Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | ¿Y para qué perdonar?

Pedir a Dios la gracia de saber perdonar

Perdonar es difícil, interviene la oración humana para transformar la violencia interior

Por: EL INFORMADOR

Porque perdonar es difícil, interviene la oración humana para transformar la violencia interior en una mansedumbre virtuosa.

El gran obispo de Guelia, San Francisco de Sales --cuentan sus biógrafos-- por naturaleza era violento, pero fue siempre manso y amable por actitud virtuosa. Era hombre de profunda oración.

Y además, debemos perdonar siempre. A Pedro le parece demasiado perdonar siete veces --quizá tenía algún compañero insoportable, allí uno de los doce--; mas la respuesta del Maestro Jesús fue tremenda: “se debe perdonar setenta veces siete”, es decir más allá de las cifras, sin cálculo, sin tarifa, sin límites.

¿Y para qué perdonar?

Para alcanzar la paz interior. Quien carga con un rencor lleva por dentro una pesada cadena; cuando perdona, caen hechos añicos uno a uno los eslabones.

Una de las alegrías íntimas para el ser humano que perdona, ha sido el momento de un abrazo, de un apretón de manos, de una sonrisa, algo como el rayo de sol después de días de tempestades.

El perdón es la libertad de los hijos de Dios, es el amor con su cortejo de paz, alegría y serenidad.

Perdonar, también para alcanzar la gracia del perdón de Dios. En la página de San Mateo --meditación de este domingo-- el Señor, con su admirable didáctica que es el recurso de la parábola, se refiere a la ceguera de aquel siervo a quien el Rey le perdonó una deuda grande, y él no fue capaz de perdonar a su compañero que le debía poco dinero. Por ese necio modo de proceder, el rey lo internó en la cárcel hasta pagar su deuda.

La Iglesia es una sociedad en la que nadie está exento de culpa y todos han de saber perdonar. Cuando los discípulos, apenados, le dijeron al Señor que no sabían orar, les enseñó la oración de los hijos al Padre, y la penúltima de las siete peticiones es: “perdona nuestras ofensas”, y agrega: “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. O como en la versión antigua: “Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

¿Cuál es la condición para merecer el perdón? Anda perdona tú primero, y así allanas el camino y tienes cara para alcanzar tú también el perdón.

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