión de torero “son muchos los llamados, pero pocos los elegidos”, aún con ello, Paco ha logrado alcanzar importantes triunfos que lo colocan como una pieza clave para la baraja taurina joven de Jalisco. Entre los triunfos más importantes se encuentra su debut, en el que tuvo una excelente actuación, además de lidiar en meses pasados en la plaza de toros El Centenario, de Tlaquepaque, un novillo ya con condiciones más imperantes; peso, trapío y edad, que “Lagartijo” supo afrontar y entender. Asimismo, en su haber ya existe un indulto y un rabo en la espuerta.

Una profesión poco común, en la que, además del esfuerzo, el trabajo mental y físico, se encuentra inmersa la muerte. Ante esto, su padre, Pablo Miramontes comparte: “Veo que la tauromaquia en Paco lo está convirtiendo en un hombre disciplinado. Como torero es una gran satisfacción ver a tu hijo ponerse delante de los animales; como padre, siempre está presente la zozobra de lo que pueda pasar, pero él sabe que cuenta con mi apoyo y que nunca lo forzaré a nada”.

'' Quiero decirle a todos los niños que hagan lo que su corazón les indique; nunca se repriman por nada, y tampoco dejen que su vida gire en torno a lo que los demás quieran que hagan ''
Paco Miramontes, torero.

Movimientos de ensueño

Enrique Bejarano Vidal es una promesa del ballet mexicano, con tan sólo ocho años de edad rompe los esquemas de la excelencia artística en lo que a danza clásica se refiere. La disciplina, el carisma y la pasión por los movimientos corporales, le han valido numerosos reconocimientos internacionales, entre los que destacan el concurso Dance Educators of America, de Estados Unidos, y la puesta francesa Attitude, donde Enrique logró que Jalisco se consagrara con el oro y la plata, respectivamente.

Guiado por la influencia de su hermano mayor Edgar, de 17 años, -también bailarín y estudiante del Centro de Educación Artística (Cedart) José Clemente Orozco-, Enrique se adentró al mundo de la danza a los cinco años en diferentes escuelas, pero fue en la academia de la maestra y coreógrafa Doris Topete Señkowski, donde logró explotar su excepcional talento, convirtiéndose así en el único niño mexicano en conseguir los tan aclamados premios.
Enrique, explica que su gusto por el ballet nace del ambiente sano en el que ahí logra desarrollarse, además de dejar en claro que “el ballet es para todo el mundo y no sólo para niñas”.

Actualmente cursa segundo grado de primaria, pero su sueño como bailarín lo lleva a visualizarse en un futuro -no muy lejano- interpretando alguna pieza en la Ópera Nacional de París, mientras que su ejemplo a seguir es el ruso Mijail Baryshnikov.

Sin embargo, asegura que algunos de sus compañeros del colegio llegan a hacerle comentarios discriminatorios: “Como todos los niños nos echan humillaciones. Yo no les hago caso, me quedo callado”. A pesar de este tipo de situaciones, Enrique no tambalea en seguir su sueño, pues su pensamiento se enfoca en que “el ballet es una responsabilidad”.
Cuando baila asegura que su mente se impregna de un pensamiento optimista y triunfador, “Pienso que soy el mejor”.
A primera vista, Enrique parece un niño normal al que le gusta dibujar y jugar, pero al instante de vestir su traje especial y montarse en el par de zapatillas, se transforma en un mago de movimientos ágiles, firmes y delicados.

Las coreografías que más le gustan son Corsario y Quijote, ya que ambas integran un estilo “fuerte, con pasos extraordinarios como giros y brincos muy altos”. Enrique ensaya tres horas diarias durante seis días a la semana.
Al respecto, Doris Topete ve una genialidad artística impecable, pues “el talento que tiene es extraordinario. Él es único. En la academia tengo la fortuna de tener muchos niños varones, pero como él, no”.


''El ballet significa mucho: algo bonito, arte, experiencia y disciplina''
Enrique Bejarano Vidal,  bailarín de danza clásica.

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